viernes, 1 de febrero de 2008

"El Simago"

De nombre Simago, y Prisunic de apellido, se presentó en nuestra ciudad en la primera mitad de los 70. Construidos en el solar del antiguo Cine Victoria, fueron los primeros “Grandes Almacenes” de Elche (hoy hay allí un Hiperber). Pronto se convirtió en un reto para los chavales el ir a “afanar” algo, burlando la vigilancia de las atentas y guapas señoritas de uniforme que, pasillo sí pasillo no, no nos quitaban ojo de encima. Que estábamos montando el belén en el colegio y nos faltaban pastores... pues al Simago, también llamado “Si-mango” por los precoces émulos de Caco. Aparte de estas menudencias (siempre hubo más ruido que nueces), el nuevo Súper se hizo famoso por poner al alcance de los ilicitanos las primeras escaleras mecánicas, que subían desde el sótano, donde estaba el supermercado en sí, hasta la primera planta, donde encontrábamos el menaje, ropa, bazar, perfumería, juguetes, etc. También fueron legendarias sus palomitas, que se fabricaban en la misma puerta, a la vista de todos. Era un ritual ver cómo la dependienta de turno iba echando los ingredientes en la máquina: el maíz, la sal, el cacito de aceite, para después de unos breves minutos ver salir la cascada de palomitas que se amontonaba contra los cristales. Por un duro, te daban una bolsa de respetable tamaño, que fue motivo de inspiración para algún anónimo poeta urbano, quien puso letra a la famosa canción instrumental de Los Pekenikes: “Palomitas de maíz, palomitas de maíz, en Simago por un duro una bolsa para ti...” Otra de las novedades que trajo a la ciudad, la supuso la invasión de las bolsas de plástico serigrafiadas con el logo de la casa. Era raro ver a alguien por la calle sin una bolsa de Simago a cuestas. También trajo la revolución en las costumbres de muchas familias ilicitanas, que pasaron de hacer sus compras en distintos comercios o en el mercado, a hacerlo casi exclusivamente allí. En mi casa concretamente, los viernes por la tarde o los sábados por la mañana íbamos a hacer la compra general, dejando para el pequeño comercio las necesidades de última hora y los olvidos. Fue el principio de la desaparición de las tiendas de barrio, que se vieron sorprendidas por esta primera ola, prácticamente inofensiva, comparada con el tsunami que les vendría luego encima...

3 comentarios:

faelo dijo...

ya ves... todas las tardes, despues del colegio, nos juntabamos los coleguillas al grito de vamos a ver "simango", lo malo es que de tanto ir ya nos habian echao el ojo y no paraban de controlarnos de aqui para alla... de todas maneras yo me hice con una buena coleccion de objetos pequeños que cogian perfectamente en los bolsillos de la rebeca o cazadora de turno. Recuerdo perfectamente las pelotas de tenis, las carterillas pa las llaves... en fin ya sabes que siempre he sido un poco cleptomano...

Pejiguera dijo...

No sé si lo tuyo era cleptomanía o síndrome de Robin Hood, pero para eso hay que valer. Recuerdo yo que una vez, con mi primo, quería comprar pegamento y parches para reparar una barca hinchable que tenía pinchada, y tantas vueltas le dí a los dos o tres que tenían, que pensaron que me había escondido alguno, así que nos llevaron al cuarto de tortura y nos amenazaron con llamar a la policía y a nuestros padres, especialmente a mí, que era el principal sospechoso. Yo les decía que me registraran, porque no llevaba nada escondido (y era cierto), pero no me pusieron la mano encima, y después de la tortura psicológica, me hicieron pagar los parches ¡y no me los dieron! Luego, más mayorcito, pensaba en el pollo que les podía haber montado por haberme humillado sin razón, pero en aquel momento sólo pasaba por mi cabeza la que me caería encima si mi padre se enteraba, aún siendo inocente.
Y es que, pese a todo, éramos mucho más "pavos" entonces que los chavales de ahora.

Anónimo dijo...

Muy buenos los comentariio