viernes, 31 de octubre de 2008

El marcalibros

Hace ya un tiempo que les vengo hablando aquí de El Clot de Galvany, paraje natural ilicitano tutelado (más o menos) por nuestro Ayuntamiento. Pues bien, en la primera visita que hacía después de mucho tiempo, y de esto también hará no menos de un par de años, en el Centro de Interpretación del espacio encontramos, entre otras cosas, unos marca-libros editados por la Regidoria de Medi Ambient, que incluía sus datos y algunas fotos y dibujos de “animalicos” de la fauna local. Mi mujer fue la que se dio cuenta de que, entre las fotos, había una mía, de una garcilla bueyera, que se llevó el “Premio especial a la mejor fotografía de fauna ilicitana”, en el III Concurso municipal de fotografías sobre el Medio Ambiente en Elche, organizado por esa Concejalía. Cosas de esas que le suben la autoestima a uno. De todas formas, en todas aparecía el nombre del autor excepto en la mía, no sé si porque no encontraron el nombre, o porque al recoger el premio (diploma y 15.000 pelas), perdí automáticamente todos los derechos sobre la imagen, incluso el de autoría. Ya sé que es una tontería, pero me habría gustado ver mi nombre impreso ahí, qué quieren que les diga...


Los más curiosos encontrarán, debajo de este texto, el marca-libros digitalizado.


martes, 28 de octubre de 2008

Calendario: Septiembre

Y aquí llega la de septiembre, que realmente se hizo en agosto de hace tres años. Era un miércoles de la semana en que cogería las vacaciones. Venía viéndola durante todo el camino hasta casa. Era una de esas nubes solitarias y tormentosas, erizada de relámpagos, de los que, lamentablemente, sólo pude captar uno. El amigo Vicen, que estaba con Faelo en Santa Pola, me llamó para saber si la estaba viendo, pues era un espectáculo. Me cogió con la cámara en la mano. Aquí les dejo con el animalico.

domingo, 26 de octubre de 2008

Calendario: Agosto

El pasado domingo, arreglando en el panel de control de blogger una entrada que no se publicaba bien, me dí cuenta de que he olvidado incluir, de agosto hasta hoy, las fotos del calendario correspondientes a estos tres meses. ¡Cómo tengo la cabeza! Últimamente se me olvidan muchas cosas, supongo que por la edad, que no perdona. Para no amontonárselas, hoy les pondré la de agosto y en lo que queda de mes, las dos restantes.



En ella podrán ver una imagen típica de ese mes: un momento del Misteri, representación sacro-lírica, Patrimonio de la Humanidad, que realmente fue tomada en octubre, ya que, desde hace un tiempo, en los años pares se repite en esas fechas (este año toca). Los profanos en el tema podrán encontrar toda la información en su sitio oficial. De nada.

jueves, 23 de octubre de 2008

13 Festival Medieval d’Elx

¡¡¡Chachánnnnnnnnn!!! Vuelve, un año más, el Festival Medieval, con actuaciones de teatro en la calle, desfiles, mercado de artesanos... un sinfín de actividades, durante dos fines de semana consecutivos, que vienen de perlas para sacarnos del muermo otoñal. Si van por el centro estos días, seguro que me encuentran cámara en ristre. Aqy aquí encontrarán mucha más información sobre el tema. Que lo disfruten.

Detalle de un rincón perdido en el mercado

Había olvidado decirles que empieza mañana. ¡Qué cabeza la mía!

domingo, 19 de octubre de 2008

U Kalicha

¿Recuerdan que les he hablado varias veces en este blog del valeroso soldado Schwejk? Pues bien, hay en Praga un lugar donde explotan al personaje al máximo. Apenas encontrarán en toda la capital un solo recuerdo que haga referencia al famoso soldado, que lo es más fuera de las fronteras checas que en la tierra que lo vio nacer, pero en el restaurante U Kalicha suplen esa carencia con creces. Me vi negro para encontrar un triste imán de nevera en el último rincón de una de las muchísimas tiendas de “chominás” del centro, pero en la Kalicha, aparte de buena cerveza y el mejor queso que probamos en todo el viaje, tenían camisetas, ceniceros, saleros, cerillas, posavasos... hasta la gorra de fieltro verde que usaban los soldados del imperio austro-húngaro en la 1ª guerra mundial.


Durante los preparativos del viaje, ya había visto su web en Internet, donde tienen un apartado, incluso, para reservar con antelación, pues es bastante complicado comer o cenar allí sin una reserva previa. Fuimos en su busca con la idea de hacernos una cerveza en el pivobar, pero llegamos antes de lo que pensábamos, a eso de las 12, y el camarero (creo que uno de los dueños), salió hasta la calle para invitarnos a entrar a la hostinec (el restaurante), donde una sola mesa estaba ocupada por unos alemanes que iban a comer (sí, a comer. Tan temprano). Le explicamos al simpático señor que sólo queríamos unas cervezas, pero insistió en que nos sentáramos y nos trajo inmediatamente unas cartas en español, mientras se iba a ponernos las jarras. Rocío se levantó para decirle que la quería pequeña, a lo que le respondió que no se preocupara, que las traería grandes para los chicos y pequeñas para las chicas. Y así fue: de un litro para nosotros y de ½ para ellas, y unas almendritas para picar (que cobraron, claro). Jo, qué jarras. Mientras leíamos las cartas, vimos que tenía un tarro bastante grande con unos quesos pequeños en aceite, así que le pedimos uno, aparte de algo más para acabarnos la bebida. El quesito, además de con aceite, estaba adobado con hierbas (romero y alguna más que no recuerdo) y ¡ajos! Incrustados en la pasta. Mmmmm. Supongo que se los traerían de España o de Italia, porque todos los que probamos durante el viaje eran sosos con avaricia. Acabamos con todo lo que nos sirvieron y, a la salida, en la tienda hicimos acopio de souvenirs, de modo que ambas partes salimos bastante contentas con la visita. La foto de abajo es del papel que utilizan para envolver las piezas de cerámica, con las ilustraciones que Josef Lada hizo para el libro de Jaroslav Hasek.


En fin, todo un acontecimiento (para un incondicional como yo). La caminata nos deparó uno de los mejores momentos del viaje, al menos para mí. Cumplido mi capricho, fuimos a completar la segunda misión de la jornada: encontrar una tienda de música, en el otro extremo de la ciudad, donde Dani quería comprar algo para su batería. Desde el punto de vista gastronómico, no nos vino mal la excursión, pues por el camino paramos a comer en un griego, donde hicimos tal vez la mejor comida de las vacaciones. Luego, con la “pancha plena”, tuvimos tiempo de completar el segundo reto y de seguir caminando durante el reeeesto de la tarde. Hemos vuelto del viaje con unas plantas de los pies en las que se podría partir almendra.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Mohanlal Verhomal

Aparte de los souvenirs de La India que fotografié el otro día, Regina le trajo a su tía, mi mujer, un sobrecito de curry comprado en Jodhpur, en el puesto de Mohanlal Verhomal, quien viene recomendado en varias guías internacionales, la Lonely Planet entre ellas. Pues bien, por lo visto, aprovechando su popularidad, han crecido a su alrededor otros avispados tenderos que tratan de despistar al turista, así que el Sr. Mohanlal ha recurrido a imprimir tarjetas con un plano detallado en el que marca la exacta ubicación de su puesto. Véanlo en la imagen de más abajo. Qué dura es la vida del tendero...

domingo, 12 de octubre de 2008

El cruentet

Ha nacido un nuevo blog, un nuevo espacio ilicitano donde se sacará punta a la actualidad local, aunque también se dará un repaso a otros temas de interés no tan “nuestros”. Les estoy hablando de El Cruentet*, donde serán tan bien recibidos como aquí, aunque no se asusten si el contenido les parece en alguna ocasión irreverente o fuera de tono, pues el trío de contribuyentes -entre los cuales me cuento-, posiblemente se deje llevar alguna vez por el entusiasmo y vierta artículos que se desmarquen del habitual saber estar, de la elegancia y de la exquisita educación que les caracteriza. Su visita les será agradecida, doblemente si dejan constancia escrita de ella a modo de comentario. Ah, y a partir de ahora encontrarán un enlace directo a la derecha, en el apartado Links. De nada.


* Así llamamos aquí a las guindillas verdes picantes que venden en los puestos de encurtidos, junto con olivas, cebollas en vinagre, pepinillos, etc. Puede que la palabra esté mal escrita, pues he leído por ahí que la forma correcta es “cuentet”, aunque la fuente tampoco es muy fiable que digamos. A ver si algún experto nos aclara la duda.

jueves, 9 de octubre de 2008

De tapas

Hace un par de viernes, puede que tres, estuvimos de tapas por el centro de Elche. Aprovechando que la señora de Alberto estaba por aquí, quedamos para hacer un recorrido por algunos de los bares inscritos en DESTÁPATE, el concurso de tapas organizado por la Asociación de Comerciantes y la de Empresas Turísticas de la ciudad, y que anda ya por su tercera edición. Antes de darles mi opinión sobre el concurso en particular, les contaré, así por encima, dónde estuvimos y cómo nos fue.

Iniciamos la ruta en El Granaino, que participa con dos tapas: Canelones de morcilla con crema de pimientos asados y Croquetas de manitas y pulpo sobre migas de tomate. Los canelones bien, se dejan comer. Para mi gusto, pecan de pequeños (aunque no debemos olvidar que sólo son tapas) y tal vez un poco sosos. Las croquetas no las probé, porque llevan pulpo y las cosas del mar y yo, gastronómicamente hablando, no nos llevamos muy bien (salvo muy escasas excepciones). Los demás las encontraron muy buenas, así que habrá que fiarse de su criterio. Presentación idéntica a la de las fotos y cañas a 1,50€. En Bodegas Galiana encontramos cuatro mesas ocupadas, vacías y sucias el resto y camareros agobiados. Estuvimos esperando un rato (no mucho, porque nos pudo el apetito y la desesperación) y nos fuimos, sin probar bocado, hacia Mar i Merlot, donde nos encontramos que, a las 10 de la noche, no les quedaban tapas. Lo que se prometía como una noche feliz, se estaba convirtiendo en noche somalí. En el Bodegón Alejandro encontramos un hueco al fondo de la barra, donde nos atornillamos hasta que nos atendieron. Las Migas Bodegón no son más que eso, migas, sosas y mal presentadas (nada que ver con la foto de promoción), mientras que en el Sultán, la otra tapa, la témpura no estaba precisamente crujiente, y el contenido (pulpo), estaba tierno pero soso. Si he de hacer caso a mis acompañantes, lo mejor de la tapa, la guindilla que la coronaba. Cañas a 1,80€. En el camino hacia el Rest. Madeira, mi estómago, al que sólo le habían caído dos tapas, rugía en la noche. Cuando llegamos, ni siquiera pudimos entrar. Propuse ir a la Dehesa de Sta. María, pero triunfó la opción de Tapelia, al estar más cerca, supongo. Después de estar un ratito esperando, pudimos sentarnos en una mesa, con lo que conseguimos eso: estar sentados en una mesa. Después de otro rato esperando que nos atendieran, más otro de elaboración, llegó la primera tapa, la Pizzeta de cítricos con piruleta de bacon y salmorejo, de sabor original y sorprendente y presentación igual a la de la promoción. Para la segunda, tuvimos que reclamar un par de veces y esperar casi media hora, pero al fin llegaron los Barquillos de jamón con mascarpone, nueces y albahaca, un derroche de pasta brick con escaso relleno pero sabor bastante decente, aunque, como he dicho, el plato aparecía bastante más vacío que el de la foto. Al margen de todo esto, si van a ir les recomiendo que pidan una copa de vino (un fallo del servicio el no hacerlo), pues creo que casará mejor con estas tapas que la cerveza, que aparte de pésima (Águila o Estrella, supongo), es bastante cara: ¡¡¡2,25€ la caña!!! Casi a medianoche, con lo que quedaba de fondo, decidimos acercarnos, esta vez sí, a la Dehesa de Sta. María, donde no probamos las tapas, pero ¡por fin! cenamos: una botella de rioja y dos tablas de lacón y queso con las que llenamos el agujerito que teníamos en el estómago.

Conclusiones: Elche no es lugar para tapear, al menos en este plan. Aunque la oferta de tapas y raciones normalmente es bastante amplia, no tenemos costumbre de ir picando de bar en bar. Los hosteleros locales, que tienen sus establecimientos enfocados a las costumbres de aquí (cena en mesa y, si no hay más remedio, en la barra), han demostrado no estar preparados para una afluencia elevada de clientes, la mayoría de ellos no habituales, con lo que se han visto desbordados y dado un mal servicio y peor imagen. Imperdonable que un viernes por la noche, en la primera semana de concurso, en un local te digan que no les quedan tapas, y además con mala cara. Y si, a todos en general, no les interesa servirlas en las noches de viernes y sábado (por ejemplo), porque ganan más con las cenas, con mucho menos lío, que lo indiquen en el folleto promocional (algunos lo han hecho). Estas cosas serían comprensibles y perdonables si ésta fuese la primera edición, pero señores, vamos por la tercera y los organizadores (entre los cuales habrá algún hostelero, estoy seguro), tienen la suficiente experiencia como para corregirlas y evitarlas. En fin, que me parece una buena iniciativa, pero que se podría mejorar con un poco de autocrítica y un mucho de sentido común.

Si quieren leer algo más sobre el tema (opiniones, contra opiniones, piques, etc.), pueden ir directamente a la web de la organización, donde encontrarán también el resto de tapas participantes y su puntuación actual (ese es otro tema que es mejor no tocar). ¡Que les aproveche!

domingo, 5 de octubre de 2008

Bambi

Domingo, 23 de mayo de 1971. Fiesta en el barrio. San Pascual. Los niños que han comulgado ese año (todos los que tenían la edad, porque entonces se hacía sí o sí), aguardan pacientemente, con el cirio en la mano, a que arranque la procesión en honor del Santo en la que van a participar. Allí estoy yo, mirando cómo venden los últimos boletos para la rifa del borrego, animal viejo y renqueante. Me sonrío imaginando a los de la comisión regateando con Noé para comprárselo nada más bajar del Arca. Mientras lo hago, miro de soslayo a mi alrededor, temiendo la colleja de la catequista, centinela de la fe, pendiente del más mínimo detalle. Ya me había dado una a contrapelo el día que comulgué, por hablar con los compañeros y no prestar atención a la misa, y no tenía ganas de repetir. Hay cosas que, con probarlas una vez, tienes más que suficiente. Mis padres y mi hermana se habían ido a coger un buen sitio en la calle Santa Ana, así que estaba solo (sin vigilancia quiero decir) cuando vi a María, una vecina de mi abuela, amiga de la familia, que se acercaba sonriendo. –“Ché, qué guapo que está! ¿Dónde está los papás?” Le dije que se habían adelantado y me puso en la mano una chapa de diez duros, advirtiéndome que se la diese a mis padres cuando los viese. 50 pesetas de las de entonces eran mucho dinero en manos de un niño. Piensen que un chicle, o una bolsa de pipas valían dos reales (50 céntimos) o una peseta como mucho. Un litro de Mahou y una lata de mejillones Escuris, ocho pesetas “a ca Los Gordos”. El caso es que me callé y pensé que, ya que el dinero era un regalo de comunión, tenía derecho a gastarlo en lo que yo quisiera. Mi madre me habría comprado seguramente una muda completa (camiseta de sport con agujericos + calzoncillos Ferrys) o algo así, pero yo tenía una idea mejor. Hacía poco que habían sacado un álbum de cromos de Bambi y consideré que sería una buen inversión. En un 10% de los sobres salían calcomanías con las figuras de la película y con ellas soborné a mi hermana para que no cantara. Como no pegaban sobre la piel humana –ni siquiera en la mía-, las adherimos como decoración en unos platos de plástico que había comprado mi madre en Valentín para poner la cascaruja. El plástico estaba entonces muy de moda. No había nada nocivo para la salud ni mucho menos cancerígeno. Se aplicaba a rajatabla el viejo dicho de “lo que no mata, engorda”, que a la larga, viene a ser casi lo mismo. Se quedó un poco mosca con la explicación que le di de que nos habían salido en las estampas, pues no recordaba habernos comprado ningún sobre, pero no le dio más importancia a la cosa hasta que se encontró a la vecina por la calle y ésta la interrogó sobre la moneda. Fue atando cabos y cuando llegó a casa ya sabía exactamente lo que había pasado. Ni Poirot habría sido tan rápido. Al volver del colegio, me aplicó un interrogatorio en primer grado y todas mis coartadas caían como castillos de naipes, así que hice lo que tenía que hacer: cantar de plano. El “paquete” me lo llevé a medias con Manolo, el quiosquero, pues mi padre le echó en cara –y con razón- que, conociendo a la familia y sobre todo a mí (cría fama...), cómo me había vendido esa cantidad exagerada de sobres. El mercantilismo le pudo a la sensatez, pero los correazos me los llevé yo solo.

jueves, 2 de octubre de 2008

La India - 3ª parte

Ésta es, de momento, la última entrega que he recibido de mi sobrina sobre su viaje a La India. Espero recibir más, pero no les prometo nada. Sería una lástima que terminase así ¿verdad? Ahí va:

3. Véase LA SARFA (a la catalana) O EL COSTA AZUL (a la alicantina) made in India

Vamos ya por el quinto o sexto día de viaje, sin demasiada precisión porque esta sobre-estimulación y falta de obligaciones desordena. Ahora estamos en Khajuraho, un pueblo bastante turístico con más de una veintena de templos de estilo indo-ario realmente impactantes. Los templos tienen una silueta que recuerda al arte azteca y una cantidad de relieves y esculturas de guerreros e imágenes del kamasutra profusísimas: en un templo de unos 10 metros cuadrados, más de 800 diminutas esculturas con posturas erótico festivas datadas en el 1025, que nada tienen que ver con el coetáneo oscurantismo cristiano. Khajuraho nos ha tratado bastante bien. Eso si, al ser tan turístico, participas sin quererlo en una persecución constante de miradas, invitaciones y conversaciones con fines comerciales cargante. Pero hay que tomarlo con tranquilidad, y ser firme. Es habitual que un niño o varios te sigan por la calle dándote conversación hasta llegar a ofrecerte algún servicio (muchos son guías turísticos) empezando por cómo te llamas, hablándote un castellano perfecto y acabando por señalarte “su” tienda. Muchos cobran comisiones por ello si al final compras algo.

Para llegar a Khajuraho vivimos una auténtica indian experience. Decidimos venir en autobús desde Jhansi. Nos tocó en la última fila según una esquina de papel de periódico con un par de garabatos que dejaban adivinar los asientos 48 y 49. ¡Vaya viaje!. Estuvimos esperando durante una hora y cuarto para arrancar. El autobús cada vez se llenaba más. En la última fila íbamos sentadas hasta siete personas en un espacio de cuatro. Y cinco horas por delante de viaje. Estrechísimo, calorcisimo y olorcisimo. Teníamos las caderas clavadas en las caderas clavadas del acompañante. Y una lucha constante por un milímetro de asiento que nadie estaba dispuesto a ceder. Las condiciones son tan malas que la cortesía no forma parte de la vida diaria. A mi derecha, Guillem Boix, señor de caderas fuertes, sudor generoso y espalda rotunda. El pobre tuvo a su lado a la segunda persona peor oliente de la India (la primera venia en el avión, un adolescente que contenía en sus zapatillas una bomba química de última generación). Al principio había un señor mayor, pero al llenarse el autobús a él y a un niño les hicieron levantarse a gritos. El niño fuera y el señor mayor de pie. El pobre, con unos gestos de resignación dramáticos, tuvo que ceder en último término. Le devolvieron la mitad del billete y fue cinco horas de pie. En su lugar se sentó el maloliente. Suponemos que las castas o el amiguismo estaban detrás. Al cabo de un rato, tenía una niña a mis rodillas y a su abuela en mi regazo. Finalmente, más de 90 personas en un autobús de 50. Y pese a las incomodidades, no desesperamos y disfrutamos el viaje. Es lo que tiene ser guiri. Media hora en metro camino de la UAB me frunce mas la frente que siete horas de baches, sudores y la dislocación inminente de este cuerpo tan poco yóguico.

¿Continuará?