jueves, 17 de mayo de 2007

Los tontos del haba

Ha llegado el buen tiempo, y con él, los GILIPOLLAS (así, en mayúsculas) que conducen con el bra-ci-to por fuera del coche, colgando como si fuese un salchichón atado a la puerta. No sé si se la quieren dar de tener muuucho dominio de la conducción y nos quieren decir a los demás que con una mano se bastan para manejar el volante, fumar, accionar la palanca del cambio, darle más volumen –aún- a la música, mover el melón al son, hablar/marcar/jugar con el móvil y hurgarse la nariz, todo ello al mismo tiempo. La inmensa mayoría, además, va pisando huevos, y es normal, porque la neurona acaba agobiada con tanto trabajo simultáneo y se tiene que tomar algún tiempo para respirar. Y no crean que esto es patrimonio exclusivo de los más jóvenes, nooo, los hay de toda edad y condición. Así que habrá que tener paciencia, y esperar a que vuelva el frío. Vayan contándolos, por curiosidad, y verán cuántos le salen. Y si entre los lectores hay algún estudiante de sociología, puede hacer un trabajo interesante sobre los que, además, llevan la famosa pe-ga-ti-ni-ta del lavadero de que hablé en otro post. Dios los cría...

2 comentarios:

Leucipo dijo...

Yo prefiero dar una explicación a ese fenómeno común que comentas. Al igual que el elefante africano del desierto utiliza sus enormes orejas para regular la temperatura de su riego sanguineo, aireandolas constantemente, el conductor del desierto urbano, sobretodo si no tiene aire acondicionado en el coche, utiliza su mano izquierda para intentar regular su temperatura. Pues bien, al no tener tan imponentes mecanismos como los del elefante esto hace que la sagre se espese y por tanto el cerebro recibe un riego sanguineo lento con lo que merma la capacidad y la reacción del sujeto.

Por cierto ya he podido entrar en el blog que hice como prueba. Paralaje. Nos vemos Peji.

pejiguera dijo...

Flaco favor haces, Leucipo, a esos inteligentes animales, al compararlos con estos otros -presuntamente racionales- sujetos. Al margen de eso, discrepo de tu argumentada exposición, y para rebatirla, utilizaré otro símil.
Si recuerdas, los primeros ordenadores tenían unos procesadores -comparados con los de ahora- lentos y torpes, y unas memorias pequeñas y limitadas. Asimismo, los sistemas de ventilación que incorporaban eran igualmente minúsculos y rudimentarios. Ahora, en los de nueva generación, con potentes micros y memorias con capacidades entonces impensables, los sistemas de refrigeración han seguido un desarrollo paralelo y son piezas fundamentales para el buen funcionamiento de la máquina.

Resumiendo, pienso que a estos tipos les sobra oreja con la que tienen. Creo que el problema es más psicológico que fisiológico.

(A ver si tu paisano Pericles se anima y se deja ver de nuevo, que hace tiempo que no da señales de vida)