martes, 13 de noviembre de 2007

Yo sobreviví a dos Oktoberfest

Si de viajes hablamos, tengo dos espinitas clavadas que algún día, espero que no muy lejano, me sacaré. Una es la de los mercados navideños en Alemania –o en Suiza, donde llevan unos años muy en boga-, con su nieve, su vino caliente, sus pastas, y sus puestecitos de madera. Más que para comprar –que también-, creo que iría a empaparme del ambiente. La otra espinita, más gastronómica si cabe, es la Oktoberfest (La Fiesta de la Cerveza), en Munich. Al precio que se han puesto los vuelos, no sería de extrañar que nos hiciésemos el ánimo cualquier año, y un fin de semana nos dejásemos caer por allí. Mientras tanto, nos tendremos que conformar con las que las colonias alemanas celebran en España, por ejemplo en Calpe. El año pasado estuvimos a punto de ir, pero finalmente no lo hicimos. Este año, que ya lo teníamos decidido, coincidió la fecha con la de la mayor tormenta que ha conocido la pequeña ciudad vecina, que aún está recuperándose del diluvio. Para compensar, hicimos provisión de cerveza alemana en varios formatos (barriles y botes de distintos tamaños y marcas) y de salchichas de varios colores y sabores, que degustamos tranquilamente en casa en compañía de los amigos. De esto hace un mes más o menos, pero la recuperación ha sido larga. Para redondearlo, mi cuñado Juan, con motivo de su cumpleaños y el de mi amigo Vicen, que caen en la misma semana, decidió que sería una buena idea el celebrar, el pasado sábado, otra Oktoberfest en su casa, con un barril de Alhambra especial, quesos variados y otros productos de la tierra (lo digo por el cerdo, que anda y se revuelca por ella). Si a ello añadimos un par de botellitas de vino, una de cava (para brindar), una riquísima tarta, un litro de pacharán Ziordiak, que trajo Alberto desde Estella, de la cosecha familiar de su señora, unos licorcillos alemanes en botellitas mini* y dos cajas de puritos, obtendremos una bonita resaca (o convalecencia según los casos) que amenizó nuestra mañana de domingo (yo no pude, porque tenía que arreglar la lavadora). Hay que tener en cuenta, además, que fallaron 4 comensales, y a los que quedamos no nos gusta dejar cosas en la mesa. En fin, para que se hagan una idea, ahí va una foto en la que capté algo de la felicidad del momento. Si quieren ver más, no tienen más que pedirlo.


*Ya sé de dónde sacó Andrés Montes lo del tiki-taka. Es una costumbre alemana de, en las sobremesas, sacar estas pequeñas botellitas de licor de hierbas, o de higo con vodka, que tienen un número de dos cifras en el culo. Antes de iniciar la ronda, se decide si pagará el que tenga el más alto o el más bajo, se golpean las botellas contra la mesa diciendo lo de tiki-taka hasta que se forma espumilla en su interior, y entonces se apuran de un trago. Se comprueba quién ha sido el perdedor, y se inicia una nueva ronda... Para que luego digan que en los mundiales no se aprende ¿eh, Salinas?

1 comentario:

Pepin dijo...

tienes que beber cerveza sin alcohol, y fumar menos che