domingo, 29 de julio de 2007

La culpa siempre es del otro

Esto que viene a continuación es obra de Roberto Fontanarrosa, recientemente fallecido. Lo he tomado prestado de una página amiga, escrita en español allá por Eslovenia. Los comentarios que recibió este post, resaltaban la mayoría lo bien que refleja la idiosincrasia argentina, pero después de leerlo, creo que estarán de acuerdo conmigo en que es un retrato fiel de la forma de ser de todos los latinos (por utilizar un adjetivo que nos aglutine), el “yo no he sido”. Buenísimo. Con esta entrada quiero unirme al homenaje al maestro. Descanse En Paz.

La culpa de todo la tiene el ministro de Economía, dijo uno. ¡No señor! dijo el ministro de Economía mientras buscaba un mango debajo del zócalo. La culpa de todo la tienen los evasores.

¡Mentiras! dijeron los evasores mientras cobraban el 50 por ciento en negro y el otro 50 por ciento también en negro. La culpa de todo la tienen los que nos quieren matar con tanto impuesto.

¡Falso! dijeron los de la DGI mientras preparaban un nuevo impuesto al estornudo. La culpa de todo la tiene la patria contratista; ellos se llevaron toda la guita.

¡Pero, por favor…! dijo un empresario de la patria contratista mientras cobraba peaje a la entrada de las escuelas públicas. La culpa de todo la tienen los de la patria financiera.

¡Calumnias! dijo un banquero mientras depositaba a su madre a siete días. La culpa de todo la tienen los corruptos que no tienen moral.

¡Se equivoca! dijo un corrupto mientras vendía a cien dólares un libro que se llamaba “Haga su propio curro” pero que, en realidad, sólo contenía páginas en blanco. La culpa de todo la tiene la burocracia que hace aumentar el gasto público.

¡No es cierto! dijo un empleado público mientas con una mano se rascaba el Ombligo y con la otra el trasero. La culpa de todo la tienen los políticos que prometen una cosa para nosotros y hacen otra para ellos.

¡Eso es pura maldad! dijo un diputado mientras preguntaba dónde quedaba el edificio del Congreso. La culpa de todo la tienen los dueños de la tierra que no nos dejaron nada.

¡Patrañas! dijo un terrateniente mientras contaba hectáreas, vacas, ovejas, peones y recordaba antiguos viajes a Francia y añoraba el placer de tirar manteca al techo. La culpa de todo la tienen los comunistas.

¡Perversos! dijeron los del politburó local mientras bajaban línea para elaborar el duelo. La culpa de todo la tiene la guerrilla trotskista.

¡Verso! dijo un guerrillero mientras armaba un coche-bomba para salvar a la humanidad. La culpa de todo la tienen los fascistas.

¡Malvados! dijo un fascista mientras quemaba una parva de libros juntamente con el librero. La culpa de todo la tienen los judíos.

¡Racistas! dijo un sionista mientras miraba torcido a un coreano del Once. La culpa de todo la tienen los curas que siempre se meten en lo que no les importa.

¡Blasfemia! dijo un obispo mientras fabricaba ojos de agujas como para que pasaran diez camellos al trote. La culpa de todo la tienen los científicos que creen en el Big Bang y no en Dios.

¡Error! dijo un científico mientras diseñaba una bomba capaz de matar más gente en menos tiempo con menos ruido y mucho más barata. La culpa de todo la tienen los padres que no educan a sus hijos.

¡Infamia! dijo un padre mientras trataba de recordar cuántos hijos tenía exactamente. La culpa de todo la tienen los ladrones que no nos dejan vivir.

¡Me ofenden! dijo un ladrón mientras arrebataba una cadenita a una jubilada y, de paso, la tiraba debajo del tren. La culpa de todo la tienen los policías que tienen el gatillo fácil y la pizza abundante.

¡Minga! dijo un policía mientras primero tiraba y después preguntaba. La culpa de todo la tiene la Justicia que permite que los delincuentes entren por una puerta y salgan por la otra.

¡Desacato! dijo un juez mientras cosía pacientemente un expediente de más de quinientas fojas que luego, a la noche, volvería a descoser. La culpa de todo la tienen los militares que siempre se creyeron los dueños de la verdad y los salvadores de la patria.

¡Negativo! dijo un coronel mientras ordenaba a su asistente que fuera preparando buen tiempo para el fin de semana. La culpa de todo la tienen los jóvenes de pelo largo.

¡Ustedes están del coco! dijo un joven mientras pedía explicaciones de por qué para ingresar a la facultad había que saber leer y escribir. La culpa de todo la tienen los ancianos por dejarnos el país que nos dejaron.

¡Embusteros! dijo un señor mayor mientras pregonaba que para volver a las viejas buenas épocas nada mejor que una buena guerra mundial. La culpa de todo la tienen los periodistas porque junto con la noticia aprovechan para contrabandear ideas y negocios propios.

¡Censura! dijo un periodista mientras, con los dedos cruzados, rezaba por la violación y el asesinato nuestro de cada día. La culpa de todo la tiene el imperialismo Yankee.

That´s not true! (¡Eso no es cierto!) dijo un imperialista mientras cargaba en su barco un trozo de territorio con su subsuelo, su espacio aéreo y su gente incluida. The ones to blame are the sepoy, that allowed us to take even the cat (la culpa la tienen los cipayos que nos permitieron llevarnos hasta el gato).

¡Infundios! dijo un cipayo mientras marcaba en un plano las provincias más rentables. La culpa de todo la tiene Magoya.

¡Ridículo! dijo Magoya acostumbrado a estas situaciones. La culpa de todo la tiene Montoto.

¡Cobardes! dijo Montoto que de esto también sabía un montón. La culpa de todo la tiene la gente como vos por escribir boludeces.

¡Paren la mano! dije yo mientras me protegía detrás de un buzón. Yo sé quién tiene la culpa de todo. La culpa de todo la tiene El Otro. ¡El Otro siempre tiene la culpa!

¡Eso, eso! exclamaron todos a coro. El señor tiene razón: la culpa de todo la tiene El Otro.

Dicho lo cual, después de gritar un rato, romper algunas vidrieras y/o pagar alguna solicitada, y/o concurrir a algún programa de opinión en televisión (de acuerdo con cada estilo), nos marchamos a nuestras casas por ser ya la hora de cenar y porque el culpable ya había sido descubierto. Mientras nos íbamos no podíamos dejar de pensar: ¡Qué flor de Hijo de put… que resultó ser El Otro…!

P.D.: Ahora también sé por qué mi sobrina Vero y su pareja, Marcos, tenían un perro que se llamaba Mendieta. ;-)

sábado, 21 de julio de 2007

El Jueves - La revista que sale los miércoles

¡Han secuestrado “El Jueves”!* Cuando ayer tarde lo leí, no me lo podía creer. ¿De verdad estamos en el siglo XXI? El juez Del Olmo, actuando a instancias de la Fiscalía General del Estado, ordenó retirar de los quioscos del país todos los ejemplares de la última edición, así como intervenir las planchas que pudiera tener la editora de la revista en Madrid y Barcelona. El motivo, una portada “ofensiva” a la familia real, más concretamente a su primer heredero al trono: el príncipe Felipe (tengo la impresión de que si alguien se ha quejado, ha sido la Leti, la Leti-de-Madrí). Dejando de lado el –en mi opinión- pésimo gusto del dibujo (no así del chiste, bastante acertado), creo que si la Corona –que hasta el momento, que yo sepa, no ha movido ficha- se ha sentido realmente ofendida o injuriada, dispone de los medios que el estado de derecho pone a su disposición –y a la de cualquier español- para querellarse contra los autores, los editores y quien se ponga por delante. Mientras el sector judicial cierra filas apoyando unánimemente la decisión, han llovido críticas de los directores de los principales diarios (salvo el del ABC, quien también se declara a favor), de dibujantes como Forges (El País) e Idígoras (El Mundo), y de casi todo el universo político nacional. PSOE y PP, como siempre, respetan las decisiones judiciales, sobre todo las que no les afectan y/o son de su agrado (especialmente a los segundos). En fin, ya para terminar, creo que ayer fue un día triste para la democracia española. La vieja derecha, esa “derechona” rancia y reaccionaria que por desgracia vuelve a aflorar, está de fiesta: le han dado un palo a “la revista de cabecera del rojerío inculto, votante del PSOE” (lo leí en un foro, en serio), y ha muerto Jesús de Polanco, presidente del grupo PRISA (la mismísima encarnación del demonio, según muchos de ellos), de quien no hablaré porque, aparte de no conocerle de nada, es un tema que no me interesa.

*No es una revista que lea habitualmente, ni creo haberla comprado nunca, pero siempre que ha caído alguna en mis manos, la he disfrutado. Sí que recuerdo que hubo una época, hace ya bastantes años, en que una de mis abuelas –Mercedes- la compraba todas las semanas. Yo la leía después de comer, en el sofá, mientras ella se preparaba un bombón con una "chorraíca" de cosa de hombres.

viernes, 20 de julio de 2007

El G.I.A.

Los asiduos lectores de este blog –pocos, la verdad-, ya sabrán que hubo un tiempo en que pertenecí a una asociación astronómica (el Grupo Ilicitano de Astronomía, por más señas). Si bien tuvo unos años –pocos- de relativa actividad (se organizaron charlas y observaciones en algunos colegios, plantadas de telescopios con motivo de eclipses lunares, conjunciones planetarias, etc.), la entrada de gente nueva, más que suponer un empuje para el grupo, fue un lastre total. Junto con gente buenísima y con mucha ilusión, entró otra que –entre otras lindeces- quería aprender a buscar OVNIS con el telescopio. ¡Menuda burrada! ¡Si todo el mundo sabe que donde mejor se ven es en la tele...! Muchos dejaron de asistir a las reuniones, cada vez más anodinas, hasta que finalmente decidimos disolver el grupo, sorteando entre los socios las distintas propiedades que habíamos ido adquiriendo en nuestra corta andadura. Los que más amistad hicimos en aquellos días, no hemos dejado de vernos, incluso estuvimos una larga temporada reuniéndonos los sábados por la mañana en un bar (combinando nuestras dos aficiones: Astronomía y Gastronomía), pero la asociación quedó disuelta y si hemos hecho algo después ha sido a nivel particular. Aparte de la amistad, de aquella época conservo algunas otras cosas buenas, como por ejemplo algunas fotos. En el observatorio que la Caja de Ahorros del Mediterráneo construyó en el CEMA de Los Molinos, en Crevillent, hicimos algunas de ellas, como la que incluyo aquí debajo, de la Nebulosa de Orión, para su deleite.

domingo, 15 de julio de 2007

Eclipse XII

14 DE AGOSTO – Vonyarcvashegy

De repente caemos en la cuenta de que no hemos visto aún el pueblo en el que estamos alojados. Sólo conocemos la calle de la casa, la Torony Csarda y la oficina de Andrea, que está enfrente. La verdad es que no nos apetece nada hacer grandes desplazamientos y nuestros últimos días en Hungría los dedicamos a tiendear y a reconocer más profundamente los alrededores, pero sin pasarnos. Realmente nos dejamos cosas en el tintero de las que después me he arrepentido. Una vez desayunados, enfilamos paseando la gran avenida que baja hasta el lago, pasando delante del moderno ayuntamiento y el bonito jardín que lo rodea. Las alemanas pululan por doquier. Rubias teutonas (evite el chiste fácil) que con sus madres y amigas se dirigen a la playa. Aunque no me gusta generalizar, creo que con las alemanas pasa como con las mujeres de algunas zonas de España que no mencionaré para no crear polémica: mientras son jovencitas (pongamos hasta los 20) son muy guapas y llamativas, algunas incluso despampanantes. En los dos siguientes decenios pasan a ser normales, habiendo de todo, pero a partir de los 40, encontramos una increíble colección de loros casi imposible de describir. Llaman la atención, pero en negativo. Finalmente nos quedamos sin ver la playa, pues hay que pagar para entrar y no nos atrae excesivamente lo que vemos desde el otro lado de la valla. A última hora de la tarde, el acceso es libre, así que decidimos volver en otro momento.

La mañana está muy avanzada y hay que comprar el pan y algo de provisiones para la casa, así que vamos hacia Keszthely, con ánimo también de conocer un poco mejor esta bonita ciudad. Por cierto, no he comentado una cosa que llamó nuestra atención desde el primer día: el pan húngaro, poco apetitoso a la vista aunque sabroso al paladar, lleva un sello pegado, como si fuera una póliza, en la corteza. Como en casi todas las panaderías hay una vieja vendiéndolo, bromeamos sobre la posibilidad de que la abuela chupe los sellos para pegarlos en cada pieza. Pero en Keszthely encontramos otro par de curiosidades que voy a reseñar: en la oficina de Correos descubro unos sellos que la “Magyar Posta” ha editado con motivo del eclipse. Son muy bonitos, o al menos a mí me lo parece. Compro dos, uno para mí y otro por si alguien lo quisiera. La banda oscura que aparece en la imagen de arriba, corresponde a la franja de totalidad, y en el original es plateada, aunque al digitalizarla, presenta este curioso efecto. El otro objeto que llamó mi atención fue un lápiz hecho enteramente de grafito. Es decir, el lápiz es todo mina, como una cera, con una fina capa de barniz en el exterior para no ensuciar los dedos del usuario. Me aprovisiono de varios de ellos y a la vuelta son la sensación de la oficina.

Es la hora de comer y vamos a probar otro sitio recomendado en las guías: La Panorama Csarda. En lo alto de una pequeña colina junto al lago, la vista, sin ser especialmente maravillosa, es al menos distinta a las anteriores. Otra vez el problema del idioma con los camareros, que no son precisamente “chiquillos”. La carta, en húngaro y en alemán, nos hace echar mano de las guías otra vez. Casualmente, encuentro algo que me suena parecido a lo que comí en Balatonfüred y por fortuna doy en el clavo. Otra vez despierto la envidia de mis compañeros de mantel. Después de una opípara comida, generosamente regada con vino y cervezas varias, los camareros descubren que, aunque extranjeros, nuestros gustos son muy parecidos a los suyos, al menos en lo que a la bebida se refiere. Cuando para finalizar les pedimos repetir otro chupito de “palinka”, al hombre que nos ha servido, con una sonrisa de oreja a oreja, sólo le falta abrazarnos. Un éxito si tenemos en cuenta que al principio únicamente emitía bufidos de impaciencia. Prueba superada. Ah, y la calificación que se le daba en la guía era acertada.

Continuará...

La Cerceta común

Para los amantes de la naturaleza en general, y de la avifauna en particular, Elche dispone de varias zonas húmedas –unas en su término municipal y otras lindando con él- donde avistar ejemplares de distintas especies. El Hondo, el Clot de Galvany, las Salinas de Santa Pola, las del Pinet (prácticamente una prolongación de las anteriores), el río Vinalopó en sus tramos finales no “domesticados”, incluso en el Pantano, antes de la rotura de la compuerta de la presa. Como ya prometí hace algún tiempo, periódicamente les iré incluyendo algunas de las imágenes que he podido ir tomando a nuestros simpáticos y –en la mayoría de los casos- desconfiados vecinos. Inauguro esta sección con el más pequeño de los patos comunes: la Cerceta común (Anas crecca).
En el Clot pude “capturar” a este macho, atusando su plumaje junto a su compañera, de apariencia mucho más discreta (cosa normal entre las aves), totalmente indiferentes a la presencia de su observador. Con respecto al Clot, tengo un librito por casa, publicado en 1992, titulado “Regeneració ecològica i utilització pública de les zones humides: El Clot de Galvany d’Elx”. En él se recogen las actas del primer seminario de gestión ambiental, celebrado en Elche en febrero de 1991, por la Institució Catalana d’Història Natural. Pues bien, incluye algunas fotos del marjal, una de ellas tomada en Agosto de 1990, en la que apenas se ven huellas del paso del hombre. Intentaré tomar otra actualizada desde el mismo lugar, y les pondré las dos para que vean cómo ha cambiado la zona en 17 años.

viernes, 6 de julio de 2007

El 600

Aquel domingo por la mañana, como cualquier otro del verano, estábamos mi hermana y yo en el coche, aparcado en la puerta de mi casa, esperando a que mis padres terminaran de preparar las cosas para irnos a la playa. Era un Seat 600, el único de la calle, que mi padre había comprado hacía poco para poder desarrollar su trabajo de representante (entonces se decía “viajante”. De calzado, cómo no). Mientras bajaban para irnos, nos sentábamos delante. Normalmente, ella hacía de clienta y yo de chófer, imitando los movimientos que veía hacer a mi padre cuando conducía, moviendo el volante, tocando la bocina, pero sin llegar a accionar las palancas ni pisar los pedales, entre otras cosas porque no alcanzaba. Aquella mañana, decidí que había que darle más realismo a la cosa y sin saber cómo, quité el freno de mano y la marcha atrás que estaba metida, con lo que el coche salió lanzado cuesta abajo y se detuvo en medio de la plaza de S.José. Por suerte, nuestra casa estaba casi al final de “la costera”, con lo que apenas recorrimos 30 metros, pero aún tuvimos tiempo de llevarnos por delante la bicicleta que un vecino tenía aparcada delante de su casa, quien al salir al oir el ruído, fue quien primero nos auxilió. La cosa tampoco tuvo peores consecuencias debido al poco tráfico que había entonces, como ya conté en otro post. Y el super-castigo que ya estaba yo calculando que me esperaba, quedó en nada gracias a que para mis padres fue mayor el susto que el enfado. Mi madre atendía a mi hermana, que tenía un golpe sin importancia en una ceja, mientras mi padre aguantaba cabizbajo las explicaciones y posterior sermón del vecino. Por desgracia, no nos volvió a dejar solos nunca más en el coche.

jueves, 5 de julio de 2007

Eclipse XI

13 DE AGOSTO (BUSCANDO RUINAS) - La Capital

Budapest, como toda capital que se precie, tiene unos accesos bastante complicadillos para quien no los conoce, a lo que hay que añadir el problema que suponen las obras que todas las administraciones del mundo acometen en las fechas más inoportunas, que suelen coincidir siempre con las de afluencia masiva de visitantes. Pero bueno, para salvar ese primer escollo y con mi buena habilidad negociadora, convenzo a Joseph para que salga a recibirnos a una gasolinera en las afueras. Tras un pequeño despiste y el consiguiente retraso, nos encontramos y hacemos trasvase de pasajeros: Vicen y Alberto se pasan a su coche, y el resto lo seguimos detrás en el nuestro. Después de un rápido cursillo de conducción por la capital con consejos del tipo “no se te ocurra ocupar el carril del tranvía, pues se te puede caer el pelo”, etc., comienza la persecución propiamente dicha. Siguiéndolo, comprobamos cómo se salta a la torera casi todas las recomendaciones que nos había hecho, aunque, todo hay que decirlo, los que nos rodean son mucho más temerarios que nosotros. Finalmente, llegamos a las inmediaciones de la Iglesia de San Matías, donde dejamos los coches y seguimos andando. Nuestro anfitrión hace honor a su título y nos va explicando todo lo que vemos, añadiendo algunos toques de fino humor aprendido en sus días de estudiante en España. Un ejemplo: Casi todo está en obras allí arriba, edificios en ruinas, excavaciones... Cuando detrás de un cercado vemos a una cuadrilla hacer zanjas como para cimientos, le preguntamos qué están haciendo y su respuesta es de lo más elocuente: más ruinas. Llegamos por fin a la Iglesia y al Bastión de los Pescadores, desde donde se divisa una bonita panorámica de la ciudad, con los puentes sobre el Danubio y las barcazas que lo navegan en ese momento. Después de recorrerlo todo y de encontrarnos a 400 o 500 españoles, la mayoría de ellos catalanes, decidimos hacernos una cervecilla, pues si bien el cielo está encapotado, la humedad es bastante alta y la sensación de bochorno invita al consumo de Radeberger. Cuando ya estamos saliendo, vemos a nuestra izquierda un edificio con una cúpula enorme y una estatua ecuestre delante. Sorprendentemente, casi nadie baja los cuarenta o cincuenta escalones que lo separan de nosotros. Curiosos, le preguntamos a Joseph y éste nos informa de que es el Palacio donde la Emperatriz Sissi venía a pasar los veranos, pero que casi nadie baja porque todo el mundo se para en lo que ya hemos visto y se va. Decidimos acercarnos en un momento y cuando llegamos frente a la estatua que está en la puerta, vemos con sorpresa que tanto las caras “ocultas” de ésta como la de la cúpula, presentan un aspecto deteriorado, totalmente distinto al que se podía percibir desde nuestro anterior observatorio. Esta curiosidad nos la vamos a encontrar en otros monumentos y edificios a lo largo de la visita, pues nos informa nuestro cicerón sobre la escasez de recursos económicos del País en general y del Ayuntamiento en particular, pero donde no llega el dinero llega el ingenio. Una prueba palpable de ello es el edificio del Parlamento, al otro lado del río. Desde donde estamos se ve resplandeciente, magnífico. Cuando por la tarde lo visitamos, comprobamos que han pulido algunas piedras aleatoriamente en la fachada, dando de lejos la impresión de estar restaurado por completo, aunque de cerca da una sensación curiosa, si no grotesca. Nos habríamos acercado más allá de la gruesa cadena que lo circunda, si los guardias, armados y con cara de pocos amigos, no nos hubieran disuadido de ello con un par de gestos que acabaron de convencernos de que no habíamos tenido una buena idea. Antes de esto hemos visitado el museo nacional, donde no nos han dejado entrar nada, ni mochilas, ni riñoneras (glub) ni nada. Dejo las cosas en una taquilla con algo de desasosiego. Me preocupa que me roben todo el equipo fotográfico, los carretes de diapositivas con las fotos del eclipse, etc. pero lo que más inquietud me produce es pensar en dejar allí la riñonera con el dinero de Miklos, que forma un todo conmigo desde aquella noche en Tihany. Afortunadamente, todo sale bien y después de un recorrido que sería la envidia de cualquier excursión del Inserso, recupero mis pertenencias (y las de mi jefe). Para la comida, Joseph nos tiene reservada una grata sorpresa. Nos lleva a un restaurante en la parte más antigua de la parte antigua de la ciudad: Buda. En una calle empedrada, flanqueada por vetustos edificios de no más de dos plantas, nos espera la mejor comida de todo el viaje. Por calidad, cantidad y precio, es una experiencia para repetir. Si el goulash que hemos probado hasta ahora nos ha parecido insuperable, éste es un manjar de dioses. Descubrimos nuevos matices para la gama de sabores picantes que conocemos. Todo, empezando por la bebida y acabando por la verbena de postres que nos sirven (la pastelería magiar tiene fama mundial) satisface al más exigente de los paladares de los que allí estamos (es decir, el mío). Nuestro guía insiste en pagar la cuenta, pues estamos en su país y quiere tener el gusto de invitarnos, pero no se lo consiento. Sé que está algún tiempo sin trabajar, además de que nos hemos presentado seis gorrones y lo que para nosotros es una cantidad casi ridícula para lo que hemos comido, sé positivamente que va a suponer un serio varapalo para su maltrecha economía. Para aplacar un poco su enfado, que además parece sincero, le explico que nos ha hecho un gran servicio mostrándonos su ciudad, perdiendo todo un día con nosotros y que invitándolo a comer, no saldamos ni la mitad de la deuda que tenemos contraída con él. Cuando volvemos a los coches hacemos intercambio de vinos y nos marchamos rápidamente hacia el aeropuerto, pues Alberto vuela la mañana siguiente hacia España. Allí nos separamos, previo reparto de besos y abrazos y nos volvemos para Vonyarcvashegy.

Continuará...

Banda ancha

Tachín, tachínnnn. Después de más de un año, y de muchos intentos con distintas compañías, ¡¡¡POR FIN!!! tenemos ADSL en casa. Esto, que para muchos será una tontería, ha supuesto para mi familia una gran alegría. El siglo XXI llegó a mi hogar. Ahora podremos enviar -sin miedo- fotos a los amigos, actualizar los programas, etc. En cuanto a este blog, no me permitirá escribir en él más y mejor, pero sí ponerlo al día con más rapidez. No sé si el cambio en la centralita habrá tenido algo que ver, pero desde el pasado sábado hasta anteayer hemos estado sin línea, o sea, que lo he tenido todo muuuuy abandonado. Espero recuperar pronto el tiempo perdido.

Pues eso. Manos a la obra.