lunes, 6 de agosto de 2007

¡¡¡Vacaciones!!!

Pues sí, hoy he empezado mis vacaciones. Es posible que en la última semana hayan notado un poquito de abandono en este su blog, pero en la postrera semana de curro pre-vacacional, el trabajo se multiplica, así que no he podido atender mis obligaciones como hubiese sido mi intención. Espero tener tiempo estos días para contestar a algunos comentarios que han llegado, para escribir un poquito, leer un "muchito" y, sobre todo, descansar. Y si las enfermedades de mis padres y suegra nos dan un respiro, posiblemente vayamos unos días a mi rincón favorito en la Sierra de Gredos, a rascarme la espalda en los pinos, a ver a los milanos reales sobrevolando los prados, a los arrendajos –en mi opinión, el más bonito de los córvidos- bañándose en los regatos que bajan al jovencísimo Tormes, compitiendo en colorido con pequeñas libélulas de un azul –o verde, u oro- tan metálico, que no parecen obra de la naturaleza, sino de algún habilidoso constructor de juguetes. Desde las ramas más bajas, carboneros y pinzones nos saludan con sus cantos y con sus nerviosos movimientos, mientras que más arriba, en las copas, los ratoneros escrutan el suelo en busca de algo que comer. En los prados, vacas negras como toros –la vaca avileña, cada vez más escasa- pastan en compañía de caballos y cornejas que, atrevidas, entran entre sus patas a picotear el suelo. Y arriba, en lo más alto, entre piornales y rocas, la reina de la sierra: la cabra montés. Con un poquito de suerte, no es muy difícil verlas, haciendo equilibrios que parecen imposibles en las agudas aristas de granito...
En lo gastronómico, la oferta es muy variada, pero uno de mis platillos favoritos es el de “patatas revolconas”, un clásico de la sierra, del que siempre abuso cuando ando por allí. Es una especie de puré de patata, de un tono rojizo o anaranjado, acompañado por crujientes torreznos y un par de guindillas verdes (cruentets las llamamos aquí). Ya me contarán si las prueban. Y si la noche les sorprende por la zona, no olviden alzar sus ojos al firmamento. Creo que los que hayan estado allí, coincidirán conmigo en que es el mejor cielo -astronómicamente hablando- de la península.

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