domingo, 1 de abril de 2007

Eclipse IV

NIET ROKEN

Para fumadores empedernidos como nosotros, el vuelo en esas condiciones y sin poder encender un pito, es todo un suplicio. Los holandeses abandonan la aeronave (dejándola hecha un asco, todo hay que decirlo) y corren hacia la salida como si todo fuese a explotar de un momento a otro. Nosotros, por no perdernos y medio desorientados, tenemos un ojo puesto en ellos, otro en todos los letreros de NIET ROKEN (NO FUMAR) y el otro en cualquier indicación que nos oriente hacia la siguiente zona de embarque. Cuando nos damos cuenta de que nos falta un ojo y de que el resto de pasajeros no va a hacer transbordo como nosotros, ya nos hemos recorrido medio aeropuerto en dirección contraria. Al fin encontramos lo que parece ser el acceso a los vuelos internacionales (el nuestro era de la CEE), con un sólo mostrador operativo y con un guardia detrás de él con cara de pocos amigos. Reunión de urgencia con el librito con las frases a utilizar en casos como éste, y como suele ocurrir, las encuentras todas menos las que necesitas. La tercera vez que intento usarlo, me doy cuenta de que es totalmente inútil, y cuando voy a tirarlo a la papelera, veo que ya hay un par de ellos igualitos que el mío y otros tantos de distintas editoriales. Derrotado, me dirijo al guardia y con el mejor acento posible le pregunto: -Do you speak spanish? A lo que él responde: -Sí, un “pocuito”. Salvado este primer trámite, descubro que la cara que tenía no era de mala leche, sino de sueño, que resulta que es muy buen chaval, que ayuda en todo lo que puede y más y no nos acompaña y nos lleva las maletas porque está solo y no puede abandonar el puesto. El aeropuerto de Amsterdam, aparte de enorme, es que es grandísimo. Te pones a andar y no acabas nunca. Aparte de esto, está todo cerrado y las luces bajo mínimos. Buscando un sitio donde fumar un pitillo, vamos al aseo y ¡oh sorpresa! NIET ROKEN por doquier. Nos han advertido mucho de la severidad de los guardias con los fumadores que lo hacen en sitio prohibido, así que no nos atrevemos, aún estando solos, ni a sacar uno del paquete. Seguimos caminando y en una de las cafeterías (cerrada, por supuesto), vemos dos letreritos encima de sendas mesas, con unos bonitos cigarritos sin tachar. Al fondo del larguísimo pasillo, se ve luz y se oye ruido de civilización. Al poco, atraídos por el aroma y supongo que por el sonido de las profundas caladas, van llegando nicotinómanos como nosotros desde la lejana claridad. No hablamos el mismo idioma, pero los gemidos de placer son inconfundibles. Con la mirada parece como si nos felicitaran por haber encontrado ese oasis que ellos no han acertado a descubrir. Saciada nuestra ansia, nos dirigimos luego hacia la luz, e intentamos dormir un poco, cosa casi tan difícil como fumar. La cafetería que está abierta (niet roken), parece sacada de un cómic de moebius. Judíos ultra ortodoxos toman algo junto a árabes de chilaba y burka. Eslavos enormes, bebiendo como esponjas y mirando como los malos de las pelis de James Bond. Y como colofón, un grupo de australianos, gigantescos todos ellos, con sombrero a lo Cocodrilo Dundee y zuecos de madera, hablando a gritos y bebiendo como eslavos. Luego supimos que era un equipo de waterpolo, y por lo visto no podían estar mucho tiempo secos.

Por la mañana, después de desayunar, arreglamos el tema de la tarjetas de embarque (otra vez con la famosa frase "Do you speak spanish?) y de nuevo a esperar a que salga nuestro avión. Después de un cacheo riguroso (a los chicos) e intensivo y "cariñoso" a mi mujer e hija, especialmente a la primera, subimos a bordo.
CONTINUARÁ...

No hay comentarios: