domingo, 29 de abril de 2007

El MEME

He recibido un “MEME” de mi hija, desde pulgadas, el cual me parece una MEMEz, pero para que no se diga que soy insolidario, ahí va parte de mi cometido (contestar al cuestionario). La otra mitad -pasarlo a dos incautos más- creo que me la voy a saltar. Nunca me han gustado "las cadenas” (ni en el anís. Siempre he preferido el de “El Mono”, el de más solera. Por cierto, ¿sabían que la cara del mono de las etiquetas es la de un competidor directo, enemigo del propietario?) Y después de este comentario paralelo, vamos al asunto:


1. Te gustaría ver nada más levantarte a: la vaca de Milka al sol, lo cual significaría que estaría en un sitio que me gusta, y además, con buen tiempo.

2. Dejarías que te aconsejase durante un día de compras: Faemino y Cansado ¿se imaginan?

3. Estás en un edificio ardiendo sin posibilidad de pedir ayuda, ¿quién te gustaría ser?: Antorcha

4. Has llegado tarde al trabajo... ¿quién te gustaría que fuera tu jefe?: el conejo de Alicia (perdón), porque él aún llegaría más tarde

5. Vivirías en la casa de: Samantha (Embrujada). Lo mejor para no aburrirse.

6. ¿Qué deporte practicarías y con quién?: Montañismo, con Naranjito (yo iría delante)

7. Hoy estrenas ropa interior... ¿con quién bailarías un tango?: A ver, que venga el psicólogo de guardia. ¿A quién se le ocurren estas preguntas?

8. Un examen sorpresa, no sabes contestar a ninguna pregunta... ¿de quién te copiarías?: ¿De Stevie Urkel?

9. ¿Quién merece un post tuyo?: Los Picapiedra, seguro.

10. Si pudieras elegir ser un personaje de una serie... ¿quién te gustaría ser?: Cualquiera de Verano Azul. Llevan saliendo 30 años por la tele y están igual los “jodíos”. ¿Alguien sabe cuantas veces ha muerto Chanquete?

Yo cambiaría la 7 por ésta: ¿Has estado en otro continente?: Sí, pero ahora se llama Carrefour.

FIN. (Por fin)

Barcelona

Como ya dije dos post más abajo, el pasado fin de semana estuvimos en Barcelona. Con la “excusa” (ja, ja) de ver a Roger Waters (Pink Floyd) en concierto, nos reunimos después de algunos años, viejos amigos –y amigos de amigos-. Todos estos ingredientes, en el bonito recipiente de la Ciudad Condal, han fabricado una receta inolvidable. ¡Qué corto se me hizo el fin de semana! Y eso que nos dejamos un montón de cosas por hacer... Desde el viernes por la noche que bajamos del tren en la estación de Sants, hasta el domingo después de comer que lo volvimos a coger en el mismo lugar, sucedieron un montón de cosas, el CONCIERTO (así, en mayúsculas) entre otras. El sábado por la tarde, después de una corta pero reparadora siesta (para recuperarnos del trasnoche de la víspera), emprendimos tranquilamente nuestro paseo hasta el Palau Sant Jordi. Por el camino, la Plaza de España y el palacio y fuentes de Montjuich. En las cercanías del Palau, compramos dos camisetas para los chavales. No son las oficiales, pero valen 10 euros y tampoco están mal. En la caseta de productos oficiales, junto a la entrada, hay a la venta camisetas (30 €), gorras (20 €), programas de la gira (20€), tazas, y litografías numeradas y firmadas por el Sr. Waters al módico precio de 90 €... Querría haber comprado una camiseta, no lo hice y luego lo lamenté. Esta semana las vi en la web del merchandising de la gira a 33 euros + 9 de gastos de envío, con lo cual aún me arrepentí más. Parece mentira que a mis años aún me pasen estas cosas. Pero bueno, siempre nos quedará el recuerdo. Cuando entramos, lo primero que nos llamó la atención fue el escenario. Había una botella (de espaldas) de Johnny Walker, un vaso medio lleno de wisky y una radio antigua, todo en penumbra. Conforme se acercaba la hora del concierto, comenzó a sonar música de fondo (R&R para amenizar la espera) mientras se iba aclarando todo poco a poco. Hubo un momento en que se vió salir humo en el escenario, como si hubiese un cigarro gigante debajo. Aún faltaban unos minutos, pero el público, ansioso, comenzó a gritar. De pronto, una mano gigante, con un cigarrillo encendido, apareció en escena para girar el dial de la radio. ¡Qué susto! ¡Resulta que el decorado era una pantalla!, pero qué definición. Impresionante. Luego, un guiño al auditorio: en la radio comienza a sonar una canción de Abba y la mano se apresura a cambiar la emisora, entre risas y aplausos. Pues esto, señores, fue el aperitivo del concierto del año. Como luego me dijo alguien, una ocasión así no se puede dejar pasar (aunque no te guste quien toca). Para resumirlo en dos palabras, las tomo prestadas del comentario que me hizo unos días atrás mi amigo Paco: Hito Irrepetible. Yo no lo habría dicho mejor.

jueves, 26 de abril de 2007

¡Feliz Cumple, Mari!


Hoy, 26 de abril, es el cumpleaños de mi hermana mediana, Mari-Merche. Sí, esa que a veces he citado por aquí como la sufridora de algunos de mis desmanes infantiles. Ya en su más tierna infancia tuvo que padecer en su garganta la amenaza de mi puñal de plástico, para pasar a ser, según iba creciendo, conejillo de indias de muchos de mis experimentos. Era casi como la ayudante del mago, esa que se mete en la caja que van a aserrar, la que hacen desaparecer, etc. Así y todo, en cada una de las fotos que tenemos de cuando éramos pequeños, aparecemos juntos y cogidos de la mano como buenos hermanos. En la de la derecha tienen un ejemplo. Siempre quería bajarse conmigo a jugar a la calle, lo cual me disgustaba bastante, porque suponía una rémora para mí, así que casi siempre conseguía escabullirme antes de que mi madre me la endosara. Pero en casa siempre jugábamos juntos y en mi primera aventura automovilística propia, también la tuve sentada a mi lado, pero esa es otra historia, que contaré otro día... Mientras tanto, espero seguir siendo su “tete” por mucho, muuuucho tiempo.

martes, 24 de abril de 2007

The Dark Side of the Moon Live!

Como ya anticipé hace unos meses, el pasado fin de semana hemos estado en Barcelona, con motivo de la visita del Sr. Waters y sus amigos (¡qué amigos, por cierto!), que nos deleitaron con uno de los mejores conciertos que he podido ver –hasta hoy- en directo. Para mi hijo, el mejor sin duda alguna, aunque espero que tenga la ocasión de disfrutar muchos más. Por decirlo con pocas palabras, A-LU-CI-NAN-TE. Aún hoy, tres días después, retumban en mis oídos algunas de las canciones más emblemáticas de la banda, y se me ponen “las carnes de punta” al rememorar algunos de los temas que nunca fueron mis favoritos, y sin embargo consiguieron emocionarme por la perfección con que fueron interpretados. Sólo un pero: el sonido, en mi opinión, falló en ocasiones (sobre todo en el tramo final), aunque tal vez fuese en mi zona nada más. Comentando esto con mi amigo Paco, que se encontraba en un área distinta, me dijo que él también había tenido esa impresión, pero en líneas generales, ambos coincidimos en darle un sobresaliente, al igual que el resto de amigos que, desde distintos puntos de España, coincidimos allí esa noche para disfrutar, tal vez, de la última ocasión de ver en directo al “espíritu artístico”, al "alma" de Pink Floyd. Estoy seguro de que el Sr. Barret, esté donde esté, disfrutará con el emotivo homenaje que le brinda su amigo Waters cada vez que abraza el bajo. Y aunque ya he dicho antes que los músicos son muy buenos, eché de menos a Mr. Gilmour. No quiero ni pensar cómo habría sido además con él encima del escenario (sin quitar a nadie, ¿eh?). Sólo me queda decir, que espero que todos aquellos que estuvieron allí y leen este blog (porque sé que lo leen) dejen su testimonio en forma de comentario, añadiendo y corrigiendo, si fuese necesario, lo que yo he puesto, pues seguro que me he dejado cosas en el tintero. Tal vez dentro de algunos días, ya en frío, escriba una segunda parte. Y a los “felizmente” divorciados del rock, decirles que no les entiendo y que no saben lo que se pierden...

¡Salud para todos!

lunes, 16 de abril de 2007

Eclipse VI

LA VÍSPERA – 1ª parte
Qué sensación más agradable para un astrónomo aficionado, levantarse por la mañana de la víspera de un eclipse total de sol y ver un cielo totalmente despejado y sin nubes. Una alegría casi equiparable a la de levantarse por la mañana del mismo día del eclipse y ver un panorama similar. Desayunamos y cuando estamos preparándonos para salir, recibo la llamada del cliente húngaro que cité antes, al cual tengo que ver para resolver un pequeño problema económico. Quedamos para cenar en su casa en Tihany esa misma noche. Yo ya traía instrucciones de mi jefe para encontrarme a toda costa con él, y suponía que me invitaría a ir a su casa, pero no esperaba que fuera tan pronto. Antes de venir a su país ya había convenido con él en vernos, pero un día o dos antes de volver a España. Esto también nos hace cambiar un poco los planes, pues estamos esperando la llegada de Alberto, un amigo nuestro que decide hacer el viaje por su cuenta y tiene previsto arribar al Balaton esa misma noche, pero a una hora aún indeterminada. Como no conocíamos Budapest, estaba a más de dos horas de camino y estábamos expuestos a retrasos y otras complicaciones, en su día pensamos que lo mejor sería que tomara el primer tren hacia el lago y que nos llamara a su llegada a cualquier estación ribereña para ir a recogerlo. Finalmente decidimos que si llega pronto, se vendrá con nosotros a la cena y si llega más tarde, iremos a recogerlo desde Tihany, a menos que decida ir directamente a Voncyarvashegy. Tranquilamente, nos vamos a Keszthely a ultimar las gestiones que quedaron pendientes de ayer. Buscamos primero la agencia de alquiler del coche, para cumplir con lo prometido. Cuando por fin damos con la dirección, descubrimos que la agencia es una casa particular, con un pequeño letrero en la puerta, en un barrio muy humilde, con gitanillos jugando y correteando desnudos por las calles. Afortunadamente, las apariencias engañan y pese a mis recelos, todo sale estupendamente. Tiene una pseudo-oficina con una máquina electrónica lectora de tarjetas y después de hacerme el cargo, me devuelve el dinero en efectivo que le había dado el día anterior. Volvemos al centro de la ciudad. Una vez comprado el Aután y el Hibitane valiéndonos del comanche, es decir, por señas, nos damos una vuelta por la calle principal. Lo primero que nos encontramos es un mendigo español cantando una canción de Pata Negra con su guitarra. La vía está abarrotada de gente y a un lado y a otro, los comercios exponen sus mercancías en tenderetes callejeros puestos delante mismo de sus escaparates. Nos sorprende la cantidad de ropa deportiva y casual de marca, probablemente falsa, que vemos a la venta. En cuanto a precios, no vemos nada que nos llame excesivamente la atención. Volvemos al coche, y justo al lado de donde lo tenemos aparcado, descubro un local de alterne, y fuera, en una vitrina, están las fotografías de las "señoritas" que trabajan en el tugurio. Las tomas, de pésima calidad, tienen como única pretensión mostrar la mercancía, apreciándose en algunas de las pobres muchachas moratones y algún que otro defecto menor. Pese a lo deprimente de las imágenes, no podemos reprimir una sonrisa, por lo esperpéntico del conjunto y de la idea. Decidimos ir a ver Heviz y su famoso balneario, a escasa distancia de donde estamos. Cuando llegamos, descubrimos una hermosa cola de vehículos para acceder a este último, por lo que decidimos ir a ver el pueblo y si se despeja la cosa, echarle una mirada más tarde al centro termal. Parece que el pueblo en sí es bastante poca cosa, casi como el de Gila. Toda la actividad está centrada en el Balneario y fuera de éste casi no hay nada. Comemos bastante bien y tomamos nuestro primer contacto con el vino húngaro, muy agradable por cierto, y con uno de los numerosos licores autóctonos: el UNICUM. Es éste un destilado de hierbas, con formulación secreta, como otras muchas cosas, que no deja indiferente a quien lo prueba. O gusta, o no gusta. Personalmente, tengo que confesar que es la primera vez en mi vida que no puedo acabar con una bebida alcohólica. El problema no está en la graduación. En mi modesta opinión, parece una medicina con un sabor áspero y desagradable. Vicente, complacido y sonriente, me ayuda a terminarlo después de haber engullido el suyo. Allí descubro que mi teléfono móvil no funciona, por lo que empezamos a especular medio en serio medio en broma, sobre la situación del pobre amigo Alberto, si el artefacto no vuelve a su estado normal. Tras un segundo intento de acercamiento al balneario, igualmente abortado por la larga cola, nos volvemos a casa a dormir un poco. El eclipse es al día siguiente y el nerviosismo, aunque levemente, ya empieza a manifestarse. El cielo sigue totalmente limpio de nubes y las previsiones son excelentes...
CONTINUARÁ...

jueves, 12 de abril de 2007

El "destripador"

Mi afición por “destripar” juguetes me viene desde mi primera infancia. Ya en las fotos de mi primer cumpleaños, aparezco encima de la mesa con la tortada y un pato hinchable. Las familias más acomodadas tenían fotos de todos los cumpleaños de cada hijo –hasta una edad razonable, claro-, pero las que no disponían de tal desahogo, al menos inmortalizaban el primer año de sus retoños. Lo típico era hacer una secuencia de tres o cuatro fotos (se avisaba a un fotógrafo profesional, pues en muy pocas casas se disponía de cámara fotográfica) con este orden:

1º. Niño/a con tortada y juguete
2º. Soplado de vela
3º. El protagonista ya tenía algún utensilio en la mano (cuchara, tenedor, paleta, etc.)
4º. A todo lo anterior se añadía el “enmerengamiento” de nariz y boca del infante por parte de la madre, si no se le había adelantado ya espontáneamente el angelito, con el consiguiente destrozo de la tortada.

Pues bien, en el tercer paso, mi pato ya aparecía sospechosamente fofo, falto de aire, posiblemente por algún involuntario “sopapo” propinado con la herramienta que me habían puesto en la mano.

En otro caso que recuerdo, ya con 3 ó 4 años, mi padre me compró una pelota de goma (supongo que con gran esfuerzo e ilusión por su parte) que duró lo que tardé en ir a la cocina y coger el abrelatas, de los de mango de madera. Aquí lo que aprendí fue que lo que la mantenía dura y la hacía botar, era el aire que contenía antes de que yo la llenara de agujeros. Por esa misma época (tal vez fuera un año o dos más tarde), vino de visita una tía de mi madre que vivía en Francia, y me trajo una avioneta (que funcionaba con cuerda), que movía su hélice mientras avanzaba y cada poco daba una voltereta completa. Creo que está de más decir que a España, o al menos a las jugueterías de Elche, aún no habían llegado esas maravillas, pero a mí lo que me intrigaba era el mecanismo que la hacía voltearse de esa forma, así que provisto de destornillador, y mientras mi madre hablaba con la visita, procedí al completo desmontaje del aparatito en la galería, con lo que conseguí dos cosas: quedarme sin avioneta y llevarme una colleja “king size”, que no fue acompañada con la correspondiente guarnición de zapatilla gracias a la intercesión de la Tía Patro, que, muerta de risa –menos mal-, murmuraba algo de que me parecía a “nosequién”, y frases del tipo: “Uuuuh, qué malo es este chiquillooooo” y otras por el estilo.

lunes, 9 de abril de 2007

Eclipse V

HUNGRIA, 9 DE AGOSTO DE 1999

Después de un viaje sin incidentes, aterrizamos en Budapest. Sellito en el pasaporte y para afuera. Allí tenemos que encontrarnos con alguien que nos está esperando para entregarnos un coche de alquiler, el cual traemos reservado desde España a través de la misma persona que nos buscó el alojamiento. Después del primer choque térmico y olfativo (es verdad que cada país huele "diferente"), nos dirigimos a la cafetería, donde nos encontramos con estas personas. Ellos hablan húngaro y alemán y nosotros español y un poquito de inglés, así que por señas nos entendemos como podemos, o sea, mal. Con la máquina de planchar VISAs en una mano y las llaves del coche en la otra, comienzan los trámites. Para empezar, no le dan autorización telefónica a mi tarjeta. Llamada desde mi móvil (de tarjeta de prepago) a mi banco, donde me dicen que todo está en regla y que el fallo debe estar en Hungría. Después de mucho tira y afloja, y eso sin entendernos ni papa, convenimos en darle algún dinero a cuenta, y en pasarnos al día siguiente por su oficina en Keszthely para pasar la tarjeta por el lector electrónico. Aún no me explico como podemos decirnos tantas cosas con tan pocas señas, pero ellos por un motivo y nosotros por otro, tenemos ganas de acabar cuanto antes. Cogemos el coche, y con sus explicaciones llegamos a la autopista del Balaton. Lo de autopista debe ser de cachondeo, porque los socavones y desperfectos abundan por doquier. A nosotros nos viene bien, porque con el cansancio y el sueño acumulados después de tantas horas, si llega a ser de otra manera me quedo frito, pues con baches y todo, me cuesta trabajo mantener los ojos abiertos. Mi mujer y mis hijos, detrás, duermen como benditos. Vicente, junto a mí, consciente del peligro, se esfuerza por mantenerse despierto y hablarme. Después de lo que me parece una eternidad, llegamos al Balaton. La primera impresión que me causa (la zona en general, no el lago en particular) es que no se parece mucho a lo que había imaginado. Aunque ya vengo prevenido de que es el "mar de los húngaros", y esperaba infraestructura turística, creía que iba a estar todo "más salvaje", pero veo que no se diferencia mucho de algunas zonas similares en España. La vertiente sur, teóricamente más explotada, y la norte, más bohemia y menos masificada, pero no por ello desierta. A la 1 de la tarde, después de casi 20 horas en movimiento desde que salimos de casa, llegamos a nuestro destino: Vonyarcvashegy, en la parte septentrional del lago. Localizamos la agencia de Andrea, quien nos acompaña hasta la que será nuestra base de operaciones en los 10 días siguientes: un bonito chalet de madera y piedra, de dos pisos, con jardín y terraza y situado en una de las zonas más tranquilas del pueblo. Dentro nos esperan los dueños. La señora nos ha preparado unas pastitas típicas y un zumo, que no está precisamente frío, pero que entra bien. Una vez duchados, cambiados e informados sobre sitios donde comer, nos encaminamos hacia la Csarda "Torony", muy cerca de casa, lugar muy recomendado (en alemán + señas) por la madre de Andrea. El sitio: muy bonito; el trato: muy atento; la comida: excelente y abundante; la bebida: ídem; los precios: muy baratos. En fin: ¡un chollo! Salvo una excepción, ésta será la tónica habitual en nuestro periplo magiar. Hemos comido prácticamente solos. El turismo de la zona, casi enteramente alemán, tiene un horario para nutrirse totalmente distinto al nuestro. De hecho, cuando acabamos de comer, casi a las 5 de la tarde, empiezan a llegar los primeros alemanes para cenar. Una vez cumplidos los primeros trámites, vamos a por el siguiente paso en orden de prioridad:el avituallamiento. Pero antes, la siesta. Tras un corto pero reparador descanso, nos dirigimos a Keszthely, en busca de un supermercado. La idea es comer fuera y cenar en casa, así que nuestras compras se hacen con esta premisa.

El primer dilema llega con la elección de la cerveza. Todas las botellas que hay a la venta son de 1/2 litro, pero lejos de asustarnos, decidimos por unanimidad llevarnos una o dos de cada marca para probarlas todas y una vez escogida la mejor, hacer acopio para toda nuestra estancia. Antes de entrar al súper, hemos dado una vuelta por la pequeña pero coqueta ciudad, localizando los servicios que nos puedan hacer falta: Correos, farmacia, estación de ferrocarril, oficina de cambio, bares, etc. Nos proponemos volver la mañana siguiente para verlo todo más tranquilamente, pues aún nos quedan cosas que hacer en casa.

Por fin llega el esperado momento de la cata. Sentados en la terraza, a la fresca del crepúsculo húngaro, vamos abriendo botellas y puntuando, papel y lápiz en mano, el sabor y textura de cada una de ellas. Asumiendo el falso papel de auténticos expertos, vamos desgranando los pequeños matices:

- ésta es muy ligera y refrescante, dice uno.
- si, pero al final deja un fondo ligeramente amargo en el paladar, replica el otro.

Y en ello estamos, cuando nos damos cuenta de que tenemos una sonrisa de oreja a oreja y de que nos están comiendo los mosquitos. Pero ya hemos encontrado nuestra favorita: Radeberger. Satisfechos, nos refugiamos dentro y empezamos a contar los picotazos. Ya tenemos una misión prioritaria para el día siguiente: comprar Aután y un antihistamínico para el picor (y Radeberger, claro).
(Continuará...)

Del fumar, y otras formas de suicidio lento

Ayer domingo, en el suplemento semanal de El País, pude leer la batalla dialéctica entablada por Javier Marías, columnista de esa publicación, con el portavoz del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo. A la réplica de este último a un artículo publicado por el primero el pasado 18 de marzo, responde Marías con unas puntualizaciones hechas en el mismo apartado de “cartas de los lectores”, para rematar después la faena (por si no había tenido bastante el osado portavoz) reincidiendo nuevamente en el tema en su artículo de última página. Aunque no me gusta inmiscuirme en disputas ajenas, creo que el haber pasado por todas las etapas del consumo “tabaquil”, me otorga, al menos, el derecho a opinar al respecto. Primero fui no fumador, luego fumador pasivo, para pasar a ser fumador, ex-fumador, fumador compulsivo, ex-fumador otra vez y ahora consumidor ocasional, los fines de semana y vacaciones, de algún purito de esos pequeñitos después de las comidas principales. Creo que Marías ha confundido, en mi modesta opinión, las pretensiones de este señor, que no eran otras que el respeto a los no fumadores, es decir, al derecho de cualquier persona a respirar aire sin humo (de tabaco. Si entramos en el tema de otros humos, aún heriríamos más susceptibilidades, porque vehículo tenemos –o utilizamos- casi todos). El tabaco nos hace egoístas, y lo digo por experiencia propia. Sin embargo, la “intolerancia” denunciada por Marías, era inexistente hasta no hace tanto tiempo. Recuerdo, de niño, haber ido al Ambulatorio de San Fermín (un centro de salud, para los no indígenas) y encontrar gente fumando en la sala de espera. Pero era algo tan normal como fumar en el autobús, en la carnicería, en la panadería, en el cine... Y no nos molestaba el humo, incluso estando resfriados. Pero es que luego, entrabas al consultorio, y el médico estaba fumando también. Esto, para los que no lo hayan conocido, puede sonar escandaloso, pero nosotros lo veíamos tan normal que no le dábamos la menor importancia. Nacer ya lleva implícito el tener una papeleta para el sorteo de la muerte, que más tarde o más temprano, siempre toca. Luego, a lo largo de la vida, algunos, de forma consciente o no, van comprando más papeletas, con lo que sus posibilidades aumentan. Lo malo, es que nuestros hijos ya nacen con más opciones que nosotros, por la basura de mundo que les estamos dejando...

viernes, 6 de abril de 2007

Las boleadoras

En los comentarios de un post anterior, le reprochaba a una de mis sobrinas el no haber visto las boleadoras que "presuntamente" me había traído desde Argentina un mes antes. Pues bien, resultó ser cierto y ya las tengo (gracias muchas desde aquí para Vero y Marcos). Y para dar fe de ello, ahí va la correspondiente foto, hecha con mi pequeña “máquina de retratar”.

Una imagen vale más que mil palabras (casi siempre).



No sé si se apreciará que están hechas enteramente en piel, tanto las correas como las fundas de las bolas (perdón). Lo que me tiene intrigado es el relleno, pues pesa bastante (como una piedra, aunque no creo que lo sea). Si me las hubieran regalado de niño, ya conocería todos sus secretos, pues fui un habilísimo desmontador de todo tipo de artilugios. La pena es que luego, algunos no se podían recomponer. Podría contar alguna anécdota al respecto, pero las dejaré para otro post, pues creo que hay materia suficiente. Pero, sin darme cuenta me he ido por “los perros de Úbeda”, así que me pongo ya a investigar de qué están hechas las interioridades, y lo comunicaré tan pronto como lo averigüe. Si alguien conoce la solución también puede decirla ¿eh?

domingo, 1 de abril de 2007

La Primavera

La semana pasada estuvimos, con nuestros amigos Dani y Rocío (a quienes ya cité anteriormente), en la Laguna de la Mata, a pocos kilómetros de aquí, para hacer una toma de contacto –a pie- con el circuito ciclista que discurre por sus aledaños, para volver otro día con las bicis si valía la pena. No nos gustó mucho, o al menos no lo suficiente como para justificar el desplazamiento. Además, la laguna estaba bastante baja de niveles (de agua y de fauna), así que apenas pudimos ver a lo lejos, con los prismáticos, un par de cormoranes secando sus alas al sol, algunas avocetas y un pequeño grupo de chorlitejos. En mi opinión, hay sitios bastante mejores para esos menesteres (avistamiento de aves) y mucho más cerca, como El Clot de Galvany, El Hondo o las Salinas de Santa Pola y El Pinet. Sobre algunos de ellos estoy preparando algo, que pronto publicaré por aquí. Pero lo que quería contarles es lo siguiente: antes de ir hacia La Mata, nos desviamos para fotografiar un campo de mangraners que había “descubierto” el día anterior, camino de La Hoya. Llamó mi atención –como si no lo hubiese visto nunca- la gran mancha roja destacando entre el verde que nos han traído las últimas lluvias, tan raras por aquí. Vean, vean:

Y esto es un detalle de las hojas:

¡Qué potito está el campo! Hasta las cunetas se llenan de flores, los gorriones persiguen a las gorrionas (ponen tanto entusiasmo en ello, que incluso descuidan su natural desconfianza hacia el hombre, bajando la guardia. Ha habido ocasiones en que creo que podría haber cogido alguno con las manos, de habérmelo propuesto), han vuelto los abejorros –que con este clima loco no se han acabado de ir-, los estornudos y los pañuelitos a las manos de los alérgicos y, resumiendo, como cada año, todas las formas de vida andan revolucionadas con la llegada de La Primavera. Incluso el hombre (creo que la mujer también, pero lo disimula mejor).

Eclipse IV

NIET ROKEN

Para fumadores empedernidos como nosotros, el vuelo en esas condiciones y sin poder encender un pito, es todo un suplicio. Los holandeses abandonan la aeronave (dejándola hecha un asco, todo hay que decirlo) y corren hacia la salida como si todo fuese a explotar de un momento a otro. Nosotros, por no perdernos y medio desorientados, tenemos un ojo puesto en ellos, otro en todos los letreros de NIET ROKEN (NO FUMAR) y el otro en cualquier indicación que nos oriente hacia la siguiente zona de embarque. Cuando nos damos cuenta de que nos falta un ojo y de que el resto de pasajeros no va a hacer transbordo como nosotros, ya nos hemos recorrido medio aeropuerto en dirección contraria. Al fin encontramos lo que parece ser el acceso a los vuelos internacionales (el nuestro era de la CEE), con un sólo mostrador operativo y con un guardia detrás de él con cara de pocos amigos. Reunión de urgencia con el librito con las frases a utilizar en casos como éste, y como suele ocurrir, las encuentras todas menos las que necesitas. La tercera vez que intento usarlo, me doy cuenta de que es totalmente inútil, y cuando voy a tirarlo a la papelera, veo que ya hay un par de ellos igualitos que el mío y otros tantos de distintas editoriales. Derrotado, me dirijo al guardia y con el mejor acento posible le pregunto: -Do you speak spanish? A lo que él responde: -Sí, un “pocuito”. Salvado este primer trámite, descubro que la cara que tenía no era de mala leche, sino de sueño, que resulta que es muy buen chaval, que ayuda en todo lo que puede y más y no nos acompaña y nos lleva las maletas porque está solo y no puede abandonar el puesto. El aeropuerto de Amsterdam, aparte de enorme, es que es grandísimo. Te pones a andar y no acabas nunca. Aparte de esto, está todo cerrado y las luces bajo mínimos. Buscando un sitio donde fumar un pitillo, vamos al aseo y ¡oh sorpresa! NIET ROKEN por doquier. Nos han advertido mucho de la severidad de los guardias con los fumadores que lo hacen en sitio prohibido, así que no nos atrevemos, aún estando solos, ni a sacar uno del paquete. Seguimos caminando y en una de las cafeterías (cerrada, por supuesto), vemos dos letreritos encima de sendas mesas, con unos bonitos cigarritos sin tachar. Al fondo del larguísimo pasillo, se ve luz y se oye ruido de civilización. Al poco, atraídos por el aroma y supongo que por el sonido de las profundas caladas, van llegando nicotinómanos como nosotros desde la lejana claridad. No hablamos el mismo idioma, pero los gemidos de placer son inconfundibles. Con la mirada parece como si nos felicitaran por haber encontrado ese oasis que ellos no han acertado a descubrir. Saciada nuestra ansia, nos dirigimos luego hacia la luz, e intentamos dormir un poco, cosa casi tan difícil como fumar. La cafetería que está abierta (niet roken), parece sacada de un cómic de moebius. Judíos ultra ortodoxos toman algo junto a árabes de chilaba y burka. Eslavos enormes, bebiendo como esponjas y mirando como los malos de las pelis de James Bond. Y como colofón, un grupo de australianos, gigantescos todos ellos, con sombrero a lo Cocodrilo Dundee y zuecos de madera, hablando a gritos y bebiendo como eslavos. Luego supimos que era un equipo de waterpolo, y por lo visto no podían estar mucho tiempo secos.

Por la mañana, después de desayunar, arreglamos el tema de la tarjetas de embarque (otra vez con la famosa frase "Do you speak spanish?) y de nuevo a esperar a que salga nuestro avión. Después de un cacheo riguroso (a los chicos) e intensivo y "cariñoso" a mi mujer e hija, especialmente a la primera, subimos a bordo.
CONTINUARÁ...