miércoles, 26 de marzo de 2008

Lecturas - 3ª parte

Y para terminar este mini-ciclo, les voy a hablar de Harry Flashman, el cabroncete personaje que George MacDonald Fraser se sacó de la manga para contarnos las distintas “fiestas” que, en el siglo XIX, el imperio británico tenía a lo largo y ancho de este mundo. Cojan una coctelera y añadan estos ingredientes en generosas dosis: cobardía, misoginia, narcisismo, mezquindad, egoísmo, arrogancia, lujuria, traición, petulancia y falsedad, mézclenlos bien y sírvanlos en vaso largo añadiendo un buen chorro de alcohol y otro no menos generoso de buena suerte, y obtendrán algo muy parecido al héroe más anti-heroico de la literatura: Harry Flashman (Flashy para los amigos). Este hijo de papá, pendenciero, mentiroso y borrachín, nos narrará, de forma muy ágil y amena, sus aventuras y desventuras en el ejército de su país, en el que ingresa como oficial –cómo no- gracias al dinero de su padre y a las influencias de su tío materno, ello tras ser expulsado de la escuela por el cúmulo de virtudes ya enumeradas. Aunque se le ve el plumero en muchas ocasiones, siempre se las arregla para salir bien parado en la mayoría de ellas, gracias a su carencia total de escrúpulos y a la buena estrella que le acompañará en todo momento. Dejando de lado la repulsiva personalidad del fullero personaje (si creen que me estoy excediendo, léanlo), la novela narra con bastante fidelidad –según lo que he podido averiguar- la desastrosa campaña protagonizada por el ejército imperial en Afganistán. Explica, muy bien además, la particular idiosincrasia de los guerreros afganos (o al menos el estereotipo que todos tenemos de ellos) tan de actualidad aún en nuestros días.

Lo peor: el protagonista resulta en algunos momentos tan repulsivo, de una miseria moral tal, que revuelve el estómago. Se llega a desear que “los malos” acaben con él de una vez.

Lo mejor: es el primero de una serie de 12 libros y, pese a todo lo que he dicho, estoy ansioso por leer el próximo (je, je).

Agradecimiento: a mi viejo y buen amigo Paco S., de quien desconocía su faceta lectora (aunque lo suyo es ansia más que afición), hasta que nos encontramos hace unos días en la FNAC de Alicante y me recomendó este librito. Un abrazo desde aquí.

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