martes, 27 de febrero de 2007

Pérdidas

Este mes de febrero han abandonado este mundo dos personas de esas que, sin conocerlas, te caen simpáticas. Además, he de reconocer que no sabía nada de ellas hasta que leí la noticia de su muerte. Una de ellas era Robert Adler, uno de los inventores del mando a distancia. Creo que no hace falta destacar la importancia de este invento, que tantos “viajes” nos ha ahorrado a todos. Intenten imaginar el hacer zapping hoy en día sin este aparatito. Si –cuando se queda sin pilas- hasta somos capaces de abrir todos los otros que tenemos encima de la mesa, para ver si alguno las tiene del mismo tipo y cambiarlas, con tal de no levantarnos... Murió el día 15, a los 93 años, en un geriátrico.

Justo una semana antes murió Alejandro Campos, más conocido por “Alejandro Finisterre”. ¿Que cuál fue el invento de este hombre? Les daré una pista: “el que pierda, paga”. ¿Aún no? ¡Venga hombre! Que no hace tanto estaba usted tirando escupitajos en el hierro para que deslizara bien en sus guías. Y escuchando el sonido de las bolas cayendo por la rampa del cajetín. ¡Pues claaaaro, el futbolín! Aún me escuece el callo de la base de los dedos cuando recuerdo las tardes del fin de semana con los amigos, ejercitando los reflejos y haciendo sed para las jarras de cerveza del bar Sabuco.

¡Brindo en su memoria!

domingo, 25 de febrero de 2007

De natación y otras cosas

Y para evitar “pelusas” familiares, ahora tengo que decir que ayer sábado, mi hijo participó en una competición social en la piscina del pabellón “Esperanza Lag”, promovida por el “Elche Club de Natación” entre sus alumnos. Los niños pudieron inscribirse en cuantas pruebas quisieron participar (croll, braza, espalda, etc.) e incluso hubo una final para los padres que se quisieran apuntar a la fiesta.


En la salida de la prueba de croll

Como colofón, hubo entrega de medallas a todos los participantes y un vale para la cafetería del pabellón, canjeable por un bocadillo y una bebida.



Aquí mi hijo, feliz con la medalla, después del bocadillo.

A mí me habría gustado participar, pero hubo un cúmulo de conjunciones astrales que lo impidieron. A saber:

1. A mi mujer se le olvidó inscribirme
2. Casualmente, el día anterior me llamó mi ex-monitor de natación y buen amigo Carlos, para quedar, cita ésta que llevábamos posponiendo por distintos motivos más de un año. Cuando le dije lo de la competición, se apuntó de inmediato, pero como en la grada hacía un calor insoportable -33 grados- y no íbamos vestidos para la ocasión, la vimos desde las ventanas de la cantina. No hace falta decir que invertimos el orden –valga la redundancia- de la orden del día: primero nos comimos el bocadillo y nos bebimos la bebida y luego entramos a la piscina (a la grada para ser más exactos) para hacer la digestión y alguna foto del evento, que para eso me había llevado la cámara.
3. La piscina del pabellón me daba pánico, más por la profundidad que por la longitud. Y digo “daba” porque ahora que la he visto, pienso que no es tan fiera como la pintaban, así que algún sábado de estos iré a ver qué tal se nada allí, y el año que viene... Qué quieren que le haga, después de 6 años nadando tres veces por semana, las profundidades aún me infunden un profundo respeto.

He de decir, para terminar, que todos los niños salieron contentísimos y los padres sudadísimos, no así las madres, porque como son las que los acompañan habitualmente, ya iban preparadas con ropa adecuada para la sauna de la grada (pero olvidaron avisarnos ¿saben?). Finalmente añadiré que los bocadillos fueron –en mi opinión- una castaña, y que la cerveza, con nombre de ave rapaz, le iba a la par (no se pueden citar marcas, porque si no diría que era El Águila).

De bichos y demás

Aunque no lo crean, tengo una hija estudiando 5º de Periodismo. ¿Se han repuesto ya de la sorpresa? Entonces prosigo. En una de sus asignaturas le han puesto como trabajo –con nota- el crear y mantener dos blogs, uno a título personal y otro compartido con otros compañeros. Hasta donde yo sé, el primero de ellos ya está funcionando. En su primer artículo ha puesto un enlace a esta página, así que creo que es mi deber de padre y de internauta corresponderle el detalle. En Pulgadas –así se llama su blog-, va a intentar demostrarnos todo lo que ha aprendido en estos años, tanto en la facultad como fuera de ella. Desde aquí le deseo mucha suerte, aunque creo que no la va a necesitar.

martes, 20 de febrero de 2007

MANIFIESTO

En respuesta a una propuesta de Carlitos Yoder, uno de los dos amigos que participan con sus comentarios en este blog, transcribo a continuación íntegro el manifiesto "Objeciones a la Astrología", proclamado por numerosos científicos en 1976, y promovido en España en 1990 por Javier E. Armentia y Miguel Ángel Sabadell. Fue suscrito por más de 250 científicos de nuestro país.

OBJECIONES A LA ASTROLOGÍA

Científicos de diversos campos estamos preocupados por el incremento en la acogida de la astrología en muchas partes del mundo. Nosotros, los abajo firmantes, -astrónomos, astrofísicos y científicos de otras ramas del saber- queremos prevenir al público sobre la aceptación incondicional de las predicciones y consejos dados privada o públicamente por los astrólogos.

Aquellos que quieran creer en la astrología deberían saber que no existe fundamento científico para su creencia. En la antigüedad las personas creían en las predicciones y consejos de los astrólogos porque la astrología formaba parte de su visión mágica del mundo. Veían los objetos celestes como moradas y presagios de los dioses, y por tanto, íntimamente conectados con los sucesos que ocurrían aquí en la Tierra. No tenían idea de las grandes distancias que nos separan de los planetas y las estrellas. Ahora que estas distancias pueden ser y han sido calculadas, podemos ver lo infinitamente pequeñas que son las influencias gravitacionales y de cualquier otro tipo producidas por los lejanos planetas y las aún más lejanas estrellas. Es simplemente un error imaginar que las fuerzas ejercidas por las estrellas y los planetas en el momento del nacimiento pueden de alguna forma determinar nuestros futuros. Tampoco es verdad que la posición de los objetos celestes haga que ciertos días o periodos del tiempo sean más favorables para emprender algún tipo de acción, tales como negocios, trabajos, viajes..., o que el signo bajo el cual uno ha nacido determine la compatibilidad o incompatibilidad en su relación con otras personas.

¿Por qué cree la gente en la astrología? En esta época de incertidumbres es muy reconfortante tener quien dirija la toma de las propias decisiones. Gusta creer en un destino predeterminado por fuerzas astrales más allá de cualquier control. Sin embargo, somos nosotros los que debemos enfrentarnos al mundo, debemos darnos cuenta que nuestros futuros dependen de nosotros mismos, y no de las estrellas. Imaginábamos, en estos días en que la cultura y la educación se encuentran muy difundidas, que sería innecesario desenmascarar creencias basadas en la magia y la superstición. Con todo, la aceptación de la astrología es cada vez mayor en la sociedad moderna. Estamos especialmente inquietos por la continuada proliferación de cartas astrales, predicciones y horóscopos por los medios de comunicación social tanto visuales como escritos. Esto sólo puede contribuir al crecimiento del irracionalismo y el oscurantismo. Creemos que ha llegado el momento de rechazar vigorosamente las afirmaciones pretenciosas de los astrólogos charlatanes. Es claro que esas personas que continúan teniendo fe en la astrología, lo hacen a pesar de que no hay ninguna base científica para sus creencias, y sí hay una fuerte evidencia de lo contrario.

Sólo añadiré una cosa: no me parece mal que la gente se gane el pan como mejor sepa, pero sí que lo haga a costa de la credulidad/candidez/ignorancia/desesperación (táchese lo que no proceda) de sus semejantes, pues eso se llama TIMO (aunque sea consentido), y ya tenemos bastante con los políticos.

sábado, 17 de febrero de 2007

Cosas de la tele

En otro artículo anterior, mencioné a la televisión. En mi niñez, ésta era en blanco y negro, y sólo había dos canales: la primera cadena, y la segunda -o UHF-, que ahora se llama “La Dos”. Huelga decir que las funciones básicas, como el cambio de canal o el volumen, se accionaban en el mismo aparato, pues el mando a distancia aún no había llegado a nuestro país. Evidentemente, sus funciones las suplíamos mi hermana o yo. No funcionábamos con pilas, si acaso, con alguna colleja cuando nos hacíamos los remolones. Mi hermana menor no pudo disfrutar del honor de compartir tan glorioso cometido con nosotros, pues cuando adquirió la estatura y la pericia suficiente para relevarnos, mi padre compró una nueva TV en color con mando a distancia, con lo que ese disgusto se solapó con aquella alegría. Por esas mismas fechas, una fina pelusilla negra se abría paso en mi labio superior. Pero volvamos a los tiempos del B/N, motivo de este post. Los sábados por la tarde, después de comer, hacían la película. Digo la película porque no había otra en toda la semana (bastante más tarde, pusieron otra los jueves por la noche). Solía ser de uno de los tres géneros que los chicos de mi época teníamos bien diferenciados: de guerra, del oeste o de espadas. Si había muchos besos, se convertía en un rollo, así que aprovechábamos esos momentos para ir al baño, pues los intermedios –como ahora- eran tan cortos y escasos, que no permitían esos menesteres. Si no recuerdo mal, las emisiones se iniciaban a mediodía, con el telediario, y luego de éste se interrumpían hasta las 18:00 aproximadamente, hora en que comenzaba la programación para los pequeños de la casa. El programa estrella era “Antena infantil”, con Valentina, Locomotoro, el Capitán Tan y el Tío Aquiles, que se enfrentaban a los malos –malísimos- Hermanos Malasombra. Esto se complementaba con dibujos animados: el conejo de la suerte (Buggs Bunny), el pato Lucas, Porky Pig, Popeye y muchos otros que disfrutábamos mientras merendábamos. El tiempo que quedaba hasta el telediario de la noche, se rellenaba con programas de diversa índole. Recuerdo uno de ellos que se llamaba “Por tierra, mar y aire” que trataba sobre las bondades del ejército. En serio. Pero el que más me gustaba era uno que se llamaba “Novela” y en el que se dramatizaban, todas las noches y en capítulos de media hora, grandes clásicos de la literatura (El Conde de Montecristo, Crimen y Castigo...) Lo malo es que, de vez en cuando, algún capítulo era de dos rombos y me quedaba sin verlo. Luego, la Familia Telerín nos enviaba a la cama, para poder madrugar y estudiar al día siguiente, y así convertirnos en hombres y mujeres de provecho. ¿O no?

martes, 13 de febrero de 2007

Eclipse

ELCHE. NOVIEMBRE DE 1998.

En una de nuestras habituales reuniones de los sábados por la mañana, los chicos del Grupo Ilicitano de Astronomía (4 ó 5 componentes activos), pensamos que ya es hora de decidir qué vamos a hacer al respecto del eclipse que se nos viene encima. Aunque algunos creen que aún es pronto para empezar a ver cosas, yo, inspirado por la cerveza y los calamares que tengo delante, opino que hay que moverse ya y rápidamente, pues no estamos solos en el mundo. Ya sé que la Astronomía no es una de las aficiones más extendida entre la humanidad y que sus practicantes somos considerados como “bichos raros”, esos de las gafas o la cabeza gorda (en mi caso, las dos cosas), la mayoría de las veces con cara de empollones. Por lo que estoy leyendo en Internet y en revistas especializadas, la gente ya está movilizándose hace bastante tiempo y en mi opinión, no hay tantos sitios donde escoger. La franja de totalidad atraviesa varios países en Centroeuropa y en Asia, pero hay que descartar muchos de ellos por distintas razones (mal tiempo, posible peligro para nuestra integridad física, etc.) Como no nos ponemos de acuerdo ni en ésta, ni en sucesivas reuniones (probamos a cambiar los calamares por patatas bravas, pero tampoco), finalmente decidimos que cada uno vaya adonde prefiera y así las posibilidades de ver el eclipse, como agrupación, aumentan ostensiblemente...


Así empezaba un pequeño relato que escribí con motivo de mi viaje a Hungría para ver el último eclipse total de sol del pasado milenio (agosto de 1999). Si les parece bien, voy a ir publicándolo regularmente en este espacio, pues aparte del interés personal, creo que contiene alguna información que puede resultarles útil. Sus comentarios a favor o en contra serán igualmente bien recibidos. Intentaré también ilustrarlo con alguna foto, para que sea más ameno.

ELCHE 1970 (más o menos)

Mi barrio era un lugar tranquilo, donde todo el mundo se conocía y los niños podíamos jugar tranquilamente en la calle la mayor parte del día –fuera de horas lectivas, claro- hasta bien avanzado éste. Las puertas de las casas estaban casi siempre abiertas de par en par y nunca, salvo en muy contadas ocasiones, se colaba otro “fresco” que el que traía la brisa nocturna, muy escasa y apreciada en aquellas estrechas y empinadas calles próximas al río. El día a día se vivía a un ritmo muy distinto al de ahora, con tranquilidad más que con parsimonia. Aunque se trabajaba hasta el sábado a mediodía, nadie moría por el estrés, ni se sabía qué era eso. En verano, después de cenar, en las casas de planta baja, la gente sacaba sillas y mecedoras a la calle para tomar el fresco y, si se terciaba, para hablar con los vecinos. En algunas casas se acercaba la TV a la puerta (hasta donde diesen de sí los cables) para verla desde fuera. Antes, a la caída del sol, las mujeres habían salido con un cubo de agua a rociar “sus dominios”, es decir, el espacio de acera y de calle que ocupaban las fachadas de sus casas. Esto se hacía por dos motivos: para suavizar la temperatura de las baldosas, y para evitar la “polsaguera” (polvareda) que el paso de cualquier vehículo pudiese levantar*. Esto era bastante improbable por otra parte, porque apenas había coches en el barrio –uno o dos en mi calle- y las motos tampoco se prodigaban mucho. Al no ser lugar de paso habitual, el tráfico que sufríamos era mayormente peatonal, alegrado de uvas a peras por el ring-ring de alguna bicicleta. Para que se hagan una idea, entonces estaba prohibido jugar al fútbol en la calle, proscripción ésta que nos saltábamos a la torera, peeero, muy de vez en cuando, el sonido de una moto interrumpía nuestro juego y provocaba el que escondiésemos la pelota apresuradamente, por si fuese la policía. Cuando el motociclista que bajaba –o subía- por la calle San Pascual, llegaba a la altura de la “replaceta Polo” (nuestro campo de fútbol particular), se encontraba con una fila de niños sudorosos sentados en el bordillo, disimulando. Como he dicho antes, rara vez pasaba una moto por allí, pero además, sólo una de cada tres veces era la de la policía. En teoría, si nos hubiesen pillado alguna vez, nos habrían confiscado la pelota y posiblemente nos hubiésemos llevado algún tirón de orejas, pero, que yo recuerde, eso no llegó a ocurrir nunca.

*Al principio, para delicia nuestra, todo el barrio estaba sin alfastar, lo que nos permitía hacer “guas” para jugar a las canicas sin apenas dificultad.

domingo, 11 de febrero de 2007

San Antón

Hay dos fechas en el año en las que los ilicitanos se echan a los huertos de palmeras -o a los descampados, o al pantano-, a comer coca con o sin sardina, habas tiernas, guisantes, olivas aliñadas, cebollas en vinagre, guindillas, etc. y estas fechas son las de San Antón (patrón de los alpargateros) y San Crispín (patrón de los zapateros). Muy cerca de donde ahora vivo, se celebra la feria y porrate de San Antón. Las atracciones no se ponen en funcionamiento hasta el sábado, pero a lo largo de esa semana han estado los feriantes montándolas, después de sortearse los sitios. El aspecto que presenta la fiesta el domingo es éste:

A primerísima hora de la mañana, los más madrugadores van tomando posiciones y preparando las brasas, donde luego asarán morcillas, longanizas, chorizos, chuletas –de cerdo y de cordero-, sardinas, ajos tiernos, etc., mientras se montan los puestos del porrate donde podrán comprar, aparte de las viandas que he nombrado al principio, todo tipo de utensilios, desde ropa a CD’s, pasando por juguetes, bisutería, amuletos, regalicia (regaliz natural cortado en puritos), gafas de sol, relojes de imitación, bolas de caramelo puro... Por cierto, estas bolas son (y están) buenísimas, sobre todo para las lombrices intestinales, que se ponen gordotas y lustrosas con dos o tres que te comas. Si excedes esta dosis, ya te salen con traje de raya diplomática y hablando idiomas.

En la víspera, poco antes de la medianoche, los festeros del barrio hacen una enorme hoguera junto a la ermita. Cuando el fuego está en pleno apogeo, las llamas superan la altura del campanario, mientras la campana –algo cascada- repica sin cesar. Creo que se turnan, porque se aprecian distintos ritmos. Un año de estos tengo que bajar y hacer alguna foto.