domingo, 21 de enero de 2007

Artabán - El 4º Rey Mago

No hace muchas noches, me desvelé de madrugada. Me sucede algunas veces, sobre todo cuando está cerca el fin de semana y tengo muchas cosas por hacer. Cuando veo que la situación se alarga, en vez de plantearle batalla al insomnio –lo cual normalmente agrava la cosa- me conecto los auriculares y me pongo a escuchar la radio, hasta que nuevamente caigo en brazos de Morfeo y retomo los sueños por donde los dejé. Casi siempre sintonizo algún programa musical, pero a veces atrapo alguna palabra al vuelo que capta mi atención y descubro cuán curiosos son algunos programas nocturnos. En uno de ellos, contaron la historia que seguidamente les voy a resumir:

¿Han oido hablar alguna vez del cuarto Rey Mago? Pues bien, hay una leyenda –muy popular en el norte de Europa- sobre un cuarto Rey, llamado Artabán, que siempre llegaba tarde a todas partes. El sabio astrónomo/astrólogo (en aquellos tiempos aún iban de la mano la ciencia y la charlatanería) descubre escrutando el cielo nocturno desde su casa en el monte Ushita, la señal tanto tiempo esperada: la estrella que anunciaba al Mesías. Cuando está disponiendo sus cosas para marchar siguiendo el camino que le marca el astro, recibe un mensaje de sus amigos y compañeros de profesión, los magos babilonios Melchor, Gaspar y Baltasar, citándole en la ciudad de Borsippa, para emprender juntos la empresa. Lleno de alegría, escoge sus objetos más preciados como ofrenda para el nuevo Rey: un diamante capaz de anular los efectos del más potente de los venenos, un rubí que disipa las dudas y los temores del espíritu de quien lo porte, y un trozo de jaspe de Chipre, que convierte a su poseedor en el más brillante de los oradores. Sin más dilación se pone en camino y, cuando ya está llegando a Borsippa, oye unos lamentos y una débil voz que pide socorro. Entre unos matorrales descubre a un pobre hombre, casi desnudo y que ha sido apaleado sin piedad. Cuando por fin reacciona a los cuidados proporcionados por Artabán, el hombre le explica que es un comerciante a quien unos ladrones han robado y vapuleado, abandonándole al darle por muerto. Llevaba todo su patrimonio consigo y ha quedado en la más absoluta de las miserias, debiendo además, parte de las mercancías que portaba. Nuestro protagonista se apiada de él y le regala el valioso diamante, con el que el comerciante podrá rehacer su vida. Cuando, tras este imprevisto, llega a la ciudad, se encuentra con que no hay nadie esperándole, tan sólo un mensaje en las ruinas del templo erigido tiempo atrás en honor del dios Nabu. El pergamino dice: “Te hemos esperado largo tiempo, pero no podemos aplazar más nuestra partida. Sigue las huellas de nuestra caravana en el desierto. Que la estrella te guíe”. Sabedor de lo peligroso que es afrontar la travesía del desierto en soledad, en un desesperado intento por alcanzar a la comitiva que le precede, espolea a su caballo hasta la muerte, teniendo que proseguir su viaje a pie. Camina de noche, guiado por la estrella y descansa de día. Cuando por fin llega a Belén, después de incontables calamidades, no encuentra a sus amigos ni al niño motivo de su largo viaje, pero sí a otros que están siendo masacrados siguiendo órdenes del Rey Herodes. Horrorizado por tanta crueldad, aún llega a tiempo de parar el brazo de un soldado, a quien ofrece el valioso rubí a cambio de que perdone la vida del infante. Un capitán de la guardia del rey, que lo ha visto todo, ordena su detención y es encarcelado en las mazmorras del palacio en Jerusalén. Allí permanecerá durante más de 30 años, sufriendo todo tipo de vejaciones y manteniendo a duras penas la cordura. Hasta allí le han llegado los rumores sobre un galileo que dicen que sana a los enfermos y se autoproclama hijo de Dios. En los escasos momentos de lucidez de que dispone, escribe cartas al Procurador de Judea (Poncio Pilatos), explicándole su situación, hasta que al fin una llega a su destino y nuestro viejo sabio es indultado. En la calle, mientras sus viejos y cansados ojos se acostumbran de nuevo a la luz, oye a la multitud que se dirige al Gólgota, donde van a ajusticiar, dicen, a un falso profeta. Arrastrado por el gentío, llega sin darse cuenta hasta una plaza, donde están subastando a una esclava tan joven y bella, que Artabán se apiada en el acto de ella y ofrece para su rescate el trocito de jaspe que ha guardado durante todo este tiempo (la leyenda no dice dónde). Aún no ha terminado la jover de agradecerle su bello gesto cuando, de pronto, el cielo se oscurece, la tierra tiembla con violencia, partiendo en dos el templo y abriendo los sepulcros. Una de las piedras va a caer, cómo no, en la cabeza de nuestro viejo amigo, quien en medio de la agonía, ve una figura envuelta en luz que se le acerca. Es un hombre cuyo rostro irradia bondad, de la misma edad que Artabán tenía cuando descubrió la brillante señal en el cielo, inicio de sus aventuras y desventuras. Artabán, reconociéndole, avergonzado le dice: “Perdóname, pues no he sabido conservar ninguna de las ofrendas que para ti traía”. El hombre le responde: “Tuve hambre y me alimentaste, tuve sed y la saciaste, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste”. Artabán, perplejo, exclama: “¿Cuándo hice yo todo eso que decís?”. “Todo cuanto hiciste por tus hermanos, lo hiciste por mí”, fue la respuesta. Y nuestro cuarto Rey Mago emprendió un nuevo viaje, esta vez más tranquilo, para reunirse con la estrella, que más de 30 años atrás, le señaló el camino de Belén.

FIN.

5 comentarios:

Pericles dijo...

Que tierno que te veo, mi querido amigo Pejiguera.Si te interesa el cuento de Artabán, puedes encontrar en la web una bonita adapatación teatral del escritor granadino Antonio Perez Funes. Lo encontraras con que escribas su nombre en el buscador.
Nonanem.

pejiguera dijo...

Cierto es, amigo Pericles, que últimamente ando más tierno que de costumbre. Pero no te preocupes, que sigo teniendo el colmillo afilado. :-)

En cuanto a Pérez Funes, ya estuve leyendo su cuento, pero mucho más interesante me pareció su vida real, muy bien resumida en esa misma página por su homenajeador. Las cosas del regimen (que no de la dieta)...

Carlitos dijo...

Muy interesante la historia, que confieso no conocía.

Un detallito. No estoy nada de acuerdo con eso de llamar "ciencia" a la astronomía y "charlatanería" a la astrología. Pero bueno, no sé si es tu opinión o si copiaste el texto de algún lado.
En fin, eso.

Abrazo,

Carlitos

pejiguera dijo...

Es mi opinión, Carlitos, y como tal, puede estar equivocada (aunque en este caso no creo). ;-)

Ese tema daría para un nuevo post, pues tiene miga. Me comprometo a retomarlo otro día, cuando tenga el espíritu más guerrero.

Carlitos dijo...

Recojo el guante entonces, y esperaré el post siguiente. Abrazo,