sábado, 23 de agosto de 2008

¡Qué poco dura lo bueno!

Hace tres semanas les decía aquí mismo, un poco más abajo, que estaba de vacaciones (con imagen de ternerito incluida). Mis “jólidais” se acaban y el próximo lunes me reincorporo a la monotonía habitual. Ya sé que he tenido esto un poco abandonado, pero he querido que fuesen vacaciones en todos los sentidos. He procurado hacer lo mínimo posible. Así y todo, salvo en la primera semana tal vez, no he descansado tanto como hubiese querido. El 9 salimos para la PivoRepública Checa, de la que regresamos el pasado martes. ¿Que qué he hecho desde que volvimos? Hice allí más fotos que nunca, con la esperanza de que alguna tuviera cierta calidad, y ahora hay que revisarlas, seleccionarlas, retocarlas, etc. Es un trabajo que debo reconocer que me gusta, aunque también es cierto que requiere un tiempo que podría emplear en otras cosas. Aparte de eso, me he puesto al día con el correo, tanto con el particular como con el del trabajo, hemos hecho las visitas familiares de rigor, hemos hecho las compras necesarias para devolver el frigorífico y la despensa a la normalidad, hemos hecho algunos cambios en el hogar, así que el bricolaje –otra de las cosas que me gustan- no me ha faltado tampoco. En fin, que llevamos unos días intentando descansar del viaje (sí, sí, ya les contaré) y lo único que hemos conseguido ha sido cansarnos más. Con su permiso, voy a dejarles, pues hemos quedado para comer fuera y tenemos que marcharnos. Volveré pronto, de verdad.

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