domingo, 31 de enero de 2010

Más sombreros

No hace mucho les hablé por aquí de mi afición por los sombreros, una colección que empezó como una tontería, pero que ya está convirtiéndose en algo más serio, al menos en espacio.

Uno de los primeros que llegó a mis manos, fue un auténtico gorro ruso de pelo, supongo que de conejo, que ha sido la envidia de todos los que lo han tenido en las manos (a todos nos gusta tocar pelo). En la foto de abajo pueden verlo. Me lo trajo un viejo compañero de academia de una época en la que, por necesidades del trabajo, comencé a estudiar inglés. Comerciante de pieles, Joseph, como lo llamábamos, viajaba en aquella época asiduamente a Rusia, a comprar grandes cantidades en crudo para curtirlas posteriormente en España. El gorro vino acompañado de mil historias de citas nocturnas en solitarias y tenebrosas estaciones de tren, de viajes en coche desde éstas a remotos pueblecitos escoltado por tres o cuatro hombretones, de borracheras inacabables... aventuras sin fin que escuchábamos boquiabiertos unas veces, muertos de risa otras, y que no habríamos creído de no haberlas oído de su boca. Un infarto acabó con sus ansias viajeras, aunque no con él, pues me consta que aún anda por ahí con sus trapicheos, esta vez más tranquilos y a menor escala.

Este otro me lo trajeron desde Rumanía y, según me contaron, forma parte de un traje regional. Aunque por el tamaño pueda parecer de niño, lo utilizan los adultos, así que su uso es meramente ornamental. En el mismo lote venía otro, también de paja, pero tan normal y parecido a los que se utilizan aquí, que no he gastado el trabajo de fotografiarlo. Me los trajo una simpatiquísima rumana que trabajó en mi empresa (quiero decir en la misma que yo) durante una larga temporada. Cuando se enteró de que coleccionaba sombreros, en su siguiente vuelta a casa me compró estos que les digo.

Por último, esta adquisición fue de las últimas que hice. Lo encontré en El Corte Inglés, en una de esas ferias que suelen llamar “La quincena de Asia en ECI”, o “Feria de Oriente en ECI”. Si he de hacer caso a la etiqueta que lleva cosida, está hecho en Vietnam. De inmediato lo reconocí como el que usaba uno de los héroes de mi niñez: El Capitán Tan (antepasado del Coronel Tapioca), quien con Valentina, Locomotoro, el Tío Aquiles y los Hermanos Malasombra, amenizaba las tardes televisivas en blanco y negro de los chavales de los años sesenta y tantos. Aún recuerdo su famosa frase: “En mis viajes a lo largo y ancho de este mundo...”

Y hay más, los mejicanos de los que ya les hablé con anterioridad, la gorra del valeroso soldado Schwejk que conseguí en Praga... Al final me tocará comprar una vitrina y todo, ya verán. Ah, y si alguien se siente tentado de traerme o enviarme alguno desde algún remoto lugar, que tenga en cuenta que mi talla es la XXL (en la “mili” gastaba la 62 de gorra). :-)


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