domingo, 3 de enero de 2010

De supersticiones (y otras tonterías)


No me considero supersticioso, aunque tengo alguna que otra manía, como todo el mundo, supongo. Por ejemplo, no me gusta que haya nada apuntándome en línea recta, aunque sea algo tan tonto como un lápiz encima de una mesa. Una estupidez, ya sé, pero tampoco la llevo a extremos exagerados, es decir, que no me pongo enfermo ni me entran sudores fríos si se da el caso y mucho menos si tengo que ir a la otra punta de la habitación para evitarlo. La gandulería le puede a la tontería. Pero lo que les quiero contar es otra cosa. En el trabajo, llevamos jugando al sorteo de los viernes de la ONCE (el famoso cuponazo) desde hace varios años, y siempre lo hacemos a un número acabado en 2 (otra tontería, porque si miran las estadísticas, es de los que menos se repiten en viernes, pero somos así de tozudos, qué le vamos a hacer). Hace cosa de un mes, descubrí con sorpresa que esa semana jugábamos con el 3722, número que coincide con el de la matrícula de un coche que tuvimos, primero mi padre y luego yo. No les voy a decir que no estuve algo ilusionado y me vinieron a la cabeza frases del tipo “el azar tiene estas cosas...” o “mira que si...”, pero todo acabó cuando comprobé el resultado del sorteo y sí, salió el 2, pero no ese número concreto, así que sólo recuperamos el importe jugado. Estando tan próximo el sorteo de la lotería de Navidad, tampoco pude evitar pensar en si no habría sido más que un aviso para que comprase ese 3722, pues ése iba a ser El Gordo. Miré en Internet por si diese la casualidad de que esa cifra estuviese a la venta en mi ciudad, pero no, el lugar más cercano era Murcia y la fiebre no me atacó tan fuerte como para desplazarme 60 Km. en busca de un décimo que, casi con toda seguridad, iba a quedar sin premio (como todos los que jugué). Y así fue, efectivamente. Acabado el sorteo, el número no fue de los elegidos por los hados (ni por los niños de S. Ildefonso), pero si llega a tocar algo grande, se me habría quedado una cara de tonto que aún me duraría. Así, a toro pasado, es muy bonito decir ¡qué listo fui!, pero el caso es que, mientras escribo esto, he caído en la cuenta de lo siguiente: ¿y si el aviso no era para el sorteo de Navidad, sino para el del Niño? 

3 comentarios:

Pericles dijo...

Está bien claro...
Será el número premiado del 3 de julio del 2022. Más vale tarde que nunca...

Mi suegro(que en paz descanse)jugaba con sus compañeros de oficina siempre la misma quiniela. Normalmente la echaba el mismo compañero. Una semana de tantas el habitual en registrarla no fue a currar, y unos por otros, nadie fue al estanco de marras.
Pues esa semana la puñetera quiniela tocó. El que estaba de baja pilló tal depresión que continuó de baja un par de meses. El que tenía que haberla echado en su lugar también quedo bastante perjudicado.
No era una quiniela supermillonaria. De esas no tocan, pero algunos millones si hubieran trincado.
Como decían los Judas Priest: las tristes alas del destino.
Y digo yo... Eso no puede ser una casualidad, es como una tocada de pelotas. O no?

Pejiguera dijo...

Lo más cómodo en estos casos es el determinismo, tan de moda durante siglos -e incluso ahora en algunos lugares y entre muchas personas-, es decir, pensar que nuestro destino está escrito y, hagamos lo que hagamos, no podremos escapar de él. Si no le tocó a tu suegro y a sus compañeros esa quiniela, es porque no tenía que tocarles. Y si sale el 3722 hoy, me cagaré en todo lo que se menea, en el determinismo y en la madre que lo parió, con perdón. :-)

Si hubiera leído tu comentario el lunes por la noche, te habría dicho que en Madrid también lo vendían, por si hubieses querido probar suerte. Demasiado tarde, supongo...

Crucemos los dedos para que salga el que jugamos.

Pejiguera dijo...

¿Ves?, al final no ha pasado nada (era lo más lógico). De todas formas, he mirado cuándo caerá el 3 de julio del 2022 y será domingo. Si hubiese sido sábado, lo habría apuntado en letras grandes para que no se nos olvidara comprar el número para ese sorteo. :-)