viernes, 28 de mayo de 2010

I Foto-maratón El Campello

Hace poco participé en la 1ª maratón fotográfica organizada por la Oficina de Turismo de El Campello, cercana localidad costera que se encuentra a media hora de camino en coche, entre Alicante y Villajoyosa. No pensaba hablarles de los fallos (en mi opinión hubo varios), porque es la primera edición y son por ello perdonables y subsanables en las siguientes, pero habiendo tradición en la provincia de este tipo de eventos, y teniendo fotógrafos veteranos en la organización, no me explico cómo no han pulido esos detalles. En primer lugar, la hora de comienzo. A las diez de la mañana, en pleno mes de mayo, el sol lleva más de tres horas de camino en el cielo, con lo que se pierden ahí unas horas de luz ideal. En segundo, la distancia entre las 5 zonas de paso obligatorio. Para poder “trabajarlas” tranquilamente, hay que ir tirando de coche, pues de lo contrario no hay tiempo para todo. Otro fallo es que no se “marquen” las tarjetas de los participantes de ninguna forma. Supongo que luego comprobarán que las imágenes no hayan sido manipuladas, pues de otra forma, los más legales estaríamos en clara desventaja. En cuanto a la comida, nos ofrecieron unos folletos con menús especiales elaborados por restaurantes locales para la ocasión, a unos precios razonables, la verdad, pero en este aspecto me gustó mucho más el sistema que emplean en Crevillent, donde habilitan una “zona de convivencia” y descanso, donde se prepara una comida fría, a base de cocas, ensalada murciana, fiambre, etc. y donde no faltan cerveza, agua o refrescos (y para desayunar, chocolate con churros). La simbólica cuota de inscripción -10 euros- incluye todo esto y un DVD conmemorativo con las fotos participantes, que te envían después a casa. Y como ya llevo soltado un buen rollo, sin haber enseñado aún ninguna foto, voy a subsanarlo inmediatamente.
En el mapa que nos dieron, las zonas a visitar se veían bastante asequibles, pero la realidad fue bien distinta. Cuando creíamos haber acabado las tres primeras, nos encaminamos hacia el centro del pueblo, para hacer la cuarta. En ese momento, el grupo de ilicitanos se dividió en dos: los que pensábamos volver a mediodía, y los que no tenían nada decidido. El casco antiguo, aparte de estar más lejos de lo que pensábamos, nos entretuvo más de lo previsto y, cuando acabamos y miramos nuestros relojes, eran casi las 12:30. Además, nos dimos cuenta entonces de que estábamos equivocados al respecto de una de las áreas a fotografiar, y que no nos quedaba una, sino dos aún para poder fichar. Si queríamos acabar a mediodía, como teníamos pensado, ya nos tocaba correr, así que decidimos coger los coches. Cuando llegamos a las cercanías del Pueblo Acantilado, tres de nosotros pensamos que iba a ser todo muy precipitado, así que decidimos seguir por la tarde, con lo que nos volvimos a dividir. Acabamos en una hora con la zona de calas, después de perdernos varias veces por ellas, y volvimos a El Campello para comer. 

Continuará...

miércoles, 26 de mayo de 2010

Alicante desde lo alto


Hace algunos días, el último sábado del mes pasado, hicimos –el grupo Elche/Elx en Flickr- una excursión fotográfica a Alicante, con la idea de visitar el Castillo de Sta. Bárbara y bajar hacia el puerto pasando por los barrios de la Santa Cruz y el de San Roque. Como nos entretuvimos más de la cuenta en la primera parte, la última la tuvimos que suprimir.

Desde la última vez que estuve en el Castillo, han transcurrido no menos de 30 años y, de lo poco que recuerdo de aquella visita, diría que no han cambiado mucho las cosas en ese tiempo, salvo la panorámica, claro, pues los edificios han crecido como setas donde había casitas de planta baja, solares o, simplemente, suelo rústico. Por otra parte, las gaviotas se han adueñado de las murallas, teniendo en ellas un excelente posadero desde donde otear el horizonte (y las ocasiones de comer) e incluso formar sus nidos. Ésta que ven aquí debajo, estaba empollando cuando la descubrimos. Nos dimos cuenta porque, cuando uno de nosotros se acercó más de la cuenta, las aves se pusieron a volar muy nerviosas alrededor suyo, haciendo pasadas cada vez más cercanas a su cabeza. Haciendo fotos justo al lado de donde se había encontrado la individua, nos dimos cuenta de que había un huevecito entre las piedras, con lo que quedó explicado tan extraño comportamiento. Nos alejamos un poco y seguimos haciendo fotos, pero no nos quitaron el ojo de encima hasta que no abandonamos totalmente la zona.

De allí pasamos a los barrios antes citados, donde pude hacer alguna foto más, mientras que la visita al puerto la cambiamos por unas cañas para reponer líquidos (hacer fotos da mucha sed) y algo para picar. Ésta es la imagen que tomé para inmortalizar el momento.

sábado, 22 de mayo de 2010

El dichoso Feisbuk

Pues sí, también he caído -de momento- en las garras del facebook. Hace justo una semana estuve, junto con otros compañeros del grupo de Elche, en la I Foto-maratón de El Campello, y como iban a colgar una foto por participante para ser votadas por el público, la curiosidad pudo al “coneixement”. Por cierto, si les apetece votar la mía, no tienen más que pulsar aquí (antes del lunes 24, gracias). Pronto les haré un resumen fotográfico de cómo fue la cosa por allí, y les contaré una bonita historia de fantasmas y todo.

Pero volviendo a lo del feisbuk, cuando me di de alta el pasado lunes, al instante se me agregaron –o lo intentaron- no menos de 400 “caparras” (sin contar a mis hijos, hermanas, sobrinas, cuñados, primos y demás familia), se me han sugerido otros 400, además de la posibilidad de buscar otros tantos de mil maneras distintas. Vamos, que te lo ponen fácil. Y todo por lo que, en mi opinión, no es más que la versión internetera para pobres (porque puede salir cualquiera) del "Corazón-corazón", el "Qué me dices" y otros programas de esa calaña.

Pero, ¿tiene algo bueno?, me dirán. Pues sí, no todo iba a ser malo. Sirve para tener noticias de los que están lejos... pero de aquella manera. Creo que hay otras herramientas mejores para eso, pero tal vez requieran algo más de esfuerzo. También hay lugares interesantes, información que se actualiza constantemente... ¿les suena? Nada que no se pueda encontrar fuera de él.

Si cambio de opinión, ya les contaré, pues apenas llevamos 5 días tratándonos, pero mucho tienen que cambiar las cosas, muuucho...

miércoles, 19 de mayo de 2010

Calendario 2010 - Mayo

¿Recuerdan la foto de marzo, en la que no recordaba quién era el protagonista? Pues en la de Mayo también aparece, en primer plano, aunque de refilón y desenfocado (a propósito), Le Badaud (que se puede traducir como el mirón, el espectador, el curioso...), que se encuentra frente a la puerta principal del mercado de Sarlat-La Caneda. 

Del bonito pueblo francés no les volveré a hablar, pues ya lo he hecho con profusión en distintas entradas de este bloc, pero sí les pondré, como regalo, otra foto donde podrán ver el mercado que contempla el personaje.

Es una panorámica vertical compuesta de dos imágenes, pues en una no me cabía todo. Espero que les guste.

jueves, 13 de mayo de 2010

Las cosas de la EGB

Estamos en Mayo, mes de las flores. De niño, recuerdo que en las aulas se montaban improvisados altares en honor de la Virgen, y a los alumnos se nos requería el llevar ramos a modo de ofrenda. No tengo claro en la memoria si era en un día concreto, pero apostaría que se iban llevando espaciadamente, de modo que la imagen, estampa o lo que fuese, tuviese siempre flores frescas a lo largo del mes. Creo que era en la clase de Don Honorato, donde, además, cada vez que alguien traía un ramo, teníamos que cantar esta –afortunadamente breve- canción:

“Venid y vamos todos, con flores a porfía,
con flores a María, que madre nuestra es”

Esto, que a muchos les sonará a chino, era un ritual que se seguía, a finales de los 60 y principios de los 70, en todos los colegios, fuesen religiosos o no. Evidentemente, había profesores que relajaban en cierto modo algunas normas, según lo comprometidos que estuviesen con el “Movimiento”, pero llegué a tener uno (Don Francisco, de Valladolid) que hacía una pausa a las 12 en punto para el “Ángelus” (RNE también la hacía y creo que en la COPE aún se hace), y nos enseñó a cantar lindas canciones, como el Cara al sol, o el Montañas nevadas. También nos obligaba a ir, el miércoles de ceniza, a la cercana iglesia de San José a que nos cruzaran la frente con ella, además de rezar Padrenuestros, Credos y Avemarías al comenzar y acabar las clases. No era mal profesor, ni el que más collejas repartía, lo único es que tenía estas manías, el hombre. Afortunadamente, aún nos quedaba tiempo para aprender otras cosas más útiles y, como no hay mal que cien años dure, con el cambio de curso, vino el cambio de profesor, en este caso a mejor, pues Don Juan estaba más interesado en la docencia que en la propaganda, tenía su propio método de premio/castigo y nunca recurrió, que yo recuerde, a la violencia física con ninguno de nosotros.

Después del paso por su clase, vendría la revolución a nuestras vidas escolares (y al colegio), pues en 6º fuimos los primeros en tener ¡¡¡clases mixtas!!! Todo en el colegio estaba pensado para la separación de sexos: entrábamos y salíamos por puertas distintas, había un ala para chicas y otra para chicos, e incluso los recreos estaban separados. Si quería hablar con mi hermana, tenía que ir hasta “la frontera”, la verja que separaba ambos patios, constantemente vigilada por atentas maestras de aguda vista y fácil colleja, y esperar a que pasase por allí ella o alguien de su clase que pudiese darle recado. Con todo esto, pueden imaginarse cómo estábamos cuando nos dijeron que en el siguiente curso íbamos a estar con chicas en la clase. Pero volveré de nuevo al patio, pues lo hemos abandonado demasiado pronto. En él jugábamos, almorzábamos, charlábamos, nos peleábamos, comentábamos las cosas más divertidas de la película o la serie de la noche anterior... todo hasta que sonaba la campana y nos íbamos corriendo hasta nuestra fila. Porque teníamos que formar siempre, al entrar por la mañana, por la tarde, y la vuelta del recreo. No olvidemos que hablo de Las Graduadas, cuyo nombre oficial era “generalísimo franco” (perdón por las faltas de ortografía), así que el formar en el patio era un ritual casi militar: el profesor de cara a nosotros dando las órdenes de “a cubrirse”, “firmesss”, etc., los más altos delante y los renacuajos detrás. Entrábamos sin romper la fila, ordenadamente y sin correr, primero los cursos de los benjamines y por último los “tiarrones” de octavo. La gimnasia era algo por el estilo. De paisano, con la ropa y zapatos de calle, hacíamos algunos ejercicios del tipo de saltar con los brazos en cruz, doblar el espinazo para tocarse los pies con los dedos de las manos y nuevas sesiones de “a cubrirse”, firmes, etc. después de lo cual volvíamos a clase contentos de haber ejercitado nuestros músculos de forma tan eficaz. Por suerte, los críos de aquella época pasábamos casi todo nuestro tiempo de ocio en la calle, con lo que el verdadero ejercicio lo hacíamos mientras jugábamos.

Continuará...

domingo, 9 de mayo de 2010

El diablo, cuando se aburre...

...mata moscas con el rabo.

Las cosas que tiene el desayunar tranquilamente, con la TV y la radio apagadas, solo, sin nadie ni nada que moleste. Esta mañana se ha dado una situación así. La mente se entretiene divagando, recorriendo mil rincones en otras tantas direcciones en un instante. ¿Saben en qué me he entretenido mientras mojaba galletas en la leche? Contar los movimientos exactos de vaivén de éstas dentro del líquido para que estuviesen en su punto, ni demasiado duras, ni tan blandas como para caer al vaso en el momento de hacer su camino hasta la boca. A la tercera ya tenía perfectamente controlado el tema: 22 “meneos” (ida + vuelta = 2), para la galleta entera, y 20 cuando ya había comido la mitad. Esto, que parece una tontería... lo es, pero a mí me va a venir muy bien para no tener que pescar más con la cuchara los trozos caídos al vaso, cosa que me da una rabia...

jueves, 6 de mayo de 2010

Como dice la canción...

...de los Mojinos escocíos: “hay que ver lo contento que estoy con este amoto”, no puedo decir que no esté contento con mi montura, pero, la verdad, aún no la tengo del todo dominada. Mientras vienen rectas y poco tráfico, como sólo tengo que estar pendiente de acelerar e ir cambiando las marchas, no hay ningún problema. Pero claro, el trayecto desde mis casa hasta el trabajo está lleno de rotondas, curvas, pasos de peatones, algún que otro semáforo y tráfico, muuucho tráfico. Esto conlleva mucha más atención a los retrovisores, a los que van delante, a los que se incorporan en las rotondas, a los que giran de repente sin pensárselo dos veces y sin señalizar la maniobra... en fin, que ya sé que llegará un día en que todo esto lo haré sin darme cuenta, como cuando voy con el coche, pero hasta que llegue ese día, lo voy sufriendo, qué quieren que les diga. Tampoco he cogido la soltura suficiente para tomar las curvas -o entrar y salir de las rotondas- de forma elegante, así que ahí voy, tironeando, dando gas y soltando hasta coger el puntillo y la confianza suficientes para que no se me vea como un novato peligroso. Pero bueno, en líneas generales, no voy del todo mal. Ya no se me cala en las salidas, casi nunca me olvido de abrir la llave de la gasolina, salgo del garaje de un tirón, me cuesta mucho menos encontrar el punto muerto, bajo la pata sin mirar... :-) El otro día, yendo al trabajo, a mitad de camino me di cuenta de que se me había olvidado ponerme los guantes y los llevaba encima del depósito, pegados a mi entrepierna. Como estaba inmerso en la vorágine del tráfico mañanero, con infinidad de mamás repartiendo amenazas y collejas hacia sus vástagos del asiento de atrás, no pude parar, así que apreté los cascabeles para que no se me volasen (los guantes) y, cuando llegué a mi destino, descubrí que mi esfuerzo había sido en vano, pues uno de ellos –el derecho, que no es trigo limpio- se había marchado a vivir su vida. Como no estaba dispuesto a renunciar a él así como así , deshice andando parte de mi camino y la suerte quiso que lo encontrase a escasos 100 metros, en el último semáforo en el que había parado. Pobretico mío.

domingo, 2 de mayo de 2010

Lecturas de primavera

Y de todas las cosas que tenía pendientes, voy a empezar por las lecturas.

No hace mucho solté La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza, un relato ambientado en los sucesos que tuvieron lugar en Barcelona a principios del siglo pasado, unos años en que patronos y obreros dirimían sus diferencias a tiros, cuando aún no habían transcurrido 10 desde la famosa semana trágica. Fue la primera novela del autor, basada en hechos reales, aunque con los nombres de los protagonistas debidamente cambiados. Aparte de las referencias de la wikipedia, les recomiendo echen un vistazo a este enlace, donde se hace un análisis más pormenorizado e incluso se deja caer la posibilidad de que la novela de Mendoza esté basada en el relato de otro autor, publicado en 1935. De todos modos, el libro se deja leer con bastante agrado, aflorando el sentido del humor y la socarronería del escritor en algunos pasajes. Recomendable.

Sigo teniendo pendientes los dos tomos de Las mil y una noches, pero, como no hace tanto que los leí, estoy posponiendo su lectura a un momento mejor. Mientras, como ya les adelanté, he hecho alguna reposición con honores de estreno. Buscando por las estanterías, me topé con los libros de Asimov que componen lo que se dio en llamar El Ciclo de Trantor, o también Trilogía de La Fundación, que más tarde, y a petición del público –y especialmente de los editores-, se vio ampliada con dos títulos más. Andan por casa desde hace mucho tiempo y, hacía tanto que los había leído, que seguían sorprendiéndome a cada página, por eso he dicho lo de “con honores de estreno”. Comencé por Fundación, para seguir con Fundación e imperio y Segunda Fundación, los títulos que componían la trilogía original. Según Asimov, 20 años después de su publicación, la trilogía recibió el Premio Hugo a la mejor serie de novelas de ciencia ficción de todos los tiempos y, con ello, el interés renovado del público por la continuación de la saga. Casi obligado por su editor, se vio, 32 años después de haber escrito sobre la Fundación, con el encargo encima de la mesa de sacar a la luz un nuevo relato que doblase el volumen de cualquiera de las anteriores. De ahí salió Los límites de la Fundación, publicado en 1982, libro que yo tenía por la última secuela. Tras leerlo, quedé pensando en la lástima de que el autor nos hubiese dejado sin haber escrito el 5º y definitivo tomo que el final del anterior dejaba entrever. ¡Pero qué burro soy! Hace un par de semanas, buscando otra cosa en Internet, me enteré de que ese último libro existía, con el título de Fundación y Tierra, y fue publicado en 1986. El sábado pasado me hice con él, así que lo tengo encima de la mesa, esperando a que llegue su turno.

De este libro, y de los que estoy leyendo ahora –otra reposición-: las obras completas, recopiladas en tres tomos, que Sir Arthur Conan Doyle escribió sobre Sherlock Holmes, les hablaré, con su permiso, en otra ocasión.