domingo, 14 de septiembre de 2008

Cosas de La India

Como les prometí, aquí están las fotos con los regalos recién llegados de La India, de manos de Regina y Guillem (gracias otra vez), cuyo relato viajero están leyendo también en este blog. Es la primera una vista general, que incluye diversas monedas y billetes (mi sobrina sabe que los colecciono y se acordó de traer algunos) y un paquetito de tabaco autóctono, que de momento, y por precaución, no abriré.

Entre las monedas, hay unas curiosidades que les amplío en la segunda foto. Junto a la letra “A” podrán ver dos monedas de 1 y 2 rupias, con su valor expresado en número, en letra (supongo) y en digital. Es decir, una mano, con sus pulseras y todo, muestra la cifra con tantos dedos levantados como valor tiene la chapa. Una ayuda para los analfabetos, que por lo visto abundan. Con los billetes, en el caso de que lleguen a tener alguno, se aclararán por su tamaño y distinto colorido, supongo.

Sobre la letra “B” hay una pequeña joya: una moneda –o lo que queda de ella*- de tiempos del Imperio Mongol, el primer gran imperio de La India. Regina ha tenido la amabilidad de incluir una breve explicación en el sobrecito de papel que la contiene, poniéndome al día sobre el gran Akbar, descendiente del mismísimo Tamberlán. Podrán encontrar más información sobre él y su época aquí y también aquí.

* De mi época de estudiante recuerdo que nos explicaron, en cierta ocasión, que en un principio las monedas se acuñaban siempre en metales nobles, y que su valor real coincidía con el facial. Como la picaresca es algo inherente al ser humano, se iban “limando” literalmente los cantos para obtener polvillo de oro o plata. En alguien que tuviese la ocasión de tocar bastantes monedas al cabo del año –un prestamista judío por ejemplo-, la práctica proporcionaba un beneficio adicional que era demasiado atractivo para rechazarlo. La avaricia era tanta, que algunas monedas quedaban tan disminuidas y desfiguradas, que sólo quedaba visible el fragmento donde aparecía su valor. Para evitar estas prácticas, las autoridades introdujeron la medida de grabar leyendas, o al menos estrías, en los cantos, avisando de que toda moneda que no los tuviese habría perdido su valor facial. Más tarde, dejó de ser necesario al acuñar con aleaciones de metales baratos (cinc, níquel, cobre), aunque la costumbre de grabar los bordes ha permanecido.

1 comentario:

Carlitos dijo...

En la corte del Gran Emperador Akbar, que fue un regente musulmán que abrazó la cultura hindú como ningún otro, se desarrolló gran parte de lo que hoy es la música clásica hindustánica (del Norte de la India).

De hecho el cantante más recordado de todos los tiempos, el enorme Miyan Tansen, fue músico de la corte del gran Akbar.

Disculpe el comentario medio off-topic, pero la música de la India es una debilidad que tengo, vio...