lunes, 21 de junio de 2010

Las penúltimas lecturas

Jolín, acabo de darme cuenta de que me ha quedado un título que parece sacado del nombre de alguna secta o religión. :-)

En el último post en que les hablé de libros, les contaba que tenía entre manos a la genial pareja formada por Sherlock Holmes y su inseparable amigo, el Dr. Watson. ¡Qué tiempo más bueno he pasado, releyendo sus aventuras, que nunca defraudan! La edición que tengo, es una de esas de quiosco, concretamente de una que Ediciones Orbis sacó a las calles en 1987 y que consta de tres tomos, de entre 400 y 500 páginas cada uno, de letra menuda pero fácil de leer, encuadernados en tapa dura, con guía de lectura, y que encajan en un estuche de cartón para evitar que se separen y se vayan por ahí a vivir su vida. Desde el primer día, tuve la impresión de que, la elección de los relatos que componen cada uno de ellos, fue hecha con un criterio algo extraño y caprichoso, sin respetar sus fechas de publicación originales. Así, el primer tomo, si bien comienza con sus dos primeras novelas, Estudio en escarlata (1889) y El signo de los cuatro (1890), prosigue con El sabueso de los Baskerville, su novela más larga, publicada 12 años después de la anterior. Entre medias, se habían publicado dos recopilaciones de relatos cortos que vieron la luz en el Strand Magazine, el primero de ellos en 1891. Una de éstas, Memorias de Sherlock Holmes, que se publicó en 1893, es la que cierra el primer tomo de que les hablo.

Abre el segundo con la recopilación inmediatamente anterior a ésta, Las aventuras de Sherlock Holmes, de 1892, seguida de Sherlock Holmes sigue en pie y de El archivo de Sherlock Holmes, de 1927.

En el tercero, resucita el protagonista en La reaparición de Sherlock Holmes (éste lo he visto también titulado como El regreso de...), de 1903, sigue con Su último saludo en el escenario ( o Su última reverencia), de 1917, para acabar con su última novela El Valle del Terror, publicada en 1915.

Como verán, hay un poco de desfase en las fechas, desconozco si por comodidad de los editores, o por capricho de éstos. Lo cierto es que, al margen de este detalle, hay otros que llaman más la atención. En primer lugar, la señora del Doctor Watson -felizmente casado desde la primera novela, con la protagonista de ésta-, desaparece de la escena en la mayoría de los relatos. De hecho, salvo en dos o tres, parece que Watson no contrajo matrimonio jamás. Otra, es el hecho de que el autor odiase al personaje (o a la pareja) que le hizo famoso. Según parece, le mató con sumo placer, pero tuvo que resucitarlo, más que por la presión de la dirección del Strand Magazine y de sus lectores (quienes al parecer llegaron hasta a manifestarse por Londres con crespones negros en sus sombreros), por consejo de su madre, quien, por lo visto, ejercía una poderosa influencia en Sir Arthur.

Pero, dejando de lado estas curiosidades, lo cierto es que resultan una lectura fácil y amena, estando, en mi opinión, entre las más entretenidas que he hecho hasta ahora. Conan Doyle tiene, además, la facilidad de sumergirnos en sus relatos y trasladarnos en el tiempo. Parece que estemos viendo lo que nos está contando. Esta sensación, puede que se vea acentuada, creo yo, por la infinidad de veces que hemos visto a los protagonistas en cine y en televisión, y especialmente, hablando de la pequeña pantalla, en la maravillosa y fiel versión (al menos al principio) que Granada TV, allá por los 80, hizo de sus aventuras, interpretadas por Jeremy Brett y David Burke.
                                                                                                                             
Y como me he enrollado tanto comentándoles esta obra, dejo para otro momento, si les parece, el hablarles de Fundación y Tierra, del Sr. Asimov.

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