martes, 24 de marzo de 2009

El Petirrojo (Erithacus rubecula)

Los que me conocen, saben que soy un amante de las aves, especialmente de los pequeños y huidizos pajarillos, y aunque me gustan todos, tengo especial debilidad por algunas especies, siendo uno de mis favoritos el Petirrojo (Erithacus rubecula). A este pequeño paseriforme, de pecho rojo y grandes ojos negros, me lo he encontrado en los sitios más variopintos: en profundos bosques navarros, cerca del nacimiento de río Urederra; entre las zarzas, en las afueras de Bubión, en las Alpujarras granadinas, en un camino poco transitado; en huertos de limoneros, muy cerca de mi casa, buscando su alimento –insectos, arañas y pequeños gusanos- en algún montón de estiércol, en compañía ocasional del apaput; y la última vez, en los jardines del Generalife, junto a la Alhambra de Granada. Esta vez lo tuve tan cerca, que casi no pude enfocarlo. Es un ave poco longeva en la naturaleza, pues su esperanza media de vida anda alrededor del año y medio, mientras que si pudiésemos domesticarla, no faltándole comida y no sufriendo ninguna enfermedad, podría vivir perfectamente 10 años o más. Hace puestas de 4 a 7 huevos dos veces al año, entre la primavera y bien entrado el verano. Incuba la hembra, que es alimentada por el macho durante este periodo. Es muy combativo defendiendo su territorio. Cuando con el canto –uno de los más bellos emitidos por un pájaro según algunos autores- no consigue ahuyentar al invasor, no duda en pasar al ataque con pico y patas. Si quieren escucharlo, durante la primera mitad del año hace coros con colirrojos tizones y mirlos comunes (estos últimos también bellos cantores) a la salida del sol y durante el crepúsculo. Toda una delicia para el oído.

El amigo petirrojo en Las Alpujarras granadinas

Y este primo suyo, el de La Alhambra, confiadísimo

1 comentario:

Anónimo dijo...

el de la Alhambre tendría el nido muy cerquita, tiene cebo en el pico para alimentar a la prole, por eso su mansedumbre.

enhorabuena por el blog

Oscar