jueves, 6 de mayo de 2010

Como dice la canción...

...de los Mojinos escocíos: “hay que ver lo contento que estoy con este amoto”, no puedo decir que no esté contento con mi montura, pero, la verdad, aún no la tengo del todo dominada. Mientras vienen rectas y poco tráfico, como sólo tengo que estar pendiente de acelerar e ir cambiando las marchas, no hay ningún problema. Pero claro, el trayecto desde mis casa hasta el trabajo está lleno de rotondas, curvas, pasos de peatones, algún que otro semáforo y tráfico, muuucho tráfico. Esto conlleva mucha más atención a los retrovisores, a los que van delante, a los que se incorporan en las rotondas, a los que giran de repente sin pensárselo dos veces y sin señalizar la maniobra... en fin, que ya sé que llegará un día en que todo esto lo haré sin darme cuenta, como cuando voy con el coche, pero hasta que llegue ese día, lo voy sufriendo, qué quieren que les diga. Tampoco he cogido la soltura suficiente para tomar las curvas -o entrar y salir de las rotondas- de forma elegante, así que ahí voy, tironeando, dando gas y soltando hasta coger el puntillo y la confianza suficientes para que no se me vea como un novato peligroso. Pero bueno, en líneas generales, no voy del todo mal. Ya no se me cala en las salidas, casi nunca me olvido de abrir la llave de la gasolina, salgo del garaje de un tirón, me cuesta mucho menos encontrar el punto muerto, bajo la pata sin mirar... :-) El otro día, yendo al trabajo, a mitad de camino me di cuenta de que se me había olvidado ponerme los guantes y los llevaba encima del depósito, pegados a mi entrepierna. Como estaba inmerso en la vorágine del tráfico mañanero, con infinidad de mamás repartiendo amenazas y collejas hacia sus vástagos del asiento de atrás, no pude parar, así que apreté los cascabeles para que no se me volasen (los guantes) y, cuando llegué a mi destino, descubrí que mi esfuerzo había sido en vano, pues uno de ellos –el derecho, que no es trigo limpio- se había marchado a vivir su vida. Como no estaba dispuesto a renunciar a él así como así , deshice andando parte de mi camino y la suerte quiso que lo encontrase a escasos 100 metros, en el último semáforo en el que había parado. Pobretico mío.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estás hecho un máquina. Lo que debes hacer es rodar un poquito los fines de semana, cuando no haya mucho tráfico. Ya sabes carreterillas secundarias como las de las pedanías.
Saludos
C.Fax

Pejiguera dijo...

A ver si podemos quedar un sábado de éstos por la tarde y, de paso, nos llevamos las cámaras fotográficas (pensando en el concurso de Matola sobre el Camp d'Elx).

Y gracias por animarme, Carlos. :-)