sábado, 15 de noviembre de 2008

Los gorriones♦♦

Durante un tiempo, conseguí reunir una buena parroquia de gorriones en uno de mis balcones. En él encontraban alpiste todos los días, y un buen recipiente con agua para beber y bañarse. Desde el interior, en penumbra, observaba sus idas y venidas, sus devaneos, su respeto a la jerarquía y sus travesuras e intentos de burlar ésta. Todo esto se acabó con la avería de la secadora. Mi mujer tuvo que rescatar el viejo tendedero plegable del trastero y poner a secar la ropa en ese balcón, el más soleado. Los pajarillos, que no entienden de ropa, ni distinguen un tendedero de un posadero, campaban a sus anchas, ensuciando en muchas ocasiones las prendas tendidas, para disgusto de “la jefa”. Eso supuso un cese inmediato e indefinido (que aún continúa) en los privilegios que tenían, pues, aunque reparé la máquina, mi señora la utiliza sólo en ocasiones muy especiales (días de lluvia), pues el ahorro de energía –dice- es considerable. Aunque de vez en cuando regresan a echar una miradita, he perdido una TV natural, llena de vida, que tenía en mi cuarto favorito, el lugar donde paso la mayor parte del tiempo cuando estoy en casa. Aquí tengo el ordenador desde donde escribo estos rollos, y también mis libros, revistas y Cd’s, además de las cosas de encuadernar (la prensa, el telar, etc.) y las herramientas para mis chapuzas y reparaciones caseras.

2 comentarios:

Pacomar dijo...

Venga, hombre, reparale la secadora que por ver escenas como la de la primera foto vale la pena...guapa, guapa.

Pejiguera dijo...

¡Che, Pacomar! Quina sorpresa mes grata.
Pues ya arreglé la secadora, ya, pero con esto de la crisis y lo que les gusta a las mujeres repelar... Aunque igual está ahorrando para que los Reyes me traigan otra cámara, je, je.

Gracias por la visita y vuelve cuando quieras.