Hace tiempo que no les hablo por aquí de libros, así que vamos a desquitarnos. Ya les comenté el pasado enero, que una de las cosas que me habían traído los Reyes fue el libro de Darwin sobre El origen de las especies. Una edición conmemorativa editada por Austral con una presentación muy cuidada y atractiva, uno de esos libros que te entran por los ojos y por la nariz, pues huele a gloria, no sé si me entienden. En cuanto al contenido –bastante espeso para quien no guste de estos temas-, es evidente que la obra, escrita hace 150 años, ha quedado obsoleta en muchas de sus aseveraciones. Pero es el fondo, la idea, revolucionaria en su tiempo y aún discutida, con lo que hay que quedarse, sobre todo si tenemos en cuenta que fue la base de la biología que hoy conocemos. Otra de las cosas que han llamado mi atención ha sido el método del autor, investigador y experimentador incansable, minucioso observador que respalda la mayor parte de sus afirmaciones en pruebas hechas por él mismo. Todo un ejemplo de método científico.
Y ya que estamos con Darwin, por San José recibí otro libro, también editado por Espasa, titulado Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo, en el que el autor nos narra, como el título indica, su viaje de cinco años a bordo del Beagle (sabueso). Fue en esta aventura donde Darwin, con apenas 22 años, puso a prueba su capacidad de observación y análisis, siendo este diario, que publicó a la vuelta, el germen que le llevó a recopilar información y a seguir investigando para sacar a la luz, algunos años después, su obra maestra, de la que ya les he hablado arriba.
Y por si esto fuera poco, el pasado jueves, en el que pese a ser santo estaba casi todo abierto, estuvimos con el amigo Vicen en Alicante, dando una vuelta por las casetas de


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