sábado, 4 de julio de 2009

La moto (o "el amoto", según dónde estés)

Mi tío Ramonico vivió durante un tiempo en el Barrio de San Antón, que tan cerca tengo ahora. Creo que su mujer, mi tía Reme, era de allí. Recuerdo que cuando nació su primer hijo, Mari-Reme, fuimos a su casa de visita. Calculo que mi prima y yo nos llevaremos 3 ó 4 años a lo sumo, la edad que yo tendría cuando estuvimos allí y mi tío se empeñó en darme mi primer paseo en moto. La moto era la que llevaban los “macarricas” entonces (y mi tío muy probablemente lo era), una Derby de carretera de poca cilindrada, que hacía ruido de chicharra -agudo y escandaloso- y vibraba aún más escandalosamente. Aferrado a los flancos de mi tío –aún llevará la señal de mis uñas en los costados-, me dio una vuelta por todo el barrio y, de regalo, algo de campo a través por los descampados de enfrente, junto a la fábrica de Turrones Galiana. Cuando paró, los cataplines me repicaban como cascabeles y tenía un extraño temblor por todo el cuerpo, mezcla de la excitación y de la vibración transmitida por el sillín, que aún no me había abandonado. --¿Te lo has pasado bien? me preguntaban. No pude decir nada, las palabras se habían mezclado todas en mi cabeza. Ah, y tardé mucho tiempo en volver a subirme a una moto...



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