domingo, 28 de septiembre de 2008

Torquemada

No hace mucho, en la piscina, la monitora nos castigaba con ejercicios más duros de lo habitual. Como nos había dicho que había vuelto esa misma tarde de Almería de hacer un examen, le pregunté si no habría hecho el “Torquemada master”, pues nos llevaba “reventaícos”. -¿Torque qué? fue su respuesta. Me volví con una mirada de complicidad hacia mis compañeros de suplicio, pero tenían la misma cara de ignorancia que ella, así que, por no parecer pedante, lo dejé estar y seguimos nadando.

Al día siguiente, en el trabajo, conté la anécdota a tres de mis compañeras (aunque el sexo no viene al caso) a lo que una de ellas reaccionó con un -¿lo cualo?, mientras que la segunda se hizo bastante bien la longuis, simulando gran interés por un correo que acababa de recibir, y la tercera reconoció abiertamente que no tenía ni idea de quién era. Este último comportamiento, fue, a mi parecer, el más loable, pues siempre he dicho que es preferible pasar un minuto por ignorante que no serlo toda la vida. De todas formas, hay que suponer que todas estas personas, el día que hablaron sobre La Inquisición en el colegio, estaban enfermas. Daremos por sentado, además, que no han visto después ninguna película, obra de teatro o programa de tv donde apareciese tan siniestro personaje; o que no han escuchado su nombre en la radio, que jamás les ha salido como pregunta en ningún juego, y mucho menos han leído en ninguna parte nada relacionado con él. ¿No les parece increíble? A mí, sí, qué quieren que les diga.

La próxima semana, preguntaré por Franco, que es más reciente, a ver qué sale...

jueves, 25 de septiembre de 2008

De cambios climáticos y mandatarios lunáticos

El pasado 1 de junio, tomé las fotos que acompañan este texto en uno de mis -cada vez más frecuentes- paseos por El Pinet. Como ven, la nube, prácticamente la protagonista de las imágenes, tiene un tamaño bastante considerable. Aquella misma tarde llovió torrencialmente, pero no tanto como lo hizo el pasado martes, en el que, las aguas que durante la mañana cayeron mansa e intermitentemente, dejaron paso, al final de la tarde, a un auténtico diluvio alternativo (el agua se alternaba con el granizo). Por lo visto, el ojo de la tormenta estaba justo encima de mi curro, porque nunca había oído algo así dentro de un edificio. En otras ocasiones, con lluvia fuerte, hemos tenido alguna que otra goterilla, pero lo del martes fue desbordante. El agua sobrepasó la capacidad de los canalones de desagüe y caía a chorros por donde encontraba salida: falsos techos de escayola, difusores del aire acondicionado, puntos de luz... En fin, que estuvimos hasta las 10 de la noche sacando agua. Y aún tenemos que dar gracias, porque si eso llega a pasar por la noche, cuando no hay nadie allí, no sé qué nos habríamos encontrado por la mañana. Algunas naves vecinas tuvieron parecida suerte, según nos enteramos después, mientras que en una gasolinera cercana, se desprendió parte del techo, y varios coches quedaron sumergidos en un aparcamiento subterráneo inaugurado no hace mucho. A ver si al final lo del cambio climático va a ser verdad, ¿eh, Sres. Rajoy (y primo) y Bush, entre otros?

La gran nube sobre las salinas, de un fuerte color rosado

domingo, 21 de septiembre de 2008

Tócala otra vez, Richard.

El pasado lunes día 15, a los 65 años de edad y tras una corta lucha contra el cáncer, nos dejó Richard Wright, quien fuera el “teclas” de Pink Floyd, denostado por algunos que opinan que nunca estuvo a la altura del grupo. Ya dije en una ocasión lo que pensaba al respecto, así que no me repetiré otra vez. Como muestra de su aportación a la música, pueden escuchar “The Great Gig in the Sky”, un temazo incluido en el disco –en mi modesta opinión- más redondo de los Floyd: The Dark Side of the Moon. Según leí en la wiki, parece ser que Mr. Wright tuvo sus más y sus menos con Roger Waters, quien no le soportaba. Esto provocó algunas anécdotas, como la de que el teclista fuese a la gira de “The Wall” como músico contratado, siendo a la postre el único que obtuvo algún beneficio económico en esos conciertos. Su muerte ha desbaratado los cada vez más insistentes rumores de reunión de la banda, negados hasta la saciedad por Waters y Gilmour, pero que habían abierto un rayito de esperanza entre sus seguidores después de aparecer juntos hace tres años en el Live 8.

Descanse en paz, Sr. Wright.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

De lecturas y coincidencias

Este verano ha sido pródigo en lecturas, en cantidad y en calidad, aunque he de reconocer que la mayoría de los libros que han pasado por mis manos han sido los protagonizados por el famoso detective belga Hercule Poirot, nacido de la pluma de la –para mí- genial Agatha Christie. Son libritos fáciles de leer e ideales para el verano, cuando lo que se quiere es desconectar de todo, o casi. Los recomiendo también a aquéllos que no se sienten cómodos viajando en avión, pues algunas historias son tan absorbentes, que mientras Monsieur Poirot acosa implacable al asesino, o ve por el rabillo del ojo cómo el mayordomo esconde algo, van pasando sin darse uno cuenta las turbulencias y otros movimientos motivo de normal desasosiego.

Pero bueno, aparte de siete u ocho títulos de la colección que he devorado, he podido también con un libro de cuentos de Robert L. Stevenson: “Nuevas noches árabes / El dinamitero”, que he de reconocer que me decepcionó un poco, tal vez por la expectativas creadas en la contratapa por la opinión de Conan Doyle, refiriéndose a una de las historias contenidas como “el mejor cuento del mundo”. Es un libro entretenido, pero no lo lean si piensan encontrar en él al Stevenson de, por ejemplo, “La Isla del Tesoro”.

Durante el viaje por Chequia he leído un volumen tres veces más pequeño que el anterior, pero mucho más denso: “Saladino”, de Genevève Chauvel, una biografía novelada del mítico guerrero unificador del Islam, paisano de Sadam Hussein (nacieron en el mismo pueblo).

Y la última lectura acabada ha sido otra entretenida obra de George MacDonald Fraser de la saga de Harry Flashman: “Flashman y la montaña de luz”, donde el cobarde pero afortunado protagonista se ve envuelto en las intrigas del gobierno de Lahore en pleno levantamiento Sij.

Aparte de en “Las aventuras del valeroso soldado Schwejk”, en las que ya sabía lo que me iba a encontrar, en casi todos los libros que he leído desde entonces hasta hoy, han salido referencias directa o indirectamente relacionadas con la República Checa. Uno de los protagonistas de muchos de los cuentos de Stevenson era el príncipe Florizel de Bohemia, mientras que en el libro de Flashman, parte de la trama gira en torno al famoso diamante Koh-I-Noor (montaña de luz en castellano, de ahí el título de la novela). Si han permanecido atentos a este blog, sabrán que Koh-I-Noor es también una conocida marca checa de lápices de colores, de grafito, carboncillo y otros materiales empleados por los artistas. La fábrica está en Ceske Budejovice (la Budweiss de Schwejk), lugar donde también elaboran la buenísima cerveza Budweiser Budvar original. Del de Saladino no recuerdo nada ahora mismo, pero en la novela de Agatha Christie que estoy leyendo actualmente, “El tesoro de Chimneys”, vuelve a aparecer la preciada gema, robada a la corona británica en un descuido. Para que vean que, aparte de las coincidencias que tiene la vida, quien no encuentra las que quiere es porque no busca lo suficiente... :-)

domingo, 14 de septiembre de 2008

Cosas de La India

Como les prometí, aquí están las fotos con los regalos recién llegados de La India, de manos de Regina y Guillem (gracias otra vez), cuyo relato viajero están leyendo también en este blog. Es la primera una vista general, que incluye diversas monedas y billetes (mi sobrina sabe que los colecciono y se acordó de traer algunos) y un paquetito de tabaco autóctono, que de momento, y por precaución, no abriré.

Entre las monedas, hay unas curiosidades que les amplío en la segunda foto. Junto a la letra “A” podrán ver dos monedas de 1 y 2 rupias, con su valor expresado en número, en letra (supongo) y en digital. Es decir, una mano, con sus pulseras y todo, muestra la cifra con tantos dedos levantados como valor tiene la chapa. Una ayuda para los analfabetos, que por lo visto abundan. Con los billetes, en el caso de que lleguen a tener alguno, se aclararán por su tamaño y distinto colorido, supongo.

Sobre la letra “B” hay una pequeña joya: una moneda –o lo que queda de ella*- de tiempos del Imperio Mongol, el primer gran imperio de La India. Regina ha tenido la amabilidad de incluir una breve explicación en el sobrecito de papel que la contiene, poniéndome al día sobre el gran Akbar, descendiente del mismísimo Tamberlán. Podrán encontrar más información sobre él y su época aquí y también aquí.

* De mi época de estudiante recuerdo que nos explicaron, en cierta ocasión, que en un principio las monedas se acuñaban siempre en metales nobles, y que su valor real coincidía con el facial. Como la picaresca es algo inherente al ser humano, se iban “limando” literalmente los cantos para obtener polvillo de oro o plata. En alguien que tuviese la ocasión de tocar bastantes monedas al cabo del año –un prestamista judío por ejemplo-, la práctica proporcionaba un beneficio adicional que era demasiado atractivo para rechazarlo. La avaricia era tanta, que algunas monedas quedaban tan disminuidas y desfiguradas, que sólo quedaba visible el fragmento donde aparecía su valor. Para evitar estas prácticas, las autoridades introdujeron la medida de grabar leyendas, o al menos estrías, en los cantos, avisando de que toda moneda que no los tuviese habría perdido su valor facial. Más tarde, dejó de ser necesario al acuñar con aleaciones de metales baratos (cinc, níquel, cobre), aunque la costumbre de grabar los bordes ha permanecido.

martes, 9 de septiembre de 2008

La India - 2ª parte

Disculpen si les he tenido algo abandonados, pero he estado unos días sin conexión (hasta esta noche) y no he podido actualizar esto, ni ver el correo, ni todas esas cosas que con el tiempo se han ido haciendo imprescindibles. Pero bueno, el domingo estuvimos comiendo con -entre otros- Regina y Guillem, recién llegados de La India. Como éramos muchos en la mesa, no tuvimos apenas tiempo de hablar sobre el viaje, pero al menos aún me quedan un par de capítulos en la recámara (que he sacado de un correo que envió) y la esperanza de que me envíe alguno más contando el resto de su estancia en Oriente, ¿eh Regina? Ah, tengo unos “souvenirs” muy guapos que ya les enseñaré otro día, cuando tenga tiempo de fotografiarlos. Mientras ese momento llega, tendrán que conformarse con la segunda parte de la crónica viajera. Que la disfruten.

Estamos en Rajastán, concretamente en Jodhpur, la ciudad azul. Qué decir. Fantástico. Estamos genial y sin parar de comer. Volveremos rollizos.Como no tenemos mucho tiempo, no puedo contaros cómo ha transcurrido el viaje hasta aquí. Me hubiese gustado ser mas constante, pero llevamos un ritmo frenético y a veces sólo hay ganas de dejar la mente en blanco. Por si tenéis tiempo y ganas, os dejo un par de notas que hice al principio sobre Mumbai.

2. Alrededores de Dhobi Gath

Ayer, todavía en Mumbai, visitamos por la tarde Dhobi Gath, en el barrio de Mahalaxami. Dobhi Gath es una lavandería gigante al aire libre. Los ingleses la crearon en la primera etapa del imperialismo para que los indios lavasen la ropa del ejército y de los colonos británicos. Pero poco a poco, y vencido el invasor, se ha convertido en una lavandería ciclón que se encarga de la limpieza de los sharis, punjabis y ropajes en general de gran parte de Mumbai. Trabajan 10.000 personas y es todo un espectáculo. Infinitas pilas de piedra, parcelas de ropa tendida por colores, muchos que lavan, otros que frotan, aquellos que espolsan y el resto que envían. Si bien nosotros conocemos únicamente la división de castas, lo cierto es que para ellos existen muchas más. En cada casta, dependiendo de la profesión, perteneces además a una jatib. Los lavanderos de Mumbai pertenecen a la casta de los sudras y a la jatib de los lavanderos. Concretamente los de Mumbai, siendo tantos, han creado su propia casta, llamados Kanojia. De forma contraria a lo que sucede en la mayoría de casas indias, en Dhobi Ghat quien lava son mayoritariamente los hombres. Al ser las pilas de piedra hereditarias y tener cierta fama trabajar en esta lavandería, el prestigio direcciona sistemáticamente el puesto a quien tiene el poder de género. A otro nivel, por supuesto, pero todos conocemos en el Estado español a un puñado de cocineros con michelines y estrellas en los mejores restaurantes y cientos de cocineras estrelladas en la mayoría de hogares.

El caso es que Dhobi Ghat lo vimos por la tarde, y pese a la historia que subyacía sumergida jabonosamente, el espectáculo estaba casi acabado. En cinco minutos ojeado. Decidimos bajar por las escaleras que rodeaban la lavandería y encontrar un resquicio para entrar. No nos dejaron entrar sin pagar y caminamos por los alrededores sin rumbo. Cada vez que avanzábamos, los pies me pesaban más y los pasos se hacían más cortos. Guillem, intentando convencerme como acostumbra a hacer exitosamente cuando me entra ese mal rollo paralizante, tiraba de mi mano. Nos encontramos de pronto en un mercado sacado directamente de la edad media. Pollos en el suelo llenos de moscas, cabezas de cabra con la lengua fuera y sangre negruzca, pescados en mantas extendidas que desprendían un olor rotundamente saciante. Y, si mi imaginación y mi obsesión personal no me traicionan, me pareció ver ratas abiertas como si fueran mojama. Y todo ello regentado por gente pobrísima. Sentadas en el suelo, las tenderas arrugadas con cuatro piezas por vender, al lado de un gato pulgoso que miraba con la cabeza ligeramente inclinada y con paciencia de cazador un cadáver. Hay quien explica que esto y los muertos quemados en el río Ganges, que visitaremos más adelante, son los motivos que llevan a mucha gente que visita la India a volverse vegetariana. No los comparto, pero parecen razonables. Y cuando por fin acaba el mercado, pasamos por una calle chabolizada. Qué barbaridad. En mi vida había pasado esta extraña mezcla de miedo, intimidación y vergüenza. El miedo de ver tanta pobreza acumulada que, explicablemente, podría impulsar a cometer cualquier acto. Intimidada por las miradas risueñas de los niños, flanqueadas por las fijas y secas de los mayores. Avergonzada por atravesar la miseria como paseando ante un escaparate. He de decir que no había motivos reales para ninguna de estas tres emociones, analizando la realidad. No había ningún peligro. Afloran mil sensaciones difíciles de gestionar. Y cuando acabamos este pasillo tapizado de basura y excrementos, divididos y unidos por cajones superhabitados por los pobres de la ciudad, perfumado por cloacas y humos, era difícil volver a cerrar los ojos y abrir el estomago.

Al día siguiente visitaríamos Daravi. Un slum (barrio de chabolas) que cambiaria por completo nuestra visión de estos barrios pobres que apuntalados en Mumbai, Calcuta o Brasil son caricaturizados y criminalizados. Otro día exponemos Daravi, a medias Guillem y yo.

martes, 2 de septiembre de 2008

El relojito

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Una de las cosas que me ilusionaba ver en la República Checa, era el reloj astronómico de Praga. Siempre me habían llamado la atención su diseño y, sobre todo, su historia. Este verano he tenido la ocasión de verlo trabajar. Para el hombre de hoy, no resulta lo maravilloso y epatante que pudo serlo en su tiempo, pero tiene el mérito de congregar delante suyo a decenas de turistas cada hora para verlo en acción. El primer día me coloqué entre la gente, esperando pacientemente a que transcurrieran los escasos minutos que quedaban para la puesta en marcha del ingenio. Cuando llegó ésta, y mientras hacía las fotos de rigor, me di cuenta de que el verdadero espectáculo estaba en el público, que no en el protagonista en el cual teníamos clavados los ojos todo el mundo. Así que, en otra de las ocasiones en que coincidió nuestro paso con la inminencia de las campanadas, me aposté justo debajo de la torre, frente al expectante auditorio, y con mi pequeña Ixus pude hacer esta grabación. Espero que les guste.