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Toda esta información está extraída de un artículo que escribió Román Casado para
En este blog no se va a hablar de política, ni de guerras, ni de sexo, ni de fútbol, ni de viajes, ni de astronomía, ni de fotografía, ni de natación, ni de cervezas, ni de nada de nada. Por contra, escribir, lo que se dice escribir, se hará sobre todo eso y mucho más... ...cuando pueda ¿eh?.
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Toda esta información está extraída de un artículo que escribió Román Casado para
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Manel, el técnico que nos repara las máquinas de oficina en el trabajo, toca la dolçaina (dulzaina) en una “colla” o agrupación. La dolçaina es un instrumento de origen árabe, con sonido agudo y muy típico en fiestas y celebraciones de toda
El caso es que, comentándolo un día con Manel, me dijo que en su colla habían comprado cuatro nanos y quedó en avisarme cuando los sacasen “de paseo” por Elche. Después de más de un año (ya pensaba que lo había olvidado), recibí un correo suyo en el que me informaba de su actuación, con danza incluida, en
Manel y la "Colla el Cascabot" en plena actuación
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Aprovechando el acontecimiento, en el grupo Elche/Elx de Flickr montamos un concurso (como siempre, testimonial, sin premios en metálico), con lo que nos obligamos, los más perezosos, a salir cámara en ristre. Si bien no hubo récord de participación, sí que se tomaron bastantes imágenes (al menos yo lo hice). En el enlace que les he puesto arriba, pueden ver las participantes en el concurso, entre las que están las ganadoras. Y en mi galería
Esta foto de Tomasa la payasa, ha sido, de las tomadas en Elx al carrer, la que más visitas ha recibido de mi galería. Tal vez tenga algo que ver el que la artista sea paisana ¿no?, aunque aún no he tenido el gusto de conocerla personalmente.
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Este año, la feria se ha ido con el mismo sigilo con que llegó. Apenas caseta y media, lo que podría parecer una mejora con respecto al año anterior, en la que sólo había una, pero resulta que en el añadido sólo vendían posters y esas cosas. Aparte de lo desacertado de las fechas, en pleno verano, cuando la gente huye los viernes en desbandada hacia las “faenetas” o las cercanas playas, el contenido me ha parecido más flojo que en otras ocasiones. Aunque, la verdad, sólo pude recrearme el primer sábado; en el segundo no me acerqué siquiera porque llegaba tarde, sediento y exhausto a mi cita cervecera con los amigos; el tercer fin de semana coincidió con Elx al carrer, así que no pude ir tampoco a “dotorear”; en el cuarto, sencillamente ya no estaba. Decepcionante. Aunque también, para el éxito que habrán tenido, los pobres... Lo que no me explico es cómo siguen viniendo. Pero bueno, el primer sábado al menos compré un libro que, sin ser la leche, no ha estado del todo mal. Alcibiades, el primer griego es el título, y Josep Mª Albaigès el autor. Éste nos novela la vida del ambicioso y rijoso personaje, aportando, como dato curioso, las distintas opiniones que sobre él tienen otros tantos historiadores, en forma de comentarios de algunas de las mujeres que pasaron por su vida (que no fueron pocas), como contrapunto al relato que el controvertido protagonista nos va haciendo de las “desgracias” que le tocó vivir, justificando todas sus acciones, por necesidad unas veces, por amor a Atenas otras.
Y no les digo más. Aunque es una historia de la que ya se conoce el final, les dejo que descubran por ustedes mismos a este curioso sujeto a través del original punto de vista de Albaigès. Si quieren, claro.
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Bien, pues después de varios amagos de viaje, unos solos, otros con amigos, finalmente tenemos decidido qué vamos a hacer este verano. El viaje a Francia, del que ya les hablé aquí, se vio seriamente amenazado cuando nos pusimos a sacar cuentas, pues mi idea original subestimaba el tamaño del país y las distancias que tendríamos que recorrer de querer hacerlo completo. Estábamos contemplando otras opciones, entre ellas Suiza, Munich-Baja Baviera y Eslovenia (sí, otra vez), cuando el amigo Alberto sugirió la posibilidad de ir a un pueblecito de los Apeninos, en Italia, cerca de Modena y de Bolonia, donde una buena amiga de su mujer tiene una casa capaz de acogernos a todos. A última hora, cuando ya nos disponíamos a sacar los billetes, la cosa no cuajó por problemas de fechas. Vuelta a empezar, con el agravante de que el tiempo se nos echaba encima.
Después de mucho cavilar y de reestudiar nuevamente las opciones, decidimos que la más viable era la primera, pero con algunos retoques, el más importante de ellos, el hecho de que mi hijo haya decidido a última hora que quiere venirse. Finalmente la cosa ha quedado en que estaremos un par de días en Avignon, con la familia, para desplazarnos luego hasta el Perigord Negro, donde estaremos tres días alojados en Sarlat-La Caneda. Para los curiosos, diré que el Perigord es, gastronómicamente, una de las áreas más interesantes del país galo. Se divide en cuatro zonas, bautizadas con colores (blanco, verde, púrpura y negro), siendo este último adjetivado así por la densidad de sus bosques. Además, todas las tardes, en los pequeños pueblos se organizan mercados donde los productores venden sus exquisiteces a precios razonables, con el añadido de que se pueden consumir allí mismo, en las mesas que los ayuntamientos habilitan para tal fin ¡Mmmmm! Y si nos movemos al terreno paleontológico, la zona es mundialmente famosa por haber aparecido allí unos huesecillos que se dice pertenecieron al Hombre de Cro-magnon (cromañón para los amigos), que tomó su nombre de la cueva donde se hizo el hallazgo. Vamos, que nos van a faltar días.
De allí teníamos pensado ir directamente a Nantes, a cumplir mi capricho de ver, fotografiar y subir al gran elefante de “Les machines de l’ile”, pero antes haremos una escala de una noche en Poitiers, para satisfacer otro de mi hijo: Futuroscope, donde creo que tampoco lo pasaremos mal.
Y este es nuestro plan. Ahora sólo quedan tres cosas: esperar que el Jeep, con 11 añitos, aguante sin problemas el tirón de casi
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Mi tío Ramonico vivió durante un tiempo en el Barrio de San Antón, que tan cerca tengo ahora. Creo que su mujer, mi tía Reme, era de allí. Recuerdo que cuando nació su primer hijo, Mari-Reme, fuimos a su casa de visita. Calculo que mi prima y yo nos llevaremos 3 ó 4 años a lo sumo, la edad que yo tendría cuando estuvimos allí y mi tío se empeñó en darme mi primer paseo en moto. La moto era la que llevaban los “macarricas” entonces (y mi tío muy probablemente lo era), una Derby de carretera de poca cilindrada, que hacía ruido de chicharra -agudo y escandaloso- y vibraba aún más escandalosamente. Aferrado a los flancos de mi tío –aún llevará la señal de mis uñas en los costados-, me dio una vuelta por todo el barrio y, de regalo, algo de campo a través por los descampados de enfrente, junto a la fábrica de Turrones Galiana. Cuando paró, los cataplines me repicaban como cascabeles y tenía un extraño temblor por todo el cuerpo, mezcla de la excitación y de la vibración transmitida por el sillín, que aún no me había abandonado. --¿Te lo has pasado bien? me preguntaban. No pude decir nada, las palabras se habían mezclado todas en mi cabeza. Ah, y tardé mucho tiempo en volver a subirme a una moto...
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