miércoles, 17 de septiembre de 2008

De lecturas y coincidencias

Este verano ha sido pródigo en lecturas, en cantidad y en calidad, aunque he de reconocer que la mayoría de los libros que han pasado por mis manos han sido los protagonizados por el famoso detective belga Hercule Poirot, nacido de la pluma de la –para mí- genial Agatha Christie. Son libritos fáciles de leer e ideales para el verano, cuando lo que se quiere es desconectar de todo, o casi. Los recomiendo también a aquéllos que no se sienten cómodos viajando en avión, pues algunas historias son tan absorbentes, que mientras Monsieur Poirot acosa implacable al asesino, o ve por el rabillo del ojo cómo el mayordomo esconde algo, van pasando sin darse uno cuenta las turbulencias y otros movimientos motivo de normal desasosiego.

Pero bueno, aparte de siete u ocho títulos de la colección que he devorado, he podido también con un libro de cuentos de Robert L. Stevenson: “Nuevas noches árabes / El dinamitero”, que he de reconocer que me decepcionó un poco, tal vez por la expectativas creadas en la contratapa por la opinión de Conan Doyle, refiriéndose a una de las historias contenidas como “el mejor cuento del mundo”. Es un libro entretenido, pero no lo lean si piensan encontrar en él al Stevenson de, por ejemplo, “La Isla del Tesoro”.

Durante el viaje por Chequia he leído un volumen tres veces más pequeño que el anterior, pero mucho más denso: “Saladino”, de Genevève Chauvel, una biografía novelada del mítico guerrero unificador del Islam, paisano de Sadam Hussein (nacieron en el mismo pueblo).

Y la última lectura acabada ha sido otra entretenida obra de George MacDonald Fraser de la saga de Harry Flashman: “Flashman y la montaña de luz”, donde el cobarde pero afortunado protagonista se ve envuelto en las intrigas del gobierno de Lahore en pleno levantamiento Sij.

Aparte de en “Las aventuras del valeroso soldado Schwejk”, en las que ya sabía lo que me iba a encontrar, en casi todos los libros que he leído desde entonces hasta hoy, han salido referencias directa o indirectamente relacionadas con la República Checa. Uno de los protagonistas de muchos de los cuentos de Stevenson era el príncipe Florizel de Bohemia, mientras que en el libro de Flashman, parte de la trama gira en torno al famoso diamante Koh-I-Noor (montaña de luz en castellano, de ahí el título de la novela). Si han permanecido atentos a este blog, sabrán que Koh-I-Noor es también una conocida marca checa de lápices de colores, de grafito, carboncillo y otros materiales empleados por los artistas. La fábrica está en Ceske Budejovice (la Budweiss de Schwejk), lugar donde también elaboran la buenísima cerveza Budweiser Budvar original. Del de Saladino no recuerdo nada ahora mismo, pero en la novela de Agatha Christie que estoy leyendo actualmente, “El tesoro de Chimneys”, vuelve a aparecer la preciada gema, robada a la corona británica en un descuido. Para que vean que, aparte de las coincidencias que tiene la vida, quien no encuentra las que quiere es porque no busca lo suficiente... :-)

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