jueves, 1 de enero de 2009

Feliz Año 2009


Y ya por fin acabó el 2008, un año que no pasará a mi recuerdo como uno de mis favoritos. Lo empecé mal, en la cama con fiebre, sin acceso a internet, pero los acontecimientos posteriores no han ido mejorándolo precisamente. Y el caso es que las perspectivas no eran malas del todo: bodas de plata (sí, mi mujer y yo llevamos más de 25 años juntos, que se dicen pronto), eclipse total de sol, con posibilidades de ir a Siberia a verlo (al menos la ilusión la tenía), concierto de Roger Waters en Granada... Finalmente, sólo pudimos cumplir esta última, si bien nos llovió a cántaros durante todo el fin de semana, incluyendo el concierto. En cuanto al eclipse, la fecha coincidía con la de más trajín en la empresa donde trabajo, así que hubo que dejarlo estar, pues la diosa Fortuna no nos sonrió en ningún juego de azar que nos facilitase la independencia económica necesaria para mandar las obligaciones a paseo, de modo que hubo que seguir “currando”. Para las bodas de plata aún fue peor, pues justo una semana antes nos dejaba mi padre, víctima de una larga y penosa enfermedad. Para poner un poco más de salsa al asado, mi madre ha ido sufriendo a lo largo del año, periódicas crisis de pancreatitis que la obligaron a “hospedarse” en el Hospital durante algunos días, coincidiendo en algunas de ellas con ingresos de mi padre. Por suerte somos tres hermanos y el follón, repartido, parece más leve, pero estos desbarajustes no se los deseo a nadie.

Y volviendo al tema de las pérdidas, en el 2008 también se fueron algunas personas a las que, por un motivo u otro, les tenía aprecio o, al menos, me caían bien. Dejando aparte a los padres de amigos y conocidos (entre ellos el del amigo Vicen), nos han dejado escritores como Arthur C. Clarke (2001 una odisea espacial) o George MacDonald Fraser (autor de la saga dedicada a Harry Flashman), científicos como John Archibald Wheeler (uno de los físicos más importantes del siglo XX) o Albert Hofmann (descubridor de los efectos del LSD, que probó él mismo. Por cierto, murió con 102 años), el misterioso gran maestro de ajedrez Bobby Fischer, o el “teclas” de Pink Floyd Richard Wright. Y esta semana me di cuenta de otra pérdida, que, si bien no es comparable con la de alguien querido o admirado, a mí me fastidió bastante: al traspasar las fotos de las tarjetas al ordenador y al disco externo que tengo para tal fin, he descubierto que me faltan ¡casi 50! Las he buscado por todos los rincones (del ordenador y de las tarjetas, se entiende), pero no aparecen por ninguna parte. Entre ellas, una de las que completaban la serie de solsticios/equinoccios de la que ya les hablé con anterioridad. En fin, adiós 2008, bienvenido 2009.

No hay comentarios: