jueves, 25 de febrero de 2010

San Antón 2010

Creo que ya les conté que, por San Antón, patrón de los alpargateros, hacen la fiesta en el barrio homónimo, barrio que puedo ver desde mi sillón favorito. La fiesta se celebra en el fin de semana siguiente al día de la onomástica. El sábado por la noche, junto a la ermita, se enciende una hoguera enorme (recuerdo haber visto algunas veces las llamas sobrepasando la altura del campanario), mientras los vecinos van girando alrededor, al ritmo de los cánticos y del licor de cantueso (por cierto, a mí siempre me invitan). Cuando desaparecen las llamas y sólo quedan las brasas, los más valientes se aventuran a saltarlas, con lo que todos los años hay algún quemado (normalmente, también con olor a cantueso y otras hierbas). Desde luego, en los tres o cuatro años que llevo bajando a la hoguera, he visto que las medidas de seguridad han ido aumentando. Este año, incluso pusieron una valla a la distancia que, bomberos y policía local, consideraron suficiente para mantener al personal razonablemente seguro mientras el fuego estaba en su apogeo. Además, para amenizar el momento, los chicos y chicas de Sarabanda nos deleitaban a ritmo de batucada, cosa que hizo que casi todo el mundo estuviese más pendiente de la banda que de la hoguera. De todos modos, llegado el momento de saltar, hubo dos valientes que pensaron hacerlo al mismo tiempo, pero cada uno por un lado, con choque central y caída braseril incluidos. Yo no pude verlo, porque estaba entretenido haciendo fotos a los de la batucada, pero el amigo Rafa, que prefirió el otro espectáculo, lo “disfrutó” en directo. El caso es que, el caer éstos y el apagar los bomberos la hoguera, fue cuestión de minutos, con lo que la del 2010 ha sido la celebración más corta que he visto. Por si esto fuese poco, la ermita, que en esas noches siempre ha estado abierta, para que los parroquianos honraran a su Patrón y se turnaran para tocar la campana hasta que se rompiese la cuerda, estaba cerrada a cal y canto.
Algunos se fueron detrás de los tambores, pues muy convenientemente, a alguien de la comisión se le ocurrió improvisar un pasacalles para sacar a la gente de allí, pero la mayoría de los vecinos volvían hacia sus casas refunfuñando. Todos los años oigo a algún niño decir: -“Jo, se van a cargar la fiesta”. No sé a quién se referirán, pero creo que cada vez tienen más razón.

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