lunes, 28 de mayo de 2007

Eclipse VIII

EL DÍA "D" – 1ª Parte

Hemos pasado una noche de pena, oyendo la tormenta que nos está cayendo encima y previendo lo peor para el momento del eclipse. Me levanto pronto, el primero, como casi todos los días. El sol, radiante, brilla con todo su esplendor. Después de asearme, compruebo si el móvil funciona. Negativo. Mientras arriba empiezan a dar signos de vida, decido llamar a Movistar, única llamada que me permite el aparatito. Se supone que es un número gratuito, pero después me entero que desde el extranjero no. Y no es precisamente barato. Me atiende un amable operador, quien después de anotar todos mis datos, me tiene unos minutos en espera para comprobar mi problema. Como es gratis, pienso, no cuelgo hasta que no me lo arreglen. Cuando al fin vuelve, me cuenta una extraña historia sobre un problema con las coberturas en Centroeuropa que está siendo subsanado. Mientras desayunamos, pensamos en acercarnos otra vez a la estación, a ver si suena la flauta. Por un lado, estamos tranquilos, porque conocemos a Alberto y sabemos que es alguien acostumbrado a viajar y a buscarse la vida solo. Sabemos que no se va a perder el fenómeno que se avecina, pero nos gustaría poder verlo todos juntos. Mientras me fumo un cigarro, el timbre del móvil me hace dar un brinco en el sillón. Tengo un mensaje en mi buzón de voz. Cuando llamo, puedo escuchar la temblorosa voz de Alberto decir: "- Si alguien puede oír esto, estoy en la estación de Keszthely. Voy a esperarme hasta las 11 y después me iré. No sé si me oiréis, pero si lo hacéis, venid a por mí." Apenas faltaban diez minutos para las 11 y después de estar tan cerca no nos íbamos a encontrar. Aviso a Vicen y salimos como flechas en su busca. Pero la afluencia de vehículos a los núcleos principales de población, con motivo del eclipse, se nota en la pequeña carretera. Aguantamos estoicamente la lenta marcha de la cola, pensando que la vuelta será más rápida, pues vemos con alivio que por el carril del sentido contrario casi no circula nadie. Cuando por fin llegamos a la estación, vemos a Alberto cruzando por el aparcamiento con su mochila y tengo que pitarle para que nos vea. Cómo siento no haber llevado conmigo la cámara, pues la cara que se le pone es de artículo de sociología. Nos abrazamos los tres y nuestras frases se van atropellando unas a otras dentro del coche. A los nervios del encuentro, tenemos que añadir los de la cercanía del eclipse. Teníamos decidido buscar un sitio con horizonte despejado, cuanto más al Este, mejor, pues estaríamos más cerca del centro de la franja de totalidad. Incluso yo ya le había echado el ojo el día anterior a un par de prados cerca de Tihany. Ahora, con el evento a punto de comenzar, decidimos que lo mejor es dejarse de aventuras y quedarse en el jardín de la casa, donde si no más centrados, estaremos mucho más cómodos. Pronto comenzamos a apreciar lo acertado de esta decisión, pues cuando llegamos a casa y descubrimos que la fase de ocultación ya lleva comenzada unos minutos, montamos y preparamos el equipo con toda rapidez y abrimos unas cervezas para ir refrescándonos. Vicente, entre mirada y mirada por su telescopio, está enseñando a Pepe por enésima vez a jugar al ajedrez. Alberto y yo, empezamos con nuestra secuencia fotográfica. Una extraña sensación se respira en el ambiente. Conforme avanza el eclipse, la luz va tomando una tonalidad "rara" y el silencio se va apoderando del mundo. También observamos el curioso fenómeno que muestran los rayos del sol al atravesar, por ejemplo, el follaje de un árbol: los círculos de luz que estamos acostumbrados a ver en el suelo, ahora tienen forma de "media luna", como el sol parcialmente eclipsado. Cuando faltan muy pocos minutos para la totalidad, salgo fuera del jardín, a la calle, para observar mejor el entorno...

CONTINUARÁ.

No hay comentarios: