domingo, 14 de enero de 2007

Los Reyes Magos

Nací en una familia humilde, en una casa humilde de un barrio humilde. Los Reyes Magos casi nunca me trajeron lo que les pedía, pero todos los años, mi hermana y yo los esperábamos con la misma ilusión. Recuerdo que por la noche nos acostábamos pronto, no sin antes dejar unos trocitos de turrón y una copita de “mesclaet”* para sus majestades, por si venían con hambre (que era casi siempre). Nos tapábamos hasta las orejas, teniendo la precaución, eso sí, de dejar fuera la cara con nuestra expresión más angelical. Pese al nerviosismo, o tal vez por ello, caíamos rendidos en seguida. A la mañana siguiente, con las primeras luces, nos asomábamos, sin atrevernos a salir de las camas, a ver si distinguíamos algún bulto sospechoso en el comedor, aún a oscuras, o en el pequeño trozo que podíamos vislumbrar de la habitación de nuestros padres, donde teníamos vetada la entrada hasta una hora prudente (las 9 o así). Los minutos se nos antojaban horas, así que, movidos por la impaciencia, echábamos a suertes quién iba a hacer de explorador. En aquella época debía tener yo mucha suerte, pues casi siempre le tocaba a mi hermana, pues no creo que tuviera nada que ver el que yo fuese el mayor y el más fuerte de los dos. Así que, reptando por el pasillo, esquivando las baldosas sueltas que pudiesen delatarla, se acercaba sigilosamente hasta su destino, volviendo rápidamente en cuanto hacía algún descubrimiento. El siguiente paso era hacer el mismo recorrido, pero esta vez conmigo a su lado. Desde la entrada de la habitación de mis padres, protegidos por el voluminoso ropero, veíamos por debajo de la cama, nuestro destino al otro lado de la misma. Finalmente, hartos de escuchar nuestros cuchicheos, nuestros padres daban señales de vida, lo cual era la señal para que, temblando de la emoción nos pusiéramos en pie y dijésemos a grito pelado: ¡Papá, mamá, han venido los reyes!



* el mesclaet era una bebida muy consumida en las fechas navideñas para acompañar al turrón, mazapanes, coquitos, almendrados, mantecados, etc. y se componía de moscatel (o vino dulce) y brandy, siendo la proporción de estos al gusto del consumidor. En mi casa se hacía con 3 partes de moscatel y una de brandy (que aquí siempre hemos llamado coñac)

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Como se puede reflejar tan bien, lo que se siente cuando se es niño en la noche de Reyes... lo has conseguido. Reconozco, que a mí personalmente, me faltaba el hermano al lado (pero pq ya eran creciditos)sin embargo, es fácil identificarse con esa historia. Me gusta como la has detallado y la has desarrollado, y mira que sabía el final.

pejiguera dijo...

Gracias, anónima por tus palabras de aliento. ;-)

Todos seguimos llevando dentro al niño que fuimos (unos más que otros), pero si escribo así sobre mi niñez es porque recuerdo esa etapa de mi vida con mucho cariño. Me alegro de que te guste, porque tengo pensado reincidir en este tema.

Anónimo dijo...

Hola

Anónimo dijo...

Vaja colocones que se cogían sus majestades en la noche de autos. Mi hermano, y yo, asesorados por mi padre, les dejabamos la siguiente barra libre:
-Una copa de anís del mono para Baltasar (Y digo yo,lo del mono sería racismo o republicanismo paterno?).
-Una copa de moscatel para Melchor. (ésta seguro que se la trasegaba mi madre).
-Otra de veterano para Gaspar.

Todo esto se acompañaba con turrón del duro-joder! que duro que estaba entonces-, mazapán y mantecados.
-Y para los pajes?, decíamos.
-Los pajes no beben, contestaban a coro los padres.

El único testimonio que quedaba al día siguiente eran unos pelos de camello que posteriormente adorabamos con veneración. Sobre los regalos, que te voy a decir. Yo pensaba que me traían los regalos de otro niño, porque no daban ni una.
En fín, me voy a estudiar, que ya tengo exámenes. Se despide Pericles, NONANEM.

pejiguera dijo...

Bienvenido seas, Pericles. Y a ver si te prodigas más (con el permiso de los exámenes).

¡Suerte!

Carlitos dijo...

Muy linda la entrada, Peji. ¡Sigue así!

En mi casa, de idelogías anarco-judío-comunistas, a pesar de todo los reyes llegaban el 6 de enero. Les dejábamos lechuga y agua para los camellos, ya que venían cansados del desierto.

¿Y por qué no algo más sustancioso? Quizás porque en enero en Buenos Aires podrían hacer tranquilamente 36 grados a la sombra...!

Abrazo,

Carlitos

pejiguera dijo...

Estaban a dieta los reyes, ja ja. Habría que preguntarle a Dª Beatriz sobre eso.