martes, 28 de agosto de 2007

Cómeme el coco, negro

Hace ya algunas semanas estuvimos en el Gran Teatro, viendo el espectáculo montado por La Cubana con motivo de su 25 aniversario: “Cómeme el coco, negro”. Cuando nos enteramos, ya no pudimos conseguir entradas del patio de butacas, teniendo que conformarnos con la primera fila del 2º anfiteatro. Aunque la visibilidad era perfecta, lo bueno habría sido estar abajo, máxime porque en esta obra el espectador forma parte del espectáculo. Algunos se involucran tanto, que hacen pensar si no serán un miembro más del elenco. Aunque llegamos con 15 ó 20 minutos de antelación, el director estaba esperando en la puerta, nervioso, dándonos achuchones para que entrásemos, pues llegábamos tarde. En efecto, en el escenario, alguien cantaba el “Soy minero”, de Antonio Molina. Veinte minutos después de la hora prevista de inicio, los actores ejecutan el número final y se baja el telón, dejando a la mayoría del público sorprendido, mirándose con cara de tonto. Tras los momentos iniciales de estupor, se abre la cortina y una de las coristas anuncia que esto se ha acabado, que podemos irnos. En estas entra el director, corriendo nervioso pasillo abajo gritándoles a sus muchachos que comiencen a desmontar, que si no, no llegan. Algún espectador le pide explicaciones, comenzando entonces una acalorada discusión que... Pero no les cuento más, pues lo mejor es que, si tienen la oportunidad, vayan a verla. No les defraudará. Incluso les invitarán a cenar.

1 comentario:

Pepin dijo...

que malo era eso, casi me duermo