miércoles, 3 de marzo de 2010

Más lecturas

Hace ya un par de meses o así que no les cuento nada sobre los libros que han pasado por mis manos, así que creo que es el momento de ponerles al corriente.

Como ya les comenté en su día, con el importe del premio de fotografía (150 eurillos), compré algunos libros, de los que ya les hice detallada relación. De ellos, ya he leído los tres de Wodehouse, con este resultado:

Ola de crímenes en el castillo de Blandings. De las 246 páginas que tiene el librito, sólo 56 se corresponden con el título. El resto se compone de otros relatos cortos del autor, lo que me ha decepcionado bastante. Deberían avisar fuera de que el contenido no se corresponde al 100% con lo que indica el continente. Si la parte tocante a Blandings me parece genial, el resto, sin dejar de ser entretenida, ya no lo es tanto.
Tío Fred en primavera. Chispeante locura al mejor estilo Wodehouse. El tío Fred es un curioso y excéntrico personaje, mantenido a raya por su severa esposa. Cuando ésta desaparece temporalmente, en uno de sus viajes al sur de Francia, al viejo loco le falta tiempo para dejarse caer por Londres, en casa de su siempre melancólico y pesimista sobrino Pongo. En esta ocasión, las circunstancias les obligan a viajar, por si fuera poco, al mismísimo Castillo de Blandings. El lío está servido.
De acuerdo Jeeves. Tampoco es el que más me ha gustado de la saga Jeeves, pero no deja de ser divertido. En esta ocasión, el señorito Bertie Wooster, creyendo acabadas las prodigiosas facultades de su mayordomo para resolver los problemas ajenos, se propone relevarlo de tan penoso trabajo, asumiendo él la responsabilidad de aconsejar a diestro y siniestro. Y, como diría Kiko Ledgar (o Mayra Gómez Kemp), hasta aquí puedo leer.

En cuanto al de Flashman y la Carga de la Brigada Ligera, he de decir que también me ha parecido bastante flojo. Tal vez esté igualado a puntos con Royal Flash, el segundo libro de la saga. En esta ocasión, el Sr. Harry nos cuenta sus desventuras en la guerra de Crimea, especialmente en la famosa y desastrosa carga de la brigada ligera en Balaclava, momento en el que comienzan sus desgracias. Casi al final se anima un poquito, curiosamente cuando llega al Mar de Aral, muy cerca ya de donde transcurren sus –para mí- mejores aventuras: Afganistán y La India.  

Y me queda hablarles de dos más de Wodehouse, y de otros tantos de Eduardo Mendoza, pero de esos, por no extenderme más, les hablaré en otro momento.

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