lunes, 31 de marzo de 2008

The Dark Side of The Andalusí Moon

Señoras, señores, ¡NOS VAMOS A GRANADA!

-- ¿Y qué? –dirán ustedes-, ¿qué tiene eso de especial?

Pues que toca Roger Waters

-- ¿Otra vez? ¿pero no fueron ya el año pasado?

Pues sí, pero vale la pena. Además, el año pasado fue en Barcelona y éste es en Granada. Aprovecharemos para ver La Alhambra en primavera, tapear... aparte, claro, de disfrutar del concierto en la compañía de unos buenos amigos (como en el 2007). Es una pena que la familia floydiana de Madrid (Paco, Pili, Eva, Román, Jose, etc.) no pueda venir esta vez, pero nos haremos alguna cervecilla a su salud.

-- ¿Y cuándo es?

El 9 de mayo, a las 22:00 en el campo de fútbol de Atarfe, una pequeña localidad del cinturón granadino. Así que ya saben, si les gusta Pink Floyd y no pudieron ir a Barcelona, no se lo pierdan bajo ningún concepto. No volverán a tener otra ocasión como ésta (aunque lo mismo dije el año anterior, y miren...)

Espero que queden camisetas.


miércoles, 26 de marzo de 2008

Lecturas - 3ª parte

Y para terminar este mini-ciclo, les voy a hablar de Harry Flashman, el cabroncete personaje que George MacDonald Fraser se sacó de la manga para contarnos las distintas “fiestas” que, en el siglo XIX, el imperio británico tenía a lo largo y ancho de este mundo. Cojan una coctelera y añadan estos ingredientes en generosas dosis: cobardía, misoginia, narcisismo, mezquindad, egoísmo, arrogancia, lujuria, traición, petulancia y falsedad, mézclenlos bien y sírvanlos en vaso largo añadiendo un buen chorro de alcohol y otro no menos generoso de buena suerte, y obtendrán algo muy parecido al héroe más anti-heroico de la literatura: Harry Flashman (Flashy para los amigos). Este hijo de papá, pendenciero, mentiroso y borrachín, nos narrará, de forma muy ágil y amena, sus aventuras y desventuras en el ejército de su país, en el que ingresa como oficial –cómo no- gracias al dinero de su padre y a las influencias de su tío materno, ello tras ser expulsado de la escuela por el cúmulo de virtudes ya enumeradas. Aunque se le ve el plumero en muchas ocasiones, siempre se las arregla para salir bien parado en la mayoría de ellas, gracias a su carencia total de escrúpulos y a la buena estrella que le acompañará en todo momento. Dejando de lado la repulsiva personalidad del fullero personaje (si creen que me estoy excediendo, léanlo), la novela narra con bastante fidelidad –según lo que he podido averiguar- la desastrosa campaña protagonizada por el ejército imperial en Afganistán. Explica, muy bien además, la particular idiosincrasia de los guerreros afganos (o al menos el estereotipo que todos tenemos de ellos) tan de actualidad aún en nuestros días.

Lo peor: el protagonista resulta en algunos momentos tan repulsivo, de una miseria moral tal, que revuelve el estómago. Se llega a desear que “los malos” acaben con él de una vez.

Lo mejor: es el primero de una serie de 12 libros y, pese a todo lo que he dicho, estoy ansioso por leer el próximo (je, je).

Agradecimiento: a mi viejo y buen amigo Paco S., de quien desconocía su faceta lectora (aunque lo suyo es ansia más que afición), hasta que nos encontramos hace unos días en la FNAC de Alicante y me recomendó este librito. Un abrazo desde aquí.

lunes, 24 de marzo de 2008

Lecturas - 2ª parte

Pues sí, el segundo libro del cual quería hablarles es El péndulo de Foucault, de Umberto Eco. Tenía pendiente su lectura desde hace tiempo, pero no me había atrevido a comprarlo, pues había leído y oído comentarios muy dispares sobre el mismo. Menos mal que el buen amigo Vicen, que todo lo tiene (o casi todo), me lo prestó junto con el diccionario –muy útil en algunos pasajes, por cierto-, no sin antes advertirme con una socarrona sonrisa de lo que me esperaba. Y bueeeeno. Cuando al sábado siguiente, mientras nos hacíamos la cervecilla del mediodía, me preguntó que qué tal lo llevaba (entonces iba por la mitad), se lo resumí con una frase: Una Ida De Olla (así, en mayúsculas). Y curiosamente coincidimos. Parece mentira que una misma persona pueda escribir dos novelas tan distintas. Quien haya leído El nombre de la rosa y espere encontrar en El péndulo el mismo estilo que en el anterior, que no lo abra. Hay breves destellos en los que la intriga y el suspense brillan de forma amena e interesante, pero se alternan con los mucho más abundantes episodios oscuros y espesos, carne de psicoanalista. Dos semanas más tarde, en el mismo escenario, con el libro ya finalizado, le dije a Vicen que la única conclusión lógica que podía sacar es que Eco había escrito esa obra como libro de texto para sus alumnos de semiótica, y que su editor, animado por el éxito de El nombre de la rosa, le convenció para publicarlo como otra novela, teniendo que introducir sobre la marcha algunas modificaciones para hacerlo más asequible al público general (para que vean que también yo soy peliculero). Es, en resumen, un libro que desata pasiones (gusta o no gusta) y que a nadie deja indiferente, lo que ya es, de por sí, un mérito. Yo, de momento, lo único que puedo decirles es... que no lo compraré. Además, me queda una duda: ¿me atreveré con Baudolino?

Y dejo para una tercera parte a Mr. Harry Flashman. No se vayan todavía, aún hay más.

viernes, 21 de marzo de 2008

Lecturas

En las últimas semanas he estado leyendo tres libros recomendados por distintos amigos, con resultados también dispares. Les contaré:

El primero de ellos fue La caída de Constantinopla 1453, de Steven Runciman. Tenía tantas expectativas puestas en él que, quizá por eso, me defraudó un poco. Esperaba más “molla” en el relato, pues el argumento –la toma por los turcos de la vieja y decadente capital de Bizancio- creo que podría haber dado mucho más de sí. Todo es cuestión de gustos, naturalmente, pero en mi opinión, Sir Steven se limita a narrar de forma demasiado aséptica –casi lo llegué a imaginar como un presentador del telediario dando las noticias- el asedio y las circunstancias socio-políticas del momento. En el prólogo, de Antony Beevor, se cita que esta heroica gesta inspiró a Tolkien en El Señor de los Anillos. Como las comparaciones –dicen- son odiosas, no les diré nada más.

El libro está editado por Javier Marías desde su “Reino de Redonda”. No soy especialmente pijotero con la presentación de los libros, pero me parece que éste lo han diseñado con pésimo gusto. Cubiertas de amarillo chillón, que casi hace daño a la vista, con letras azules, inspirada en la primera edición inglesa (de 1908) de la novela The Lost Viol, de M.P.Shiel. En el interior las cosas no mejoran. La tipografía escogida, de tamaño XXL, parece más propia de Teo se va a Constantinopla que de una obra de estas características. Como remate, en los apéndices que cierran el libro, Marías nos presenta, en un innecesario alarde de snobismo, a toda la “nobleza” de su Redonda (en inglés y castellano).

Pese a todo lo expuesto, es un libro que deberían leer si, como a mí, les gusta la Historia, pero no lo compren como entretenimiento, pues muy probablemente se les caerá de las manos.

Como me he extendido más de lo que pensaba con esta entrada, dejo para mañana las reseñas de los otros dos libros: El péndulo de Focault y Harry Flashman. Y no olviden supervitaminarse y supermineralizarse.

domingo, 16 de marzo de 2008

Calendario: Marzo

La foto de este mes fue tomada hace muchos años –no menos de 10-, cuando la fotografía digital, tal y como la conocemos hoy, aún estaba en la imaginación de los ingenieros. La diapositiva original fue hecha con mi vieja y entrañable Olympus OM4 en un bancal cercano a la faeneta* de mis suegros. Kodak comenzó a fechar los marquitos de las diapositivas algo después, así que no tengo constancia de la fecha exacta, pero calculo que sería hacia finales de enero, un domingo soleado de esos en los que salía a dar una vuelta por los alrededores en busca del apaput y de otras presas fotográficas. Hice una ampliación, junto con otras dos imágenes, con el fin de presentarlas a un concurso que el Ayuntamiento anunció y aplazó luego temporalmente (aunque la provisionalidad se convirtió en eternidad, pues al día de hoy, que yo sepa, no se ha vuelto a convocar). Las tres fotos fueron enmarcadas y adornaron el salón de casa durante un largo periodo, a la espera del certamen que nunca llegó. Bueno, una de ellas sí que tuvo la oportunidad de participar en otro, organizado por la Concejalía de Medio Ambiente unos cuantos años después, ganando el primer premio en el apartado de fauna. Pero de esa foto hablaremos otro día...

* Así llamamos aquí familiarmente a las casas de campo, con tierras o sin ellas.

martes, 11 de marzo de 2008

Roger Waters ataca de nuevo

El señor Rogelio Aguas vuelve a las Españas. Si alguien se quedó con ganas de verlo (el año pasado estuvo en Barcelona) o de repetir, puede hacerlo, por un precio parecido, el próximo 9 de mayo en Atarfe (Granada). Si aceptan mi consejo, no se lo pierdannnnnn. Además, al ser el concierto un viernes, queda todo el fin de semana por delante para ver Granada, La Alhambra en primavera, el Sacromonte de noche, etc. ¿No les parece un buen plan?

Si alguien va a ir que lo diga, a ver si me animo.


Recuerdo del Palau Sant Jordi (2007)

viernes, 7 de marzo de 2008

miércoles, 5 de marzo de 2008

Los Gordos

Ya les hablé aquí, si bien de pasada, de Vicenta y Salborico (Los Gordos), los tenderos de mi barrio. Era la suya una casa-tienda, es decir, la entrada, bastante grande, se había adecuado para el negocio, y por un espacio que había detrás del mostrador, cerrado con una cortina de gruesa lona blanca y verde, se accedía a su casa. En verano, cuando apretaba el calor, la cortina estaba abierta para que corriera mejor el aire, y si uno se colocaba junto a los sacos de legumbres, que se vendían al peso, se veía perfectamente el comedor y el patio. Sobre el mostrador, que recuerdo altísimo, la báscula y un mazo de papel de estraza, para envolver las cosas. Lentejas, garbanzos y habichuelas, como dije antes, se vendían a granel. Salborico salía de detrás del mostrador y con un librador iba llenando la bolsa de papel (las de plástico aún tardarían un tiempo en generalizarse) o el cartucho que previamente había hecho con un rápido movimiento de manos. Además podíamos encontrar: plátanos en rama, “tonyina sorra”, patatas, cebollas, sardinas de bota, botes de conserva (llandas de atún, de anchoas, de mejillones, de berberechos...), pan, aceite, cerveza, vino, coñac, pero también papel higiénico (del oso o del elefante, que competían en dureza), ristras de estropajos, lejía (en aquellas pringosas botellas verdes con tapón rojo), jabón lagarto (que ahora resulta que es de Marsella), velas, cajitas de palomillas para el día de Todos los Santos, cerillas con el rabito de papel encerado... Y para los más pequeños, chicles Nina, Dunkin, Cheiw o Comando (estos últimos eran de estraite) , pipas Carancha (o de las otras, tan malas que hasta olvidé el nombre, que venían en unas bolsas opacas de color blanco, con pequeñas estampas adhesivas. Si llenabas el álbum te daban un balón de reglamento, creo), kikos, sidral, bolas rellenas de chicle, minúsculos pero riquísimos caramelos de nata, pastillas de leche de burra (no sé de que eran, pero estaban buenas)... Y ahora que nombro la leche, me vienen a la memoria aquellas botellas de RAM, anchas y sin apenas cuello, con el tapón de chapa que se clavaba sin piedad en mis dedos cuando volvía de la tienda con una en cada mano.

Ya hace tiempo que desaparecieron de las ciudades este tipo de comercios, y para llenar su hueco y el servicio que prestaban, cercano y casi continuo, tuvimos que inventar los 24 horas. Pero si quieren hacerse una idea mejor del aspecto que podían tener, aún quedan en el campo de Elche algunos establecimientos parecidos (La Perentona en La Hoya, por ejemplo). Sólo parecidos.

Ah, se me olvidaba. Había un ritual que Los Gordos siempre repetían cuando me marchaba y no había nadie más en la tienda: cuando ya estaba en la puerta, me llamaban, y cuando me giraba se besaban en la boca (como en las películas americanas, pero con algo menos de glamour). Era un beso corto, fugaz, pero siempre acababa con una gran sonrisa. Después de tantos años, he roto la promesa que les hice de no contárselo a nadie. Supongo que no les importará, pero por si acaso, no vayan publicándolo por ahí.

domingo, 2 de marzo de 2008

El charrán común (Sterna hirundo)

Dentro del recorrido que estamos haciendo por la avifauna local –que en la mayoría de los casos sólo está de visita-, el capítulo de hoy lo dedicaremos al charrán común. Esta golondrina de mar, de unos 35 cm. de tamaño, de voz chirriante y cola muy horquillada, pasa la mayor parte del día sobrevolando el agua en busca de comida, planeando y batiendo las alas hasta que divisa a su presa. Entonces se zambulle y rara será la ocasión en que no lo veamos salir con un pececillo en su afilado pico. Esto es, además, imprescindible en sus rituales de apareamiento. El macho siempre lleva su presa en la boca mientras hace acrobacias en compañía de la hembra, a veces a gran altura. Cuando se posa, pierde –en mi opinión- mucha de su elegancia, pues encoge el cuello y cruza las alas por encima de la cola. Cría en colonias, a veces mezclándose con avocetas, pero manteniendo las distancias. Hace una puesta de dos a tres huevos, como sus ocasionales vecinas, en un agujero mal disimulado o entre la vegetación de algún pequeño islote. En esta época se vuelve más desconfiado –si cabe- de lo normal. No tolera la presencia de –por ejemplo- gaviotas en las cercanías del nido. He podido ver a un grupo acosando a una que las triplicaba en tamaño hasta ahuyentarla. También pude experimentar su agresividad en una ocasión en que, sin saberlo, me acerqué más de la cuenta. Un par de charranes iban y venían en línea recta hacia mí, quedándose a un metro escaso de mi cara. Mi primera reacción fue quedarme quieto, hasta que comprendí lo que ocurría y me alejé muy despacito, para no ponerlos más nerviosos. Más tarde leí que no suelen atacar a las personas, pero si hubiese sido un perro, no habrían dudado en echarme de allí a picotazos.

Dos charranes en vuelo (uno de ellos cogido en un momento "delicado")