domingo, 20 de septiembre de 2009

Las navajas de Laguiole

Para los franceses, Laguiole (se pronuncia laiol) es sinónimo de navaja, como para nosotros Danone lo es de yogur. Laguiole es un pueblecito de poco más de 1000 habitantes, perteneciente a la región de Midi-Pyrenees, con una gran tradición en la fabricación de cuchillería, iniciada en el primer tercio del siglo XIX por Pierre-J. Calmels. Según la información que he encontrado por la red, en esa época hubo en la zona un importante movimiento migratorio hacia España –principalmente a Cataluña-, donde los campesinos conseguían trabajo como temporeros. A la vuelta, solían reunirse en la taberna de los padres de Calmels –donde éste ayudaba ocasionalmente- y allí contaban sus “batallitas” en el extranjero y enseñaban sus “souvenirs”, entre ellos, las famosas navajas españolas. Según dicen, la visión de una de ellas inspiró a Pierre-Jean, quien pensó introducir en el cuchillo autóctono –le capuchadou- las reformas necesarias para convertirlo en navaja. Asesorado por un tío suyo, cerrajero local, creó la Cuchillería de Laguiole, para fabricar los nuevos “cuchillos cerrados”. Era el año 1829 y la empresa estuvo funcionando hasta 1900, inspirando en ese intervalo a una treintena de artesanos más que montaron su propio taller de laguioles. Con la introducción de la maquinaria en el proceso productivo, la ciudad de Thiers fue ganando terreno en la industria cuchillera, pues los manufactureros de Laguiole fueron literalmente “devorados” por el progreso, hasta el punto de que, en prácticamente todo el siglo XX, las navajas sólo se fabricaron en Thiers. De hecho, en la tienda que los descendientes de Calmels aún tenían en Laguiole, vendían los productos de las industrias “rivales”. Incluso se dice que el propio Calmels y, sobre todo su hijo, quien heredó de su padre el amor por el oficio, montaron durante un tiempo sus navajas con piezas fabricadas en Thiers. En 1985 y, al parecer, por una iniciativa del Ayuntamiento, se trata de recuperar la actividad artesanal mediante la creación de la empresa “Le couteau de Laguiole”. Unos años más tarde y a rebufo del éxito obtenido por la anterior, nace la “Forge de Laguiole” y, con ambas, una “primavera” en la economía local que propicia la aparición de comercios cuchilleros (aparte del ya citado Chez Calmels, regentado en la actualidad por dos bisnietas del fundador) y la recuperación de algunos talleres artesanos. Hasta hace bien poco se ha estado litigando sobre la propiedad de la denominación “laguiole”, habiendo fallado los tribunales en contra de los que querían restringir el uso del patronímico a los artículos fabricados exclusivamente en el pueblo que les da nombre.

Una de las vitrinas de la cuchillería de Sarlat-La Caneda

Y ustedes se dirán ¿por qué nos cuenta este hombre todas estas cosas? Pues primero de todo por curiosidad. El saber no ocupa lugar, así que absorban esta información por si van a Francia y deciden comprar alguna, pues les vendrá bien. En segundo lugar, porque había leído que en Francia se fabrican unas navajas de fama mundial y decidí que, ya que íbamos allí, me gustaría verlas en directo. Y en tercer lugar, porque en el mismo Sarlat, casualmente, encontramos una cuchillería con más de 15 metros de escaparates dedicados a estas bonitas herramientas. Y que, en cuanto las vi, supe que tenía que comprarme una. Si hubiera sabido lo que ahora sé (que tampoco es mucho), habría disfrutado más y me habría orientado mejor de lo que lo hice, aunque sólo ver las vitrinas ya es una gozada. Me sorprendió la variedad de acabados, de fabricantes y, sobre todo, de precios. En cuanto a estos últimos, había de todo. Las más baratas andaban entre los 60 y los 100 euros, dependiendo del tamaño (la mía, de unos 9 cm. de hoja, me costó 75 machacantes) y, a partir de ahí, las había de hasta 3.000 euros (vean la vitrina de la foto de arriba). Lo que más llamó mi atención fue este tema, pues había navajas, aparentemente idénticas –al menos para mí lo eran- con precios bastante distintos, algunos de ellos con decimales. ¿Cómo se sabe que una navaja vale 90 euros y su “gemela” 120,68? ¿Por la perfección del acabado? ¿Por el peso? ¿Por el tipo de acero empleado? Ya les digo que aparentemente eran iguales. Dejo este misterio en el aire por si alguien lo pudiese aclarar. Ah, y mi navaja está fabricada en Thiers por Genes David, tiene un acabado impecable y un filo bastante eficiente. Les dejo con unas fotos para que la conozcan.

Si quieren ampliar esta información, pueden hacerlo aquí (un artículo muy interesante).

1 comentario:

marcelo suarez dijo...

Excelente, la nota. Puedo aportar que algunas de las navajas para fijar la cachas, los remaches forman una cruz, los pastores antiguamente, cuando estaban en el campo, clavaban la navaja de punta y la usaban para rezar. Un amigo francés me regaló una Laguiole es el Rolex de las Navajas.
Saludos