lunes, 16 de abril de 2007

Eclipse VI

LA VÍSPERA – 1ª parte
Qué sensación más agradable para un astrónomo aficionado, levantarse por la mañana de la víspera de un eclipse total de sol y ver un cielo totalmente despejado y sin nubes. Una alegría casi equiparable a la de levantarse por la mañana del mismo día del eclipse y ver un panorama similar. Desayunamos y cuando estamos preparándonos para salir, recibo la llamada del cliente húngaro que cité antes, al cual tengo que ver para resolver un pequeño problema económico. Quedamos para cenar en su casa en Tihany esa misma noche. Yo ya traía instrucciones de mi jefe para encontrarme a toda costa con él, y suponía que me invitaría a ir a su casa, pero no esperaba que fuera tan pronto. Antes de venir a su país ya había convenido con él en vernos, pero un día o dos antes de volver a España. Esto también nos hace cambiar un poco los planes, pues estamos esperando la llegada de Alberto, un amigo nuestro que decide hacer el viaje por su cuenta y tiene previsto arribar al Balaton esa misma noche, pero a una hora aún indeterminada. Como no conocíamos Budapest, estaba a más de dos horas de camino y estábamos expuestos a retrasos y otras complicaciones, en su día pensamos que lo mejor sería que tomara el primer tren hacia el lago y que nos llamara a su llegada a cualquier estación ribereña para ir a recogerlo. Finalmente decidimos que si llega pronto, se vendrá con nosotros a la cena y si llega más tarde, iremos a recogerlo desde Tihany, a menos que decida ir directamente a Voncyarvashegy. Tranquilamente, nos vamos a Keszthely a ultimar las gestiones que quedaron pendientes de ayer. Buscamos primero la agencia de alquiler del coche, para cumplir con lo prometido. Cuando por fin damos con la dirección, descubrimos que la agencia es una casa particular, con un pequeño letrero en la puerta, en un barrio muy humilde, con gitanillos jugando y correteando desnudos por las calles. Afortunadamente, las apariencias engañan y pese a mis recelos, todo sale estupendamente. Tiene una pseudo-oficina con una máquina electrónica lectora de tarjetas y después de hacerme el cargo, me devuelve el dinero en efectivo que le había dado el día anterior. Volvemos al centro de la ciudad. Una vez comprado el Aután y el Hibitane valiéndonos del comanche, es decir, por señas, nos damos una vuelta por la calle principal. Lo primero que nos encontramos es un mendigo español cantando una canción de Pata Negra con su guitarra. La vía está abarrotada de gente y a un lado y a otro, los comercios exponen sus mercancías en tenderetes callejeros puestos delante mismo de sus escaparates. Nos sorprende la cantidad de ropa deportiva y casual de marca, probablemente falsa, que vemos a la venta. En cuanto a precios, no vemos nada que nos llame excesivamente la atención. Volvemos al coche, y justo al lado de donde lo tenemos aparcado, descubro un local de alterne, y fuera, en una vitrina, están las fotografías de las "señoritas" que trabajan en el tugurio. Las tomas, de pésima calidad, tienen como única pretensión mostrar la mercancía, apreciándose en algunas de las pobres muchachas moratones y algún que otro defecto menor. Pese a lo deprimente de las imágenes, no podemos reprimir una sonrisa, por lo esperpéntico del conjunto y de la idea. Decidimos ir a ver Heviz y su famoso balneario, a escasa distancia de donde estamos. Cuando llegamos, descubrimos una hermosa cola de vehículos para acceder a este último, por lo que decidimos ir a ver el pueblo y si se despeja la cosa, echarle una mirada más tarde al centro termal. Parece que el pueblo en sí es bastante poca cosa, casi como el de Gila. Toda la actividad está centrada en el Balneario y fuera de éste casi no hay nada. Comemos bastante bien y tomamos nuestro primer contacto con el vino húngaro, muy agradable por cierto, y con uno de los numerosos licores autóctonos: el UNICUM. Es éste un destilado de hierbas, con formulación secreta, como otras muchas cosas, que no deja indiferente a quien lo prueba. O gusta, o no gusta. Personalmente, tengo que confesar que es la primera vez en mi vida que no puedo acabar con una bebida alcohólica. El problema no está en la graduación. En mi modesta opinión, parece una medicina con un sabor áspero y desagradable. Vicente, complacido y sonriente, me ayuda a terminarlo después de haber engullido el suyo. Allí descubro que mi teléfono móvil no funciona, por lo que empezamos a especular medio en serio medio en broma, sobre la situación del pobre amigo Alberto, si el artefacto no vuelve a su estado normal. Tras un segundo intento de acercamiento al balneario, igualmente abortado por la larga cola, nos volvemos a casa a dormir un poco. El eclipse es al día siguiente y el nerviosismo, aunque levemente, ya empieza a manifestarse. El cielo sigue totalmente limpio de nubes y las previsiones son excelentes...
CONTINUARÁ...

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