jueves, 12 de abril de 2007

El "destripador"

Mi afición por “destripar” juguetes me viene desde mi primera infancia. Ya en las fotos de mi primer cumpleaños, aparezco encima de la mesa con la tortada y un pato hinchable. Las familias más acomodadas tenían fotos de todos los cumpleaños de cada hijo –hasta una edad razonable, claro-, pero las que no disponían de tal desahogo, al menos inmortalizaban el primer año de sus retoños. Lo típico era hacer una secuencia de tres o cuatro fotos (se avisaba a un fotógrafo profesional, pues en muy pocas casas se disponía de cámara fotográfica) con este orden:

1º. Niño/a con tortada y juguete
2º. Soplado de vela
3º. El protagonista ya tenía algún utensilio en la mano (cuchara, tenedor, paleta, etc.)
4º. A todo lo anterior se añadía el “enmerengamiento” de nariz y boca del infante por parte de la madre, si no se le había adelantado ya espontáneamente el angelito, con el consiguiente destrozo de la tortada.

Pues bien, en el tercer paso, mi pato ya aparecía sospechosamente fofo, falto de aire, posiblemente por algún involuntario “sopapo” propinado con la herramienta que me habían puesto en la mano.

En otro caso que recuerdo, ya con 3 ó 4 años, mi padre me compró una pelota de goma (supongo que con gran esfuerzo e ilusión por su parte) que duró lo que tardé en ir a la cocina y coger el abrelatas, de los de mango de madera. Aquí lo que aprendí fue que lo que la mantenía dura y la hacía botar, era el aire que contenía antes de que yo la llenara de agujeros. Por esa misma época (tal vez fuera un año o dos más tarde), vino de visita una tía de mi madre que vivía en Francia, y me trajo una avioneta (que funcionaba con cuerda), que movía su hélice mientras avanzaba y cada poco daba una voltereta completa. Creo que está de más decir que a España, o al menos a las jugueterías de Elche, aún no habían llegado esas maravillas, pero a mí lo que me intrigaba era el mecanismo que la hacía voltearse de esa forma, así que provisto de destornillador, y mientras mi madre hablaba con la visita, procedí al completo desmontaje del aparatito en la galería, con lo que conseguí dos cosas: quedarme sin avioneta y llevarme una colleja “king size”, que no fue acompañada con la correspondiente guarnición de zapatilla gracias a la intercesión de la Tía Patro, que, muerta de risa –menos mal-, murmuraba algo de que me parecía a “nosequién”, y frases del tipo: “Uuuuh, qué malo es este chiquillooooo” y otras por el estilo.

2 comentarios:

Mami dijo...

Hola, don Peji. Soy la mamá de Carlitos Yoder y pasé por aquí porque mi analfabetismo geográfico me impedía ubicar donde quedaba Elche. Todavía no lo sé, pero he leído a "mirada alzada" tu blog y me encanta.
Y hete aquí que te pareces muuuchoooo a mi hijo, al que llamábamos "deditos de oro" porque todo lo tocaba, investigaba y, si podía, destruía...

pejiguera dijo...

Bienvenida, Mami. No sabe cuánto me alegra verla por aquí. Y ya sabe que puede volver cuando quiera.
En cuanto a mi pueblo, si conoce algo de la geografía española, está en el sureste, a 20 km. de Alicante. Posee un palmeral único en Europa, que junto con el "Misterio" (drama sacro-lírico que se representa en la Basílica de Sta. María)fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco hace unos años. Si pulsa en alguna de las fotitos de la derecha, podrá acceder al grupo que creé en Flickr, donde podrá ver algunas imágenes de ambas cosas y otras relativas a la vida y costumbres locales. Y si desea más información, no tiene más que preguntar.

En lo referente a mi afán investigador, podríamos decir que he dado algunos gustos y muchos disgustos a mis padres (y a mis dos hermanas, cobayas de algunos de mis experimentos). Por suerte para todos, mi Ángel de la guarda ha cumplido siempre muy bien su cometido. :-)
Ah, y tengo una 2ª parte casi terminada que publicaré en breve...

Hasta siempre.