martes, 30 de enero de 2007

La cara oculta de la luna

El próximo 21 de abril, Roger Waters actúa en Barcelona, en el Palau Sant Jordi. Por lo visto va a deleitarnos con su visión particular y actualizada de “The Dark Side of the Moon”. Si hay alguien que aún no sepa de quien hablo, le diré que es el bajo (y no de estatura, precisamente) de Pink Floyd. Si esto también le suena a chino, será mejor que abandone este blog, pues en caso contrario su monitor se autodestruirá en 10 segundos.

Desde antes de la separación del grupo, ha habido dos corrientes diferenciadas: la de los que estaban a favor de este señor, y la de los que lo estaban a favor de David Gilmour (guitarra). Yo nunca me he decantado por ningún bando, pues los dos me caen muy bien y no entro en el juego de quién es más genio. Mención aparte merecerían los incondicionales de Sid Barret, pero abundar sobre todo esto sería entrar en terrenos pantanosos, con grandes posibilidades de herir alguna susceptibilidad.
Otros no se explican cómo es posible que en una banda de este calibre hubiera un batería y un teclista tan mediocres. En mi opinión, el grupo era así y sonaba muy bien con lo que tenía, y tal vez (sólo tal vez) con otros miembros hubiera sonado de otra forma, o quizá se hubiera disuelto antes, o...
Especular es gratis, pero a mí me gustan así. Y el 21 de abril, si no ocurre nada que lo impida, estaré en Barcelona con mi mujer y mi hijo menor (ese sí que, a sus 14 años, es un fanático de los P.F.) para disfrutar de, acaso, la última ocasión de ver en directo en España a un monstruo de ese calibre. Si desean unirse a la fiesta, en Servicaixa aún pueden obtenerse entradas, pero dense prisa, ya no quedan muchas...

domingo, 28 de enero de 2007

Saturnino y Lucas

¿Quién no ha tenido alguna vez de niño algún pollito o patito que le siguiera a todas partes? En una ocasión nos juntamos en casa con dos patitos, uno rubio y otro negro. No recuerdo ahora cómo llegaron a nuestro poder, pero supongo que alguna tía o una de mis abuelas nos regalaría uno a cada uno a mi hermana y a mí, pues mi madre no solía ablandarse ante nuestros insistentes lloros de los sábados por la mañana en el mercado. En aquella época había una serie en TV sobre un patito rubio, que se llamaba Saturnino, y así le pusimos a su igual. El negro se quedó en Lucas, como su famoso tocayo de los dibujos animados. Así, Saturnino y Lucas seguían a sus pequeños dueños por el diminuto patio (la galería) donde jugábamos cuando, por cualquier motivo, no nos dejaban bajar a la calle. Esa era su casa. Ahí comían, ahí jugaban y ahí dormían, arrebujados en cualquier rincón, pues mi madre no dejaba, bajo ningún concepto, que entrasen dentro de la casa. Pero una noche, más fria y húmeda que de costumbre*, tuvo un detalle con los pequeños animales. Los envolvió en una mantita vieja, y los puso encima de una silla, para que no estuvieran en el suelo. Eso sí, en la galería. Al poco llegó mi padre a casa, quien por aquel entonces se traía a veces “deberes” de la fábrica. Algún saco con algunos pares de hormas de madera, y otra bolsa con cortes, que montaba en las hormas después de cenar, escuchando la “Silueta”**. Aún no habríamos empezado a cenar, cuando mi madre, con un presentimiento de esos que sólo tienen ellas, le preguntó a mi padre dónde había dejado los sacos de “faena”. –“Pues donde siempre, en la silla de la galería”. Mi madre salió corriendo a ver si aún se podía hacer algo por nuestros patitos, pero mi hermana ya había comenzado a llorar a moco tendido sin esperar a conocer el resultado, mientras yo le gritaba a mi pobre y asustado padre: ¡asesino, criminal! Muchos años después, cada vez que los sindicatos han hablado de los nefastos efectos de la economía sumergida en Elche, no he podido evitar pensar en Lucas y Saturnino.


* a ese frío húmedo, que cala hasta los huesos, aquí lo llamamos “helor”.
** “Silueta de la ciudad” era un programa de información local, que emitía Radio Elche (EAJ53) todas las noches y que comenzaba y terminaba con el Himno de Elche, que, aunque a muchos les choque, no es el archiconocido y empalagoso “Aromas ilicitanos”.

domingo, 21 de enero de 2007

Artabán - El 4º Rey Mago

No hace muchas noches, me desvelé de madrugada. Me sucede algunas veces, sobre todo cuando está cerca el fin de semana y tengo muchas cosas por hacer. Cuando veo que la situación se alarga, en vez de plantearle batalla al insomnio –lo cual normalmente agrava la cosa- me conecto los auriculares y me pongo a escuchar la radio, hasta que nuevamente caigo en brazos de Morfeo y retomo los sueños por donde los dejé. Casi siempre sintonizo algún programa musical, pero a veces atrapo alguna palabra al vuelo que capta mi atención y descubro cuán curiosos son algunos programas nocturnos. En uno de ellos, contaron la historia que seguidamente les voy a resumir:

¿Han oido hablar alguna vez del cuarto Rey Mago? Pues bien, hay una leyenda –muy popular en el norte de Europa- sobre un cuarto Rey, llamado Artabán, que siempre llegaba tarde a todas partes. El sabio astrónomo/astrólogo (en aquellos tiempos aún iban de la mano la ciencia y la charlatanería) descubre escrutando el cielo nocturno desde su casa en el monte Ushita, la señal tanto tiempo esperada: la estrella que anunciaba al Mesías. Cuando está disponiendo sus cosas para marchar siguiendo el camino que le marca el astro, recibe un mensaje de sus amigos y compañeros de profesión, los magos babilonios Melchor, Gaspar y Baltasar, citándole en la ciudad de Borsippa, para emprender juntos la empresa. Lleno de alegría, escoge sus objetos más preciados como ofrenda para el nuevo Rey: un diamante capaz de anular los efectos del más potente de los venenos, un rubí que disipa las dudas y los temores del espíritu de quien lo porte, y un trozo de jaspe de Chipre, que convierte a su poseedor en el más brillante de los oradores. Sin más dilación se pone en camino y, cuando ya está llegando a Borsippa, oye unos lamentos y una débil voz que pide socorro. Entre unos matorrales descubre a un pobre hombre, casi desnudo y que ha sido apaleado sin piedad. Cuando por fin reacciona a los cuidados proporcionados por Artabán, el hombre le explica que es un comerciante a quien unos ladrones han robado y vapuleado, abandonándole al darle por muerto. Llevaba todo su patrimonio consigo y ha quedado en la más absoluta de las miserias, debiendo además, parte de las mercancías que portaba. Nuestro protagonista se apiada de él y le regala el valioso diamante, con el que el comerciante podrá rehacer su vida. Cuando, tras este imprevisto, llega a la ciudad, se encuentra con que no hay nadie esperándole, tan sólo un mensaje en las ruinas del templo erigido tiempo atrás en honor del dios Nabu. El pergamino dice: “Te hemos esperado largo tiempo, pero no podemos aplazar más nuestra partida. Sigue las huellas de nuestra caravana en el desierto. Que la estrella te guíe”. Sabedor de lo peligroso que es afrontar la travesía del desierto en soledad, en un desesperado intento por alcanzar a la comitiva que le precede, espolea a su caballo hasta la muerte, teniendo que proseguir su viaje a pie. Camina de noche, guiado por la estrella y descansa de día. Cuando por fin llega a Belén, después de incontables calamidades, no encuentra a sus amigos ni al niño motivo de su largo viaje, pero sí a otros que están siendo masacrados siguiendo órdenes del Rey Herodes. Horrorizado por tanta crueldad, aún llega a tiempo de parar el brazo de un soldado, a quien ofrece el valioso rubí a cambio de que perdone la vida del infante. Un capitán de la guardia del rey, que lo ha visto todo, ordena su detención y es encarcelado en las mazmorras del palacio en Jerusalén. Allí permanecerá durante más de 30 años, sufriendo todo tipo de vejaciones y manteniendo a duras penas la cordura. Hasta allí le han llegado los rumores sobre un galileo que dicen que sana a los enfermos y se autoproclama hijo de Dios. En los escasos momentos de lucidez de que dispone, escribe cartas al Procurador de Judea (Poncio Pilatos), explicándole su situación, hasta que al fin una llega a su destino y nuestro viejo sabio es indultado. En la calle, mientras sus viejos y cansados ojos se acostumbran de nuevo a la luz, oye a la multitud que se dirige al Gólgota, donde van a ajusticiar, dicen, a un falso profeta. Arrastrado por el gentío, llega sin darse cuenta hasta una plaza, donde están subastando a una esclava tan joven y bella, que Artabán se apiada en el acto de ella y ofrece para su rescate el trocito de jaspe que ha guardado durante todo este tiempo (la leyenda no dice dónde). Aún no ha terminado la jover de agradecerle su bello gesto cuando, de pronto, el cielo se oscurece, la tierra tiembla con violencia, partiendo en dos el templo y abriendo los sepulcros. Una de las piedras va a caer, cómo no, en la cabeza de nuestro viejo amigo, quien en medio de la agonía, ve una figura envuelta en luz que se le acerca. Es un hombre cuyo rostro irradia bondad, de la misma edad que Artabán tenía cuando descubrió la brillante señal en el cielo, inicio de sus aventuras y desventuras. Artabán, reconociéndole, avergonzado le dice: “Perdóname, pues no he sabido conservar ninguna de las ofrendas que para ti traía”. El hombre le responde: “Tuve hambre y me alimentaste, tuve sed y la saciaste, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste”. Artabán, perplejo, exclama: “¿Cuándo hice yo todo eso que decís?”. “Todo cuanto hiciste por tus hermanos, lo hiciste por mí”, fue la respuesta. Y nuestro cuarto Rey Mago emprendió un nuevo viaje, esta vez más tranquilo, para reunirse con la estrella, que más de 30 años atrás, le señaló el camino de Belén.

FIN.

Navarra - 2ª parte

Como ya dije en un post anterior, estas pasadas navidades estuvimos en Estella. La verdad es que, por su situación, es un lugar ideal como punto de partida para excursiones de todo tipo. La Rioja está a un paso (la alavesa también) y en un día tuvimos tiempo de acercarnos hasta San Millán de la Cogolla, donde visitamos –con guía y sin las aglomeraciones típicas del verano- los monasterios de Suso y Yuso, cuna del castellano -y del euskera-. Después de comer nos encaminamos hacia Elciego, para ver las famosas bodegas diseñadas por Frank Gehry, pero el acceso sólo está permitido con cita previa –que supongo hay que pedir con bastante antelación- y el vigilante apostado en la puerta del recinto se encargó de informarnos sobre ello, al mismo tiempo que nos señalaba amablemente el camino de salida. De allí fuimos a Laguardia, ciudad amurallada que guarda un tesoro en su iglesia principal: un pórtico policromado del siglo XIV, único en el mundo, pues conserva aún la 2ª mano de pintura que le dieron en el XVII gracias a que se construyó otro segundo pórtico para protegerlo. Parece ser –y me enteré allí- que todos los pórticos de catedrales e iglesias eran pintados, pero las inclemencias del tiempo se han encargado de no dejar ni rastro de esa policromía, dejándonos las piedras “peladas” tal y como las vemos ahora.

Pero no todo va a ser cultura, y en Estella, para reponer fuerzas, aún llegamos a tiempo de meternos, entre pecho y espalda, unos cojonudos*: una rebanadita de pan con jamón serrano, un huevo de codorniz frito y tomate muy picante por encima. Todo ello regado con buen vino del país. Mmmmmm...


* Creo que se llaman así porque vienen cojonudos para los 7 y 8 grados bajo cero que soportamos esos días.

domingo, 14 de enero de 2007

Los Reyes Magos

Nací en una familia humilde, en una casa humilde de un barrio humilde. Los Reyes Magos casi nunca me trajeron lo que les pedía, pero todos los años, mi hermana y yo los esperábamos con la misma ilusión. Recuerdo que por la noche nos acostábamos pronto, no sin antes dejar unos trocitos de turrón y una copita de “mesclaet”* para sus majestades, por si venían con hambre (que era casi siempre). Nos tapábamos hasta las orejas, teniendo la precaución, eso sí, de dejar fuera la cara con nuestra expresión más angelical. Pese al nerviosismo, o tal vez por ello, caíamos rendidos en seguida. A la mañana siguiente, con las primeras luces, nos asomábamos, sin atrevernos a salir de las camas, a ver si distinguíamos algún bulto sospechoso en el comedor, aún a oscuras, o en el pequeño trozo que podíamos vislumbrar de la habitación de nuestros padres, donde teníamos vetada la entrada hasta una hora prudente (las 9 o así). Los minutos se nos antojaban horas, así que, movidos por la impaciencia, echábamos a suertes quién iba a hacer de explorador. En aquella época debía tener yo mucha suerte, pues casi siempre le tocaba a mi hermana, pues no creo que tuviera nada que ver el que yo fuese el mayor y el más fuerte de los dos. Así que, reptando por el pasillo, esquivando las baldosas sueltas que pudiesen delatarla, se acercaba sigilosamente hasta su destino, volviendo rápidamente en cuanto hacía algún descubrimiento. El siguiente paso era hacer el mismo recorrido, pero esta vez conmigo a su lado. Desde la entrada de la habitación de mis padres, protegidos por el voluminoso ropero, veíamos por debajo de la cama, nuestro destino al otro lado de la misma. Finalmente, hartos de escuchar nuestros cuchicheos, nuestros padres daban señales de vida, lo cual era la señal para que, temblando de la emoción nos pusiéramos en pie y dijésemos a grito pelado: ¡Papá, mamá, han venido los reyes!



* el mesclaet era una bebida muy consumida en las fechas navideñas para acompañar al turrón, mazapanes, coquitos, almendrados, mantecados, etc. y se componía de moscatel (o vino dulce) y brandy, siendo la proporción de estos al gusto del consumidor. En mi casa se hacía con 3 partes de moscatel y una de brandy (que aquí siempre hemos llamado coñac)

Tropecé de nuevo con la misma piedra

Estas navidades hemos estado, invitados por unos amigos, en Navarra, concretamente en Estella. Ya habíamos estado en el viejo reino hace doce o trece años –no en esa ciudad-, pero la verdad es que redescubrir un lugar con alguien del terreno es mucho más interesante. Aunque sólo estuvimos tres días, pues la salud de mi padre empeoró repentinamente y tuvimos que volver antes de lo previsto, encontramos un hueco para revisitar un sitio que me dejó marcado en nuestro anterior viaje por su belleza y por la dureza de sus rocas (que le pregunten si no a mi rabadilla y a mi viejo y fiel objetivo Tanrom, que aún aguantó el tipo durante algunos años más). Es éste el nacedero del Río Urederra, en la Sierra de Urbasa. Y esta es la foto que tomé, en pleno mes de agosto:

Conseguirla me costó un buen golpe en el trasero y un pequeño desperfecto en el filtro del objetivo que antes mencioné. Doce años después, volví a encontrarme con el nacedero y con las rocas que lo rodean y protegen, cuya solidez pude poner a prueba nuevamente, esta vez con mi rodilla izquierda, que aún se resiente del golpe –los años no pasan en balde-. Todo para conseguir esta otra foto, que no es ni mucho menos mejor que la anterior:


Pero el paseo es totalmente recomendable si alguna vez visitan la zona, pero eso sí, vayan con cuidado, pues en algunas épocas del año, o en caso de lluvia, las piedras son muy, pero que muy resbaladizas.

lunes, 1 de enero de 2007

Sus fotos en Flickr

Algunos de ustedes me han preguntado cómo añadir sus fotos sobre Elche en el banner o banderola que aparece a la derecha de estos textos. Es muy fácil. Primero de todo, evidentemente, han de crearse una cuenta en Flickr en la siguiente dirección: http://flickr.com/
A partir de ese momento, aunque la página esté en inglés, subir sus fotos es un juego de niños. Está todo muy bien guiado y la página les ofrece luego la posibilidad de organizarlas por temas, añadirlas a grupos ya creados y/o crear uno nuevo que no exista. En el caso que nos ocupa, deberán buscar el grupo Elche/Elx (Spain) y añadirlas sin más. Me pareció muy raro que a estas alturas aún no hubiera un grupo sobre nuestra querida y vieja ciudad, así que me apresuré a crearlo. Añadan sus fotos sin miedo. Considero que es una excelente oportunidad de dar a conocer nuestro pueblo desde nuestro punto de vista particular ¿no les parece?
Y si no se aclaran, aquí estoy para lo que necesiten. ¡Salud para todos!

Feliz Baño Nuevo

Esto que viene a continuación es una colaboración que escribí para la página web -especializada en natación- de un amigo: http://www.nadador.tk/, por añadir un toque de humor entre tanta técnica y buenos consejos. Espero que les guste. Feliz Baño Nuevo a todos.


DECÁLOGO DE ESCAQUEO ACUÁTICO

Los que asistimos a piscinas dos o tres veces por semana a recibir clases de natación, tenemos en ocasiones días que podríamos definir como “de pocas ganas de nadar”. Como el sentido de la responsabilidad en unos casos, y la presencia amenazadora de madre/padre/hermana mayor, etc. en otros, nos impide el “fumarnos” la clase, he aquí algunos consejos para, una vez dentro del agua, hacer más llevadera y descansada la misma. Para simplificar, supondremos que quien te acompaña es tu madre, que además te ve desde fuera y que tienes monitor y no monitora como te gustaría (si eres chico hetero). Estas son las recomendaciones:

1. Investigación. Averigua cuales son las aficiones del monitor y aprovecha las pausas en que os da instrucciones para introducir inocentemente una pregunta u observación interesante sobre su tema favorito. Normalmente, puedes arañar algún minutillo de descanso.
2. ¡Me entra agua en las gafas! Si además eres miope, puedes exagerarlo para que un compañero/a o el propio “moni” te ajuste las gomas. En el peor de los casos, otro minuto de respiro no te lo quita nadie.
3. El más guay. Sé el más servicial de los compañeros. Si lo anterior le pasa a otro, ¡que no se adelante nadie en ayudarle! Además, tu madre, que te está viendo desde fuera, verá que eres una persona solidaria.
4. El trago. Hay veces que sin querer se te va algún traguillo por el lado que no es. Como ya conoces lo que pasa y es fácil de simular, pues adelante. Éste además tiene la ventaja que lo puedes repetir dos o tres veces en la misma clase: ¡jolín, que torpe estoy hoy! No sé qué me pasa...
5. La rampa. Una variante del anterior a la que también puedes sacar mucho jugo: estiramientos, etc. El tiempo de recuperación después de una falsa rampa es inversamente proporcional a la mirada asesina que te está echando tu madre desde detrás del cristal.
6. De buen rollito. Ten siempre algún buen chiste en la recámara y no lo alargues innecesariamente. Mejor dos chistes cortos que uno muy largo. Esto lo puedes combinar con comentarios graciosos al final de cada serie. Por ejemplo: “he cogido el churro al revés”, “mi pull no funciona”, “déjame tu tabla que corre más que ésta”, “si veis algo flotando es mi hígado”, etc.
7. Las náuseas. Después de una serie larga, de esas que las bolas de los ojos te bailan solas dentro de las gafas, cuando recuperes el aliento dile al monitor que tienes ganas de vomitar. Has merendado/almorzado mucho y se ve que algo te ha sentado mal. Vas a salirte un poco por si acaso. Pon cara de asco para preocupar también un poco a tu madre y vuelve al agua no antes de 5 minutos. Pero vuelve, que vean que hay voluntad.
8. ¡Que me meo encima! Sobran los comentarios. ¡Ah! y una colleja a la salida no te la quita nadie.
9. El cocodrilo. También conocido como “el hipopótamo”. La técnica consiste en camuflarse sumergido al final de la piscina asomando únicamente los ojos y la nariz. La nariz para no ahogarte y los ojos para no perder de vista al monitor. El borde de la piscina te ocultará de los que miran desde fuera (sobre todo de tu madre, claro).
10. El jueguecito. Propón al monitor algún juego en que podáis participar todos. Si está por la labor, podéis pasar todos una clase de lo más agradable. Pero ¡ojo!, sin darte cuenta acabarás más cansado que si hubieras nadado normalmente. Eso sí, la clase se te pasará en un pis-pas.

Espero que todos estos consejos te sirvan de ayuda. Hay muchos más, pero la lista sería interminable. Recuerda que tampoco es conveniente abusar, a menos que quieras ampliar tu colección de sopapos. No olvides que tu madre te conoce como si te hubiera parido. Y el monitor acabará por no perderte de vista...

El juez de la horca

Sadam Hussein ha muerto. Mejor dicho, le han “muerto”. La semana pasada murió un dictador, y ésta han ejecutado a otro. Si no me alegré de una, mucho menos lo hago de ésta. Desde el punto de vista humano, creo que no es buena solución quitar la vida a nadie, por muchas que haya quitado él, al igual que no podemos acabar con el canibalismo comiéndonos a los caníbales. Y desde el punto de vista práctico, no creo que su muerte vaya a solucionar ningún problema de los que la salvadora coalición de las Azores ha llevado a Iraq, sino todo lo contrario. Pero claro, esperar comportamientos sensatos de las cabezas pensantes que rigen nuestros destinos es mucho pedir. Su lógica aplastante ha provocado que hoy día, todo Oriente Medio –no sólo Iraq- sea una bomba de relojeria (Irán, Palestina) que puede estallar en cualquier momento. ¿O era esto lo que buscaban?