lunes, 6 de agosto de 2007

Eclipse XIII

15 DE AGOSTO

Es el momento de ir a ver el otro lado del lago. Por toda la carretera, coincidiendo con el fin de la quincena, nos encontramos con decenas de mujeres con carteles de cartón o de madera intentando alquilar sus casas, que han quedado desocupadas. Visitamos Siofok, que fue uno de los lugares donde se organizó más movida con motivo del eclipse. Allí compramos un par de camisetas conmemorativas del evento, comemos en otra de las Csardas recomendadas y volvemos a Tihany utilizando el transbordador. Al ser festivo, hay muchos húngaros que se han desplazado desde otros puntos del país hasta el lago. El barco va atiborrado. Un velero apura demasiado una maniobra de cruce y nos pone el corazón en un puño. Pasa por delante de nosotros a escasos 10 metros. En Tihany paramos un poco a tiendear y a ver la abadía y sus alrededores, que sólo hemos visto desde la carretera el día que vinimos a cenar con Miklos. Se respira una atmósfera de placidez que nos incita a comprar un helado muuuuy cremoso. En los puestos de los hippies nos hacemos también con un par de cajitas sorpresa, con las que disfrutaremos mucho a la vuelta. Estas cajitas, hechas enteramente de madera, del tamaño de un paquete de tabaco, llevan una tapa corrediza en uno de sus lados con un pequeño pomo. Al deslizar la tapa para ver su interior, sale rápidamente una pequeña serpiente que “pica” el dedo de quien la manipula. El mecanismo está tan bien sincronizado que no hay tiempo de poner el dedo a salvo. Quien la abre, es inexorablemente picado por la culebra.

Se hace de noche y volvemos a casa a atiborrarnos de salami. En el pequeño huerto que los propietarios tienen detrás de la casa, unos tomates están en su punto exacto de madurez. Decidimos comerlos, con cierto remordimiento, pero pensamos que, si los dejamos como están, cuando nos vayamos ya no serán aprovechados por nadie, porque se habrán echado a perder. La ensalada de esa noche es memorable: dos tomates recién cogidos de la mata, con aceite de oliva virgen que hemos traído desde España. Cada trozo nos sabe a gloria. Hasta el salami está mejor que nunca. A veces, las cosas más sencillas son las que más placer nos proporcionan. Mmmm.

Continuará...

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