viernes, 26 de diciembre de 2008

Mantecados de los de antes

Bueno, sigo escasísimo de tiempo, pero como estoy de vacaciones navideñas (la tregua de los confiteros según mi primo Gilbert), espero recuperar todo lo perdido a partir de hoy. Para empezar, les obsequiaré con esta receta que me pasaron el otro día para hacer los famosos mantecados, una de las pastas más famosas, junto con los almendrados, de la navidad. Debo decir que ya la probé el pasado fin de semana (con la ayuda de mi hijo) y los resultados fueron EX-TRA-OR-DI-NA-RI-OS. Conseguí recuperar el sabor y casi la textura de los que hacía mi abuela Mercedes en mi niñez. Pero no me enrollaré más y pasaré a facilitarles la receta:

Ingredientes (para 1 kg. Aproximadamente):

- 250 grs. de almendra molida
- 250 grs. de harina
- 250 grs. de azúcar
- 250 grs. de manteca de cerdo

Se mezcla todo en un bol grande y se amasa hasta conseguir una pasta homogénea y sin grumos. Se extiende la masa y se cortan las figuras con moldes (los típicos tienen forma de estrella y de corazón). Hacemos una bola de pasta con el sobrante y volvemos a extender y a repetir la operación mientras nos quede materia prima. Emparejamos los mantecados en una bandeja previamente untada de mantequilla (o de manteca) SIN JUNTARLOS DEMASIADO, pues crecen un poco y se pegarían unos con otros. Introducimos la bandeja en el horno bien caliente (250º) y los dejamos cocerse entre 5 y 10 minutos. El tiempo exacto dependerá del grosor que le hayamos dado a la pasta y de si nos gustan más crudos o más tostados. No los pierdan de vista porque pasan del blanco al negro con mucha rapidez. El acabado también va por gustos: se espolvorean por encima con canela y azúcar (yo, estos ingredientes los mezclo antes en una tacita) antes o después de hornearlos. Si se hace después, es recomendable espolvorear nada más sacarlos del horno. Recién hechos están muy ricos –hay que esperar a que se enfríen, claro-, pero si les dan tiempo a “envejecer”, con los días van ganando en untuosidad y sabor.

Y nada más, prueben y ya me dirán, ya. Y si tienen alguna duda, ya saben dónde encontrarme.
¡Feliz Navidad!

domingo, 21 de diciembre de 2008

Lo que viene

Ya sé, ya sé, he tenido esto muy abandonado esta semana, pero la cercanía de las fiestas y los preparativos que conllevan me han tenido bastante atareado, aparte del trajín normal en el trabajo cuando se acercan vacaciones –aunque sólo sean unos días- y de la revolución que nos traemos entre manos en el plano informático. Pero bueno, tengo algunos temas en el tintero electrónico que irán saliendo a la luz en los próximos días: el amigo Alberto ha vuelto de Cuba y me ha contado alguna historia interesante que quiero investigar; ha habido novedades también en el grupo “Elche/Elx, Spain” que abrí en Flickr hace un tiempo; tenemos encima el sorteo de lotería; el blog ha cumplido dos años y, para terminar, he completado una serie de fotos sobre la posición del sol en el ocaso en solsticios y equinocios, para que comparen. Espero ponerme al día pronto, aunque los primeros días –valga la redundancia- de la semana próxima no van a ser muy propicios que digamos para ello. Tengan paciencia.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Más libros

Desde la última vez que les hablé aquí de mis lecturas, han pasado por mis manos –y por mis ojos- tres libros muy distintos. El primero de ellos, La partícula divina, de Leon Lederman y Dick Teresi, aborda los esfuerzos que se han hecho para encontrar el bosón de Higgs. Aunque el texto es algo antiguo (de 1993), se ha puesto de actualidad gracias al nuevo acelerador de partículas de reciente inauguración, cuyo accidentado estreno nos ha dejado a todos con la miel en los labios. Los autores -aunque tengo la sensación de que es Lederman quien lleva la voz cantante-, de forma amena y en ocasiones divertida, nos llevan en un viaje en el tiempo a repasar los esfuerzos de la ciencia por encontrar la partícula elemental y los beneficios que la humanidad ha obtenido de la investigación derivada de éstos. En este viaje nos acompañará Demócrito, el primer postulador del átomo como partícula indivisible, quien aparece y desaparece convenientemente, aunque siempre está ahí, agazapado en la sombra, sorprendiéndonos con ideas muy adelantadas a su tiempo.

Como los aperitivos no cuentan, no les hablaré sobre alguno más de Agatha Christie que ha caído también, de modo que el segundo libro leído ha sido ¿Qué es la vida?, de Erwind Schrödinger, científico vienés, que como Lederman, fue Premio Nobel de Física. En el librito, de 138 páginas, el autor, mezclando ciencia y filosofía aborda el tema que se resume en el título. El amigo Vicen tenía muy buenas referencias suyas, y en la portada se puede leer la siguiente reseña de Scientific American: “Una joya, se lee en unas horas, pero se necesita toda una vida para olvidarla”. A mí, la verdad, me ha dejado bastante indiferente. Posiblemente sea demasiado complejo para mí. Y lo dejo ahí para hablarles del tercer libro:

El sitio de Constantinopla, de Mika Waltari. Aunque en ocasiones se pone algo “meloso”, consigue desde el primer momento atrapar al lector, cosa que no hace ni de lejos el libro de Runciman de título muy parecido y que ya les comenté aquí. Toda la emoción que según Marías encerraba el relato del soso Runciman, la encontrarán en abundancia en el de Waltari. Y esto en cuanto al contenido, que si les hablo del continente... Sólo les diré que por el mismo precio –o menos- es el de Edhasa un producto de calidad hecho con sumo gusto y un cuidado acabado. Las tapas, las guardas, el papel... Pero bueno, no deja de ser mi gusto personal y mi opinión, ambas, como las de todo el mundo, bastante discutibles.

martes, 9 de diciembre de 2008

Calendario: Diciembre

La foto que acompaña al mes que cierra el año, fue tomada hace mucho, pero que muucho tiempo, allá por el 95, o tal vez un año o dos antes. Recuerdo que volvíamos del campo de mis suegros. Como me gusta mucho el campo de Elche y sus inquilinos de pelo y pluma, siempre he procurado buscar rutas alternativas a las carreteras que irradian desde el pueblo hacia las partidas, pues he tenido la suerte de captar buenas imágenes de “bichos” en parajes poco transitados. En esta ocasión, poco antes de cruzar el río a la altura de “El Chamizo”, vi que el sol estaba ocultándose detrás de unas palmeras. Como siempre llevaba la bolsa de la cámara conmigo, no tuve más que echarme a un lado y tomar la diapositiva, que fue posteriormente digitalizada por Kodak en 1995, en uno de los primeros (y caros) servicios de este tipo que ofreció la compañía en España.


Con esta última hoja cerramos el 2008, hasta ahora más malo que bueno, al menos para mí. ¿Y si les digo que a estas alturas aún no tengo claro el del 2009, se lo creerán? La principal candidata a ser la protagonista es la República Checa, por eso de que normalmente escojo para los calendarios las fotos de las últimas vacaciones, pero este año, como les dije, no estoy especialmente contento con ellas, así que no sé qué haré. Ya se enterarán, ya.


jueves, 4 de diciembre de 2008

La tábula por fin


Ya les hablé en un par de ocasiones (aquí y aquí) de la “tábula de Ilici”, una pequeña plaquita de bronce, de hallazgo relativamente reciente, en la que, según D. Rafael Ramos Fdez., se registra un reparto de tierras entre 10 ciudadanos romanos, probablemente militares veteranos, a quien el imperio premiaba así en su retiro. El fin de semana pasado, por fin pude verla “en directo” (después de tres intentos fallidos), pues hasta ahora sólo había podido contemplar una reproducción expuesta en el MAHE con motivo de la exposición Gent que fa història (Gente que hace historia) o alguna fotografía, siempre la misma, pero en diferentes sitios. Acudimos a visitar La Alcudia junto con Gilbert e Isabelle, mis primos venidos de Francia, que aún no la conocían. En el Centro de Interpretación (y de cobro de entradas), disfrutamos de una proyección, cortita y muy interesante y descubrimos que a lo que toda la vida hemos llamado Ilici, se pronuncia Iliqui. En el reducido espacio de exposición, se muestra una pequeñísima parte, tal vez lo más significativo, de lo que se podía ver en el antiguo museo, que ha quedado reservado únicamente a los profesionales. Al menos, la tábula estaba detrás de los gruesos cristales y le pude hacer la foto prometida, que verán arriba. En las de abajo encontrarán otros detalles de la exposición.