martes, 1 de mayo de 2007

El Apaput.

Me gusta mucho la fotografía, sobre todo la de naturaleza, con una predilección especial por las aves. Dentro de éstas, ha habido una especie que siempre se me ha resistido, y es el apaput (la abubilla para los forasteros). Si los pájaros son de por sí animalillos huidizos y muy desconfiados, en el apaput esto se multiplica por diez. Tanto es así que nunca había podido “capturarlo” en una imagen decente con mi cámara, con lo que esa foto se había convertido casi en una obsesión. Cada vez que uno se cruzaba en mi camino, me refería al él –o a ella- como “el apaput”, como si siempre fuese el mismo, pues parecía que todos sus movimientos estuviesen calculados para fastidiarme. Cuando ya lo tenía encuadrado y el dedo comenzaba a pulsar el disparador, alzaba el vuelo, dejándome con un palmo de narices. Y cuando no llevaba la cámara encima, se paraba en mis cercanías, haciendo poses provocativas y casi burlándose de su tonto perseguidor (ya sé que suena increíble, pero tengo testigos de ello). Todo esto se acabó el año pasado, cuando en las salinas de Sta. Pola pude “cazar” uno con bastante disimulo, y aunque no fue la foto perfecta, me di por satisfecho. Pero esta pasada Semana Santa, aprovechando que la gente “normal” estaba en las procesiones, nos acercamos hasta La Alcudia para ver la “Tábula de Ilici” (casualmente estaba cedida, así que nos quedamos con las ganas). Paseando por las excavaciones del exterior, una pareja de apaputs me mareaba con su vuelo ondulante y evasivo. Al fin, vi que entraban en un bancal fronterizo con el yacimiento, pero a un nivel más bajo que éste, así que cambié el objetivo y me aproximé con suma cautela hasta el lugar donde calculé que estarían. Me asomé conteniendo la respiración y allí estaba uno de ellos, picoteando gusanillos y larvas entre las naranjas podridas del suelo. El estar a diferente altura creo que me ayudó, pues el pájaro sólo veía mi cabeza –y la cámara delante de ésta-, así que me dio tiempo a hacerle tres o cuatro fotos antes de que saliera volando, entre las que he escogido la que acompaña este texto para mostrársela. No es gran cosa –está con la cresta plegada-, pero es lo mejor que he podido hacer hasta hoy. Y en el Museu de la Ciencia de Barcelona compré un reclamo (es un silbato gordo realmente, pero me hizo gracia) para hacer acudir a estas aves, así que si obtengo nuevos y mejores resultados, les informaré debidamente.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

hola tio!!! Cómo va todo? casualmente ayer vi este pájaro en la casa de mi hermana. quise hecerle una foto pero se escapó. le quise definir a Reyes cómo era pero no es lo mismo que tenerlo delante. gracias por esta casualidad en el tiempo.

muchos besos a todos. vero

pejiguera dijo...

¡Hola, sobrina!

Como ves, el apaput es bastante común en esta zona, y aunque tiene fama de cochina entre la gente del campo (siempre anda hurgando por los estercoleros) es un ave -como casi todas- muy útil, además de bonita y llamativa.

Aunque es un tema que no interesa a mucha gente, de vez en cuando iré dejando caer algún artículo sobre los pájaros que se pueden avistar por los alrededores.

Besotes.