jueves, 3 de septiembre de 2009

Francia - 2ª parte

De Avignon fuimos directamente hasta Sarlat-La Caneda (previo paseíto hasta Gordes, donde habíamos olvidado un monopié el día anterior), bien guiados por el Tom Tom. Aprovecho para hacer un inciso sobre el tema. No sé si lo llevo configurado para el camino más corto o qué, pero, al dejar las autopistas, nos ha llevado por algunas carreterillas –en algunos casos, caminos- bastante pintorescos. Para nosotros, que viajamos en un todoterreno, ha sido un placer, pero ha habido algunos de ellos en los que me lo habría pensado de haber ido en otro coche. De todos modos, siempre ha sido en trayectos cortos, pero muy “disfrutables”.

Pues nada, así, poco a poco, llegamos a nuestro hotel: “Le Mas del Pechs”, donde Francisco Rodríguez (español, sí) y su mujer, Noelie, nos atendieron estupendamente. Nuestra primera cena en el pueblo, en uno de los lugares que nos recomendaron, tampoco fue manca. Fue nuestro primer contacto con la gastronomía de la zona, que gira toda ella alrededor de patos y ocas (estábamos en la tierra del foie) y no nos defraudó en absoluto. En cuanto al pueblo, la primera impresión, ya atardeciendo, fue buenísima, así que decidimos bajar a la mañana siguiente, para coger información en la oficina de turismo y esas cosas.

Después de cenar, como estábamos cansados y habíamos bajado andando, emprendimos el camino de regreso al hotel, un camino con una pronunciada pendiente, jalonado de bonitas casas perigordinas. Doy fe de que las cenas a base de pato, el calor y las pendientes no hacen buen maridaje, pues sudé, hasta llegar arriba, toda la cerveza que había bebido durante este viaje y el anterior. ¡Con lo poco que nos había costado bajar! Mientras descansábamos al final de la cuesta, pudimos contar, en el despejado firmamento sur que teníamos delante y en apenas 10 minutos, hasta cinco estrellas fugaces (Perseidas), dos de ellas de las de toda la vida, con estela abundante y de largo recorrido. Fue una bonita bienvenida.

A la mañana siguiente, como creíamos que ya habíamos visto lo mejor del pueblo, pensamos acercarnos en un momento a Turismo y hacer algo de ídem por los pueblos de los alrededores, con fama de ser los más bonitos de Francia, pero como bajamos con el coche, aparcamos en otra zona de Sarlat y descubrimos al entrar que aún nos quedaba mucho por ver. Tanto, que después de informarnos bien y comprar algunos mapas para hacer excursiones por bosques, castillos, etc. (que nos quedamos con las ganas de hacer), decidimos quedarnos a comer. Y así se nos pasó el día, pero cuando uno está disfrutando, no puede pensar en las cosas que le quedan por ver, sino en aprovechar bien las que está viendo en ese momento. Definitivamente y como me temía, nos quedamos cortos habiendo dedicado sólo tres días al Perigord (que realmente fueron dos y pico, pues el primer día llegamos a las 5 de la tarde). Queríamos habernos acercado a las cuevas (hay varias en la zona) y también a ver los mercados vespertinos de los pueblos de la región, pues los productores locales venden sus mercancías (patés, quesos, embutidos, verduras, pan, etc.) y los ayuntamientos habilitan mesas para poder cenar allí mismo lo que se compra ¡qué bueno! mmm..., pero no hicimos ni una cosa ni otra. Para las cuevas nos advirtieron que, en Agosto, había que madrugar mucho para no hacer colas de horas (no sé si será cierto porque no llegamos a comprobarlo). En cuanto a lo de los mercados, nos apetecía mucho, pero estábamos tan cansados por la tarde, que lo último que se nos pasaba por la cabeza era coger el coche.

El tercer día nos levantamos un poco antes y nos encaminamos hacia Domme y La Roque-Gageac, con la idea de ampliar la excursión según se fuese presentando la cosa. Como ésta se fue presentando llena de sorpresas, se nos pasó la mañana en un suspiro, así que después de comer en La Roque y de dar una vuelta en gabarra por el Dordogne, nos encaminamos a Marquay, donde hay una granja (con venta directa al público) que Noelie nos había recomendado visitar cuando oyó el interés de nuestro hijo por ver ocas. Todo muy bonito, la gente muy amable y lo que hemos probado de lo que allí compramos, bue-ní-si-mo. Una visita muy recomendable si van por allí. La Ferme du Brusquand se llama.

Y para no hacer esto muy cansado, si les parece, dejaré para una tercera parte lo que nos aconteció en Futuroscope y Nantes...



No hay comentarios: