jueves, 1 de marzo de 2007

El carro de la basura

Como ya dije otro día, jugábamos al fútbol en la replaceta Polo. Dejando de lado el hecho de que éramos muy pequeños entonces, creo que han encogido la plaza, porque tengo la impresión de que antes era mucho más grande. Nos daba tiempo hasta de cansarnos. Pues bien, había varios motivos que nos hicieran parar el juego en seco. Uno de ellos era el que ya conté de oir una moto o un coche (por si fuese la policía). Otro, que pasara alguien por el terreno de juego (normalmente un adulto). Y por último, que viniese “el carro de la basura”. Los encargados de avisar eran, generalmente, los porteros –o el portero, si jugábamos a “cada uno que se la repele”-, pues salvo cuando estaban en acción, eran los más indicados para ello. El carro de la basura era un carromato grande, forrado de metal, con tapaderas a ambos lados. Para imaginárselo mejor, piensen en un contenedor de basuras de los de ahora, pero con ruedas. Dos ruedas grandes, de carro, y un caballo delante. Y por si no hubiera bastante con la peste que despedía el carro, el caballo, siempre que paraba donde estábamos jugando, abría un poco las patas traseras y vaciaba su vejiga como si llevase dos días sin hacerlo. Se hacía un charco inmenso, humeante y maloliente, que provocaba a su marcha la suspensión del partido. Y cuando el señorito hacía aguas mayores, las mujeres se apresuraban a salir de sus casas con recogedor y escoba a cosechar los boñigos, pues resultaban un abono ideal y barato (gratis) para sus macetas. Cuando se iba, seguido por una cohorte de moscas y moscardas, dejaba un tufillo espeso, que perduraba un buen rato.

3 comentarios:

Pericles dijo...

¡Joder con el burro de la basura! Se ve que le tenían sin nómina. Por estas tierras mesetarias, la verdad es que lo del burro acabó 50 años antes. De todos modos, el camión de basura que recuerdo debía de ser tan destartalado como el que recorría tu pueblo.
Por cierto, cual es el juego ese de "repelerse"?

P.D. Ni dias para el Rogelio Aguas.

pejiguera dijo...

El camión tardó poco en llegar. Destartalado y ruidoso, pero camión al fin y al cabo. Al igual que el asfalto a las calles, los frigoríficos eléctricos, etc. La verdad es que me tocó vivir una época de transición, si no política, que entonces era impensable, sí a nivel de equipamiento y comodidades. Ya contaré esos "adelantos" en otro post en cuanto tenga un ratito.
En lo referente a lo del juego, más que repelerse era repelarse. "Cada uno que se la repele" era como lo llamábamos nosotros, aunque más adecuado habría sido "cada uno que se la pele" (refiriéndose a la pelota, claro) o "el que marque gol se pone". El caso es que cuando no éramos los bastantes como para formar dos equipos, se ponía uno de portero y el resto jugaba a regatearse entre sí, y el que marcaba gol se cambiaba con el portero. Fíjate que sencillo.

P.D.: el sábado imprimí las entradas en el cajero de La Caixa. ¡¡¡Pero qué ganas tengo, coxones!!!

Pericles dijo...

Ah!, ya se. Aquí esto se llamaba "gol regañao".

Saludos.