sábado, 16 de junio de 2007

Eclipse X

12 DE AGOSTO (LA RESACA)

Los dos días que nos quedan hasta ir a la capital los empleamos haciendo verdadero turismo. Por la mañana visitamos Sümeg, pueblo medieval situado unos kilómetros al interior del lago. Tras entrar a la oficina de turismo, atendida por voluntariosas amas de casa, desconocedoras de idioma alguno distinto al húngaro, subimos hasta el castillo, o lo que queda de él. Tras la empinada cuesta, llegamos a una gran explanada cubierta de hierba, donde podemos ver un par de catapultas y algún que otro ariete, todo ello de moderna factura, puesto allí para los turistas como nosotros. Al parecer, en este lugar hacen torneos medievales, al estilo de los que organizan en Benidorm, es decir, una horterada. Para llegar al verdadero castillo aún hay que trepar un buen rato por los riscos, así que desanimados por este aperitivo, pensamos ir a comer a Balatonfüred, que según Alberto, no está nada mal. Al llegar comprobamos que es muy parecido a muchos pueblos de la costa alicantina, cambiando el agua salada por la dulce del lago, claro, y con el encanto añadido de estar en el extranjero. Comemos en el restaurante del Club Náutico, un sitio que de entrada nos parece de mucho lujo (por la pinta de los comensales) aunque luego comprobamos que los precios son razonables. Allí coincidimos con un equipo español de regatas, que ha venido a participar a unas pruebas al Balaton. Todo muy pijo, pero la comida compensa. Casi al azar he escogido uno de los mejores platos de la carta, compuesto de un surtido de carnes variadas asadas al grill, con unas flores decorativas hechas con tocino que despiertan nuestra admiración (y la envidia de mis compañeros de mesa). Memorizo (más o menos) el nombre del plato para repetir, si no hay alternativas mejores, en otros restaurantes. Por la tarde, ante la imposibilidad de dormir la siesta, decidimos darnos una vuelta por el paseo junto al lago, lleno de tiendas de souvenirs, puestos hippies de artesanía, bisutería, etc. En fin, lo típico de cualquier lugar costero. Alberto compra algunas cosillas para sus sobrinos y nosotros compramos vino para la casa, pues descubrimos algunas garrafas iguales a las que tenía Miklos en su casa hace dos noches. Sin ser una gran cosa, es agradable al paladar y no se sube a la cabeza con facilidad, como los vinos españoles de ese nivel de precio. Aún nos queda tiempo y decidimos ir a ver el palacio barroco de Festetics-Kastély, en Keszthely, rodeado de frondosos parques y cuidados jardines. En su interior, una biblioteca con más de 90.000 volúmenes, algunos de ellos en español. A la hora que llegamos ya está cerrada, pero aún tenemos tiempo de pasear por el exterior. Por la noche, antes de cenar, llamo a Joseph para ultimar con él los detalles de nuestra visita del día siguiente.

Continuará...

2 comentarios:

Pericles dijo...

Es verdad, tienes toda la razón, pero es que estado malito, ya te contaré, rotura fibrilar del sóleo de la pantorrilla. Me apunto a cazar eclipses en el trastelón. Saludos

pejiguera dijo...

No tengo ni idea de lo que es, pero seguro que duele. Cuidate mucho.

En cuanto a lo de apuntarte al nuevo eclipse, ya pondré algo explicándolo todo, pues los que no hayan leído el emilio que te envié, no saben de qué estamos hablando (aunque se lo pueden imaginar).

Un abrazote. Ya hablamos.