martes, 13 de mayo de 2008

¡¡¡ Me cag_ en tu put_ poll_, cabr´n !!!

El maestro Waters en acción

Ésta, que se convirtió en la frase oficial del concierto –y del fin de semana-, la oímos cosa de veinte veces cuando Roger Waters comenzó a acariciar su bajo. El grupito que teníamos justo al lado, puesto de yerba hasta el culo, con un acento indescifrable, intercalaba cada tres repeticiones de la susodicha, la siguiente petición: ¡toca el güisyugüejee! ¡toca el güisyugüejeeee! Hasta que la tocó. Entonces no sé si se quedaron tranquilos por eso o porque les dio el bajón (la verdad es que habían empezado pronto), pero a partir de ese momento hubo relativa calma en el flanco izquierdo.

El escenario, dos horas antes del comienzo

He comenzado así la crónica del concierto para que se vayan poniendo en situación. Para los que no vieron a R.W. en Barcelona el año pasado, les diré que fue un concierto alucinante. Hay que agradecer a quien corresponda en Atarfe el esfuerzo que se ha hecho para traer un espectáculo de este tipo, pero si quieren aprender algo, sobre todo en organización, les aconsejo que se den una vuelta por Barcelona y pregunten por quien se encargó del del Palau Sant Jordi. Medio año antes de ir, yo ya sabía dónde me iba a sentar, mis entradas estaban numeradas y había amables señoritas –y señoritos- que lo acompañaban a uno hasta su asiento. En Atarfe las gradas quedaron casi vacías, pues la mayoría nos fuimos a pista al no haber traído los prismáticos. Como curiosidad les diré que las gradas VIP, y estamos hablando de papel a 120 euros+gastos, estaban más lejos de lo que yo estuve en Barcelona. Imagínense las normales. Aparte de estas minucias, en Montjuich todo funcionó como un reloj de precisión, es decir, el sonido no se cayó en la primera canción –aunque esto quedó subsanado en dos minutos escasos, todo hay que decirlo-, sonó PERFECTAMENTE en todo el pabellón, el astronauta salió y se dio alguna que otra vuelta, el cerdo voló y no fue pisoteado y descuartizado, el láser nos dejó con la boca abierta, la lluvia –de haberla habido- no hubiese entrado... En fin, que muchas pequeñas cosas se convierten en algo muy grande y cuando uno ha pagado 78 euracos (multiplicados por tres en mi caso), espera que le den calidad a cambio. Y la única nota de calidad la dieron los músicos y las chicas del coro.

Carol Kenyon, en pleno "Great Gig in the Sky"

Pero como hay que mirar el lado positivo de las cosas, les diré que, pese a todo, a-lu-ci-na-mos con el concierto, pues estábamos a 8 ó 10 metros del escenario. Al Sr. Waters casi le podíamos tocar. Y hay que estar ahí, a pie de pista. Aunque tengas que estar 6 horas de pie, aupando a tu hijo para que vea a su ídolo, aguantando la lluvia, los efluvios vegetales y animales, al capullo de turno que no para de hacer viajes no sé a dónde, y que además lleva una mochila de matrimonio a la espalda, con la que va dando empellones a diestro y siniestro... Otro puntazo fue el haber podido entrar la cámara y tomar algunas imágenes de cierta calidad, como pueden comprobar. Espero que los que no pudieron –o no quisieron- ir, puedan disfrutar, aunque sea mínimamente, viéndolas.

Graham Broad y Snowy White en acción en "Time"

En fin, resumiendo ya para acabar, no sé si todas las carencias que he nombrado fueron por culpa de la organización, pero si tuviese que puntuar, le daría un 9,50 a R.Waters y un 4,50 a la organización. Si, como yo, tuvieron la suerte de estar allí, ya me dirán.

Imágenes de fondo en "Set the controls for the heart of the sun"

2 comentarios:

Rafael dijo...

lo ratifico kabron.... y yo currando.

Pepin dijo...

no digas tacos