martes, 26 de agosto de 2008

Chequia. Primeras impresiones.


Aunque tengo idea de hacer un relato más pormenorizado del viaje (lo mismo dije de Eslovenia e Inglaterra y miren...), voy a anticiparles la opinión que nos hemos formado del verde país centroeuropeo. Ya sé que las comparaciones son odiosas, pero en algunos casos, no he podido evitar hacer algunos paralelismos, que estoy seguro sabrán disculpar.

· Como ya nos habían avisado, los camareros son bastante secos, llegando a ser estúpidos en muchas ocasiones (no digo groseros porque no los entendíamos, pero yo tampoco me quedaba atrás echando piropos a los más insoportables). Afortunadamente, hay excepciones, pero la tónica general es esa. Y no crean que la cosa se limita únicamente a camareros. En “casi” todas las personas que estaban de cara al público, encontramos una actitud similar. Incluso, aunque parezca mentira, en algunas oficinas de turismo.

· La cerveza, buenísima. De las mejores que hemos bebido. La Budvar sin pasteurizar que sirven en el restaurante de la fábrica, posiblemente sea la mejor que haya probado hasta ahora. Y si hacen la visita guiada, les darán a probar esta misma pero directamente del tanque. Mmmmm.

· Los ríos, increíblemente sucios. Sólo nos faltó ir a ver algún manantial, porque todos los tramos que hemos visto, algunos de ellos muy cercanos a su cabecera, bajaban con un color marrón roña impensable en las mismas condiciones en, por ejemplo, España. ¡Y no digamos en Eslovenia!

· Los precios a la hora de comer, bastante razonables (12 euros x cabeza de media). Hablamos de hospodas y otros lugares similares, sin lujos. También probamos algunas pizzerías (por desintoxicar de tanta salsota) y, el último día, un restaurante griego, algo más caro. En todos ellos, incluido este último, los cubiertos te los traen en un plato, a veces envueltos en una servilleta, para que cada uno se coja el suyo. Casi toda la cocina checa gira en torno al cerdo, al pollo y al pato, aunque también hemos encontrado en las cartas algo de ternera y de caza, ciervo sobre todo. El cordero y el conejo han quedado inéditos. El pan, oscuro y gomoso, prácticamente incomible. Lo más barato, la bebida. Una caña (en vaso largo o en jarra) de ½ litro de buena cerveza, costaba 1 euro al cambio. En cuanto al vino, en una cena pedimos una botella de Frankovska que nos dejó indiferentes. En su defensa se podría decir que los que vamos desde un país riquísimo en caldos como es España, llevamos el listón muy alto.

· En cuanto a paisaje, no se puede decir que sea feo, ni mucho menos, pero tampoco precioso. Casi todos los pueblos tienen su(s) pequeña(s) laguna(s) –a veces grandes- con fines cinegéticos y recreativos, pero también de aguas marrones. En cuanto a los bosques, están muy abandonados, incluso en zonas turísticas como el Sumava, la parte checa de la Selva Bávara. En algunas partes, en impresionantes masas de abeto y haya, encontrábamos letreros con el siguiente aviso: “Peligro de caída de árboles. Usted entra aquí bajo su propio riesgo”. En ocasiones pudimos oír el ruido que hace la madera a punto de ceder y precipitarse al suelo. Por suerte, todo quedó en sonidos.

· Lo que habíamos leído sobre que era más fácil ver un ciervo que un perro en las carreteras checas, ha resultado del todo falso. O hemos tenido mala suerte, o es mentira. No hemos visto ni una cosa ni otra. Y nos vimos negros para encontrar vacas o caballos. Y no es por falta de verdes y soleados prados. Aunque viendo lo poco que se prodiga la ternera en la gastronomía local, no es tan raro. Lo que sí abunda en todos los prados son las casetas de madera, algunas levantadas a un par de metros de altura, imagino que destinadas a la caza mayor. Supongo que cuando no hay ciervos, le disparan a los perros.

· En el alojamiento hemos tenido suerte dispar. Los “Alex Apartments” en Cesky Krumlov superaron todas nuestras expectativas, pues estaban limpísimos, muy bien dotados (sólo faltó la TV) y eran más grandes de lo que daban a entender las fotos de la web. En Praga tuvimos peor suerte con el “Abbot’s”. Con la excusa de que en Chequia las arañas dan buena suerte, la casa era una reserva natural. Había de todas las clases, tamaños y colores, con sus correspondientes telarañas. Algunas hablaban tres idiomas. Con la mitad de las luces fundidas y las puertas tipo castillo, esperábamos encontrarnos en cualquier momento con Igor (el del jovencito Frankenstein) viniendo a darnos las buenas noches. Y del mobiliario mejor ni hablar. La cama de una de las habitaciones se fue al suelo en el primer intento de descanso. El aseo... Bueno, mejor dejarlo ahí. Es una lástima porque su situación es inmejorable, en pleno centro pero apartada del mogollón. Con un poco más de vista y una moderada inversión, se podría sacar mucho más rendimiento del pequeño apartamento.

Bueno, ya para terminar, puedo decir que lo hemos pasado bien, aunque también hemos caminado mucho, muchísimo, y más en la ciudad que en el campo. Fíjense si habremos caminado, que a pesar de todo lo que hemos comido y, sobre todo, bebido, yo he vuelto con el mismo peso que me fui. En cuanto al territorio, es un país con potencial, que si sabe encauzar el dinero que sin duda le va a llegar de la Unión Europea, puede convertirse en un destino interesante para los amantes de la naturaleza, cuidando sus bosques, recuperando sus ríos, restaurando la zona histórica de sus pueblos y ciudades, etc. Lo de la sequedad de sus gentes ya es otro cantar, pero si pensamos que han ido recibiendo palos de todas partes durante generaciones, es natural que sientan recelo a todo lo que viene de fuera, pero es algo que deberían ir limando poco a poco, especialmente en los lugares más turísticos.

2 comentarios:

Carlitos dijo...

Recientemente fuimos a Praga con mi madre y mi mujer, Ksenija (¡qué trío!)

Nos encantó la ciudad, y nos dimos el gusto de visitar el Reloj Astronómico (del cual tu TIENES que hablar, vamos!).

Un detalle: jamás en mi vida aprendí nada del idioma checo, pero así y todo me entendí a los chapuzones con un tendero, él en checo y yo en esloveno. Rarísimo! :-)

Pejiguera dijo...

Creo que el esloveno y el eslovaco tienen raíces comunes, o al menos, bastantes similitudes. Si los checos han estado entendiéndose durante décadas con los eslovacos, ¿cómo no iban a hacerlo con un argentino-esloveno que quería comprar algo? (aunque ya dije que la simpatía no es su principal virtud)