domingo, 27 de julio de 2008

El Superagente 86

Ayer, después de varios intentos fallidos, consiguieron llevarme al cine. Y cuando hablo de intentos fallidos, me refiero a la parte contraria. No me gusta el cine, o mejor dicho, no me gusta ver películas en el cine, salvo muy escasas excepciones en las que la –en ocasiones presunta- espectacularidad del largometraje lo requiere. Con la calidad de las actuales televisiones, equipos de reproducción y de sonido, la tan manida excusa de que en las salas se ve y se oye mejor quedó obsoleta hace tiempo. Además, visionando películas en casa que ya había visto anteriormente en el cine, he descubierto detalles que se me habían escapado en el estreno. Tal vez sea sólo un problema mío, pero prefiero ver las películas tranquilamente sentado en mi sofá, vestido como quiero, comiendo, o bebiendo, o fumando (no es el caso) cuanto y cuando desee y, lo más importante, a un volumen normal, no al que usualmente hay que sufrir en las proyecciones. Ayer por ejemplo, en los momentos álgidos, temblaba tanto el suelo que se me desataron las cordoneras un par de veces, y eso que no llevaba. Y de precios, mejor no hablar. Cualquier niño de primaria -o como se llame ahora- que haya aprendido algo de aritmética, podría calcular las sesiones necesarias para amortizar un buen televisor, por ejemplo. Pero bueno, dejando de lado esas minucias, he de reconocer que ayer disfruté como no lo había hecho desde mucho tiempo atrás. Si han leído el título y visto la foto de cabecera, habrán adivinado ya qué película estuvimos visionando. Fuimos con algo de recelo, pues normalmente, estos “homenajes” a las míticas series de nuestra niñez, aprovechando el tirón que éstas tenían, suelen ser “una ñora” como solemos decir por este rodal. Pero no, les ha salido un producto redondo: la elección de los actores ha sido muy acertada, y no sólo en parecido físico a los originales (vean el montaje de más abajo), el guión, los gadgets, el guiño nostálgico... En fin, que salimos contentísimos, con una sonrisa de oreja a oreja y con la agradable sensación de haber visto algo hecho con mucho, mucho cariño. Si les gustaba la serie, háganme caso, no se la pierdan. No les defraudará.

El parecido es notable, Anne Hathaway está guapísima en toda la película, pero me sigo quedando con la 99 original.

miércoles, 23 de julio de 2008

Caldo por correo

En el trabajo recibo a veces correos electrónicos que son auténticas joyas. Éste que seguidamente les transcribo, es una de ellas:

-------- Mensaje original --------

Asunto: [Info] para hacer paella / to make paella

Fecha: Fri, 4 Jul 2008 02:59:08 +0200


Responder a: noreply@gmail.com

Para: Undisclosed-Recipients:;

si le interesa hacer la paella, sabe necesita

un caldo de pescado. Nada mejor que nuestro fumet.

Con un solo kilo, puede hacer 7 u 8 litros de caldo,

lo hacemos con pescado de roca.

Un kilo se vende por 16,50 euros y podemos mandar

(es congelado) en toda la provincia y también por

correo en España. Mínimo son dos kilos.

Para más información:

1302 Distribución

c/. Plaza Gabriel Miró 22

03001 Alicante

tel. 615 824 428

email 1302.Distri@gmail.com

fax 966260290

Sin palabras. Bueno, sí: ¿cómo se mandan congelados por correo en España? ¿Podría enviar así un frigodedo a Rajoy o a Zp? Mmmmm...

domingo, 20 de julio de 2008

Granada - 3ª parte: La Alhambra

¿Qué les puedo decir de La Alhambra que ya no sepan? Pues, que si quieren subir andando desde Granada, hay una cuesta –que hay que ver lo que cuesta subir- que sale desde los mismos pies del Albaicín. Y allí estábamos nosotros, a las 10:30 de la mañana, después de un frugal desayuno (con cerveza incluida en mi caso) y con más sueño que Bush leyendo “Carta a un joven español”. Pero una simple pendiente no es obstáculo para unos montañeros “bragaos” como nosotros, curtidos por años de entrenamiento en Pampaneira y otros pueblos alpujarreños (si les han dicho que todos los bares están en la plaza, es mentira, hay que subir y bajar constantemente), así que nos plantamos al lado de los cañones en un abrir y cerrar de ojos. El cielo seguía encapotado y de vez en cuando soplaba una brisilla apta para el pre-curado de jamones. Después de vagar despistados durante unos minutos, averiguamos que aún teníamos que subir más, hasta la puerta principal, a canjear las entradas que habíamos sacado en Internet por otras de verdad. Teníamos reservada la visita a los Palacios Nazaríes a las 12:30, pero aún nos dio tiempo de cumplir todos los trámites y dar un paseo antes por la Alcazaba. Una intermitente, fina y apenas perceptible lluvia nos acompañó una buena parte de la visita. Los pájaros, descarados como no los había visto en ninguna otra parte, casi se dejaban tocar (incluyendo a mirlos y petirrojos), lo cual revela que hace décadas que no son perseguidos allí dentro. Pero mejor que contarles, creo que será que vean las fotos que acompañan a este texto.

Nuestros pies estaban pidiendo tregua y nuestros estómagos rugían como leones, pero aún tuvimos fuerzas para subir al Generalife y tomar alguna buena instantánea. A eso de las dos y media, bajamos a toda velocidad –la vuelta es cuesta abajo- en busca de cañas, tapas, más cañas y lo que se pusiera por delante. Por desgracia para nosotros, había muchísima gente que había pensado lo mismo, y además con anticipación, con lo que nos llevaban más de media hora de ventaja. Juanjo, que hizo de guía, nos llevaba a los mejores sitios que conocía, pero todos estaban a reventar. Exhaustos, nos dejamos caer en la primera mesa que vimos libre en la calle y, aunque las cañas eran medias, las tapas (bacalao con tomate, unos calamares riquísimos y un secreto ibérico de rechupete) nos calmaron momentáneamente, al menos hasta alcanzar nuestro siguiente destino, donde Juanjo consiguió hacerse un hueco en la barra y pedir unas tablas para llenar el que teníamos en el estómago. Hace años que no veía bares tan abarrotados como aquellos. Hasta las 16:30, coincidiendo con nuestra marcha, no comenzó la cosa a clarear. Yo habría ido a dormir un poco la siesta, pero con eso de que hay que aprovechar el tiempo, fuimos a la Alcaicería a buscar algo que nos ayudara a hacer bien la digestión. ¿Conocen la Alcaicería? Calles estrechas, de apenas dos metros de anchura, donde se alternan teterías, pubs, tiendas de souvenirs y todas esas cosas que tanto gustan a los turistas. En una de esas teterías probé el baklava, un clásico de la repostería bereber, tan energético y meloso que la NASA se está planteando incluirlo en la dieta de los astronautas, suprimiendo el resto de alimentos, claro. No había orujo, ni grappa, ni ningún licor seco y digestivo que suele venir muy bien en esos casos, así que el baklava tuvo que conformarse con la compañía de un pobre chupito de ron.


Una de las tiendas del barrio


Cumplido ese trámite, Juanjo se marchó a reunirse con su chica, recién llegada de Huéscar, y el resto, ahora sí, nos arrastramos hasta los apartamentos, donde habíamos quedado con el dueño para pagarle, y aprovechamos para descansar un poco antes de volver a salir, pues Dani quería comprarse una camiseta que había visto en un escaparate. La tienda en cuestión era “Por qué no te callas”, o “Cállate la boca”, o algo así, pero el caso es que el único interesado en principio casi se viene sin comprársela, y los demás cargamos de camisetas, llaveros y otras tonterías, para nosotros y para mi hija, que no se había querido venir y prefirió quedarse con el novio a vigilar la casa, la muy tonta. Muy ufanos con nuestras bolsas, nos acercamos hasta el coche a recoger el paraguas, pues la cosa estaba poniéndose fea por momentos. Creo que ya les dije antes que mi paraguas es de esos grandes, de los de golf (6 euros en Decathlon) (De nada), y desde que lo compré, ha ido conmigo a todos los viajes. Después de haber estado en la campiña inglesa, en Oxford y en un concierto de Roger Waters, ¿qué más puede pedir un paraguas? Pues aún hizo un buen papel en Granada, pues esa tarde-noche cayó lo que no está escrito, hasta el punto que hubimos de buscar refugio en un bar, donde tuvimos que hacernos, para disimular, un plato de jamón y unas cervezas. Por cierto, tenían la Budwar a un precio muy razonable, tanto, que nos hicimos varias rondas para celebrarlo. Ya nos íbamos cuando recibimos una llamada de Juanjo, diciendo que lo esperásemos, que venía a presentarnos a la moza (para los no entendidos, acontecimiento social de gran envergadura). Cuando llegaron, y por acompañarlos, nos hicimos otra cervecilla (sin ganas, claro).


Uno de los abarrotados bares del lugar

Esa noche caímos como piedras en las camas. No teníamos que madrugar, pero habíamos quedado a las 11 con la dueña para devolverle las llaves. Ya de vuelta, por el camino llamamos a Juanjo, quien se había quedado en Granada reponiéndose, para que nos recomendara algún sitio para comer. Siguiendo su consejo, hicimos una parada técnica en Baza, donde degustamos el mejor cochinillo que recuerdo haber comido nunca (gracias Juanjo). Para que vean.


El patio de la casa, en pleno Albaycín

Y así acaba un fin de semana intenso. Tan intenso, que hemos necesitado otros dos para recuperarnos del todo. Espero que el relato les haya gustado y hayan pasado un rato entretenido. Y si no, sigan probando. Igual un día acierto...


Ah, y gracias al amigo Daniel por la cesión de casi todas las imágenes que han acompañado las tres partes de que se compone este pequeño diario de viaje.

miércoles, 16 de julio de 2008

Calendario: Julio

La imagen que ilustra el mes de julio no está tomada en Elche precisamente, aunque en la época en que fue construída su protagonista, el Portus Ilicitanus formaba parte del municipio que le daba nombre. Aún hoy, Santa Pola es tomada literalmente por millares de mis paisanos cada verano en busca de no se sabe qué. No es un pueblo bonito (les podría citar sin pensar dos o tres de este mismo litoral que no tienen ni punto de comparación); sus playas son pésimas, de agua caldorra y arenas fétidas; su ambiente... bueno, eso ya es cuestión de gustos, pero llevo muchos años diciendo que, si alguna vez me pierdo, que no me busquen allí (al menos en verano); la presunta “frescura” no existe, o desaparece cada vez que he tenido que ir –también sería casualidad- por algún compromiso ineludible. En fin, que no me dan nada de envidia los que, veraneando allí por tradición o por moda, se acuestan a las tantas, soportando el ruído que todas las poblaciones “con marcha” tienen, y madrugan para aguantar las largas colas que se forman en dirección a Elche. Y de la vuelta a mediodía ni hablamos.

En fin, volviendo al tema que nos ocupa, la Torre, antiguo puesto de vigilancia que ha sido recientemente remozado, se encuentra dentro del Parque Natural de las Salinas de Santa Pola, junto a la carretera Alicante-Cartagena. Hay una pequeña área de descanso justo delante, desde donde he hecho bonitas fotos de puestas de sol, con sus flamencos y todo, y donde, con un poco de suerte y en la época adecuada, podrán ver bandadas de fochas alimentándose a escasos metros. Y si disponen de prismáticos y son un poco observadores, descubrirán alguna sorpresa más rondando por las orillas. Eso sí, tengan cuidado con los "chorizos" que andan a la caza del turista incauto. Cierren bien el coche y no lo pierdan de vista.



domingo, 13 de julio de 2008

Viaje a Birraland

Como ya les comenté por aquí en otra ocasión, en las próximas vacaciones nos vamos a la República Checa. Si no ocurre nada (esperemos que no), el próximo 9 de agosto nos estaremos subiendo a una avión con rumbo a Praga, donde recogeremos el coche de alquiler que tenemos reservado y nos encaminaremos con él en dirección Sur, hacia Cesky Krumlov, una bonita ciudad medieval, Patrimonio de la Humanidad (de oca a oca y tiro porque me toca), cercana al Parque Nacional del Sumava y a otros interesantes lugares que queremos conocer, entre ellos Ceske Budejovice, patria de la original Budweisser, cuyas cualidades están, en mi modesta opinión, a años luz de la copia americana. Para ir haciendo boca, hemos estado comprando de un tiempo a esta parte las dos marcas más conocidas de allí: la ya citada y la Pilsner Urquell. Como la primera venía en paquetes promocionales con posavasos, abrebotellas, etc., ya hemos conseguido medio ajuar. Y ya que hablamos de cervezas, he leído por ahí que la República Checa es un paraíso para los amantes del dorado líquido (yo mismo), pues no sólo cada pueblo tiene su propia fábrica, sino que en muchas tabernas elaboran su propia cerveza, superior en calidad en muchas ocasiones a la de las comerciales. Mmmm, qué mal lo vamos a pasar. La única pega va a ser a la hora de conducir. Tendremos que turnarnos o algo así, porque la tasa permitida por la Guardija Civilosky o como se llame allí, es de 0 (CERO) grados. Aunque en Hungría estábamos en el mismo caso, comíamos como hunos, bebíamos como cosacos y no nos encontrábamos ni levemente mareados. Cosas del clima, nos explicaron los nativos. Pero volviendo a Chequia y a Ceske Budejovice, casualmente es también allí donde fabrican aquellos lápices de grafito de que les hablé en el mismo post húngaro (si no lo han hecho ya, pulsen sobre el anterior enlace. En la palabra “nativos” para los que siguen sin enterarse) y que tanto éxito tuvieron entre mis compañeros de oficina. Ya tenemos dos fábricas y/o sus respectivas tiendas para visitar. Aparte de eso, la zona tiene los suficientes atractivos como para tenernos ocupados los seis días que estaremos allí. Luego, a Praga, a disfrutar de la capital y de los miles de visitantes que, como nosotros, no disponen de otras fechas para dejarse caer por allí. Si la presión turística en la ciudad ya es de por sí enorme en cualquier época del año, en Agosto supongo que tiene que ser la leche. De momento tenemos reservado un bonito apartamento en el corazón del barrio judío, prácticamente en el centro de la ciudad. Las perspectivas son bastante buenas, esperemos que no haya nada que las tuerza. Pienso que el principal problema que vamos a encontrar va a ser el de la gente (de la cual formamos parte, claro), pues me temo que nos vamos a encontrar colas hasta para fotografiar. Pero es lo que hay. De todos modos, no adelantemos acontecimientos. Eso está ahí encima -apenas faltan 4 sábados- así que dentro de poco espero estar aquí haciéndoles un primer resumen del viaje. Hasta ese momento, disfrutaré con los preparativos. Me divierto mucho viajando, pero preparándolo todo tampoco lo paso mal. Ya les contaré.

miércoles, 9 de julio de 2008

Artistes al carrer

Bueno, tenía pendiente escribirles algo sobre la última edición de Elx al carrer, extraordinaria manifestación artística por las calles de Elche de la que ya les hablé aquí y, mucho antes, aquí también. Como hoy no tengo muchas ganas de escribir, mejor les pondré algunas fotos, y ya juzgan ustedes si valió la pena. Lo que verán es una pequeña –pequeñísima- muestra de lo que foráneos y nativos pudimos disfrutar durante ese fin de semana. No pude ver muchas actuaciones, pero de las pocas en las que estuve, la que más me agradó fue la de Jorge Silvestre (Kung-Fu Silvestre), una mezcla de malabarismo, teatro y artes marciales, aliñados con un toque de humor que me gustó mucho.


Sólo una sugerencia para patrocinadores/organizadores/promotores y otros señores: pienso que la primavera es mejor estación para algo así (de hecho, la edición anterior se celebró en abril), pues los artistas, que no son tontos, se ponen a la sombra, dejándonos el tendido de sol al público. Aparte de eso, mucha gente, siguiendo una vieja tradición local, cuando llega el calor se marcha a la playa o a la “faeneta”, dejando la ciudad en “calsonsillets”. Pero nada, sea cuando sea... ¡a por la cuarta!


sábado, 5 de julio de 2008

Granada - 2ª parte. El concierto

En el cielo, una joven luna de apenas 4 días nos saludaba contenta, cuando en el escenario hicieron su aparición los músicos. No me había dado cuenta de que había tanta gente detrás nuestro hasta que oí el griterío. De pronto, empezó a sonar In the flesh, con fuegos artificiales incluidos, y aquello fue el delirio. No repetiré los gritos que sonaban a nuestra izquierda, pues ya los reproduje en un post anterior, pero durante quince o veinte minutos no escuchamos otra frase. Mother, Set the controls for the heart of the sun, Shine on you crazy diamond y Have a cigar precedieron a Wish you were here, que tuvo un efecto calmante en nuestros enfervorizados vecinos, aunque también puede ser que fueran ya de bajón, pues habían empezado muy pronto (habla la voz de la experiencia), si bien aún les quedaban suministros.



Lo siguiente en sonar fue Southampton Dock, seguido de The Fletcher memorial home, Perfect Sense en sus dos partes (con explosiones impresionantes) y Leaving Beirut, que ya me sorprendió en Barcelona y volvió a hacerlo aquí. No recuerdo bien si fue en la primera o en la segunda parte de Perfect sense cuando aquellas nubes de que les hablé antes, se pusieron encima nuestro y se pusieron a gotear, al principio suavemente, pero en Leaving Beirut y en Sheep, que cerró la primera parte del concierto, lo hicieron con avaricia. Me sentía como Noe: bajo un diluvio y rodeado de unos cuantos animales. Yo viajo siempre con un paraguas grande, de estos de matrimonio, que me viene muy bien para cuando voy con la cámara a cuestas, hacer las fotos a cubierto. Lo abrí al primer amago de lluvia, pero no tuvo buena aceptación por los vecinos de atrás, así que cuando empezaron a llover gritos y ante la eventualidad de que pudiesen llover también collejas y se liara, opté por cerrarlo.


Animalico, no sabía aún lo que le esperaba

En Sheep es cuando aprovechan para soltar al cerdo, que para esta ocasión había sido decorado por El niño de las pinturas, grafitero muy famoso en Granada. No sé si por la lluvia o por los borregos que tiraban de él hacia abajo, el marrano no llegó a volar, pese a las insistentes peticiones que Roger Waters hacía desde el escenario. Pasó por encima nuestro, pudimos tocarlo y, en mi caso, frotar mi cabeza en su vientre (fueron unos segundos de gloria y de alivio, por lo que tapaba), pero siguió su lenta deriva hacia la derecha (donde dicen que estaba antes el PP), hasta que lo perdimos de vista.


Camino del matadero


En ese momento llegamos al descanso, y Pepe -mi hijo-, que durante esta primera parte se lo había pasado en grande, tenía unas ganas locas de ir al aseo, así que, ante la falta de otros voluntarios, me tocó acompañarlo a mí, atravesando la marea humana que nos separaba del bar y de los servicios. Cerca de éstos nos encontramos al cerdo tirado en el suelo, escaso de aire y usado como colchoneta por una panda de zanguangos que se iban echando por turnos encima de él. Las colas para las tres cabinas que habían habilitado como aseos no eran menos salvajes, pero en un muro que había a escasos metros, vimos a varios chicos –de sexo, no de edad- que, de cara a él, estudiaban con mucho interés lo que llevaban entre manos. Allí desaguó Pepe también y a la vuelta, nos encontramos con que ya había terminado “la matanza” del puerco y el animalico estaba siendo despedazado sin piedad. La escena recordaba a esa de los documentales en que una desgraciada vaca cruza un río infestado de pirañas, siendo devorada en cuestión de segundos. Pues nada, como pudimos –bien podría decirse que guiados por el olfato- nos abrimos paso hasta nuestra parcela. Había dejado de llover y el aroma “flower power” casi se podía cortar. En la segunda parte, tal y como estaba previsto, el Sr. Waters y sus chicos nos deleitaron con el álbum The dark side of the moon completito, seguido, sin cortes, sin prisa pero sin pausa. Las proyecciones en la mega-pantalla del escenario, como siempre alucinantes, pero el láser, que fue una de las cosas que más me gustaron en Barcelona, se quedó en coma profundo. Luego leí que fue cosa de la humedad, pero podría apostar a que Mr. Waters, dolido por lo del cerdo, no permitiera poner en funcionamiento la pirámide, que pendía de una grúa sobre nuestras cabezas. Fue una lástima que por cuatro (vale, cuarenta) cafres, el resto no pudiese disfrutar del espectáculo completo. Para corroborar esta sospecha, apostaría a que alargó la pausa –se me hizo eterna- antes de volver al escenario para los bises. Hubo un momento en que pensé que no salía. Pero salió, y tocó lo que tenía que tocar: The happiest days of our lives, Another brick in the wall (2ª parte), Vera / Bring the boys back home y, como colofón, una de mis favoritas: Comfortably numb. Dani y yo estábamos convencidos de que faltaba aún una canción, pero Pepe (y sobre todo el programa que compró a la salida) nos quitaron esa idea de la cabeza. Porca miseria.


Lástima que terminó...


A la salida, los chiringuitos de dieta mediterránea (morcillas, chorizos y salchichas) no daban abasto, así que los regüeldos con aromas “tipical spanish” nos acompañaron hasta el coche. Tras media hora de cola para salir del pueblo, recorrimos en otro tanto el camino que nos separaba de Granada, llegando sin más contratiempos al aparcamiento que habíamos elegido. Después de seis horas de plantón, el paseíto de 20 minutos arrastrando maleta hasta la casa nos vino la mar de bien para terminar de coger sueño. Y a la mañana siguiente, a La Alhambra...


miércoles, 2 de julio de 2008

Feria del Libro III

Finalmente, cayó también el librito de que les hablé: Cuentos de la Alhambra, de Washington Irving. Es una pequeña joya, en una edición muy cuidada de Miguel Sánchez, de Granada, con prólogo y notas del propio traductor: Ricardo Villa-Real. La obra está, además, profusamente ilustrada con grabados que Doré, Roberts y Lewis entre otros, tuvieron a bien plasmar en la misma época en que el escritor visitó España, demostrando el gusto del editor por las cosas bien hechas.

Finalmente, la caseta ganó por goleada. ¡Ojalá que siempre que pierda sea por algo así!


Detalle de tapa y contratapa