domingo, 1 de agosto de 2010

Más libros

Tenía pendiente hablarles de “Fundación y Tierra”, el último título de la saga Fundación, del genial Isaac Asimov. Lo malo de dejarse las cosas tanto tiempo, es que se evaporan algunos detalles, pero bueno, tampoco es cuestión de releerlo. :-)

No es, en mi opinión, el mejor de todos, ni mucho menos, y aunque no deja de ser de lectura fácil y amena, se me antojó aburrido e insulso en algunos pasajes. Lo mejor, aparte del final, son las lecciones de astronomía que D. Isaac va intercalando, con la excusa de los viajes entre sistemas, en el relato. Esto, para alguien profano, puede resultar un rollo, pero para cualquier aficionado como yo, o simplemente para el lector curioso, es un deleite ver con qué facilidad y claridad Asimov aborda y explica estas cuestiones, como quien no quiere la cosa. En fin, que, si bien todos los libros de la saga se pueden leer independientemente, pues son una historia en sí mismos (dentro de otra más compleja y elaborada, eso sí), no recomiendo empezar por éste.  A alguien que no haya leído nada de Asimov, y quiera conocerlo, le recomendaría que comenzara por los relatos sobre robots, para seguir después con toda la obra de La Fundación, pero por orden cronológico. E, incluso, si le gusta algo la Historia, el autor tiene una serie de libritos que, aunque breves y muy esquemáticos, son bastante interesantes en mi opinión para meter la cabeza en el tema. Y si los leen entre medias de los de los robots y los de La Fundación, no crean que les va a venir mal, no...  

Como después de tanta lectura “suave”, necesitaba algo más duro, no se me ocurrió otra cosa que hacerme con el primer tomo que el diario El País sacó a los quioscos hace poco bajo el lema “Grandes obras del pensamiento”. Este primero, como les decía, está dedicado a Platón, aunque el protagonista principal, si han leído sus diálogos, es el señor Sócrates. También aparece en uno de ellos otro viejo conocido: Alcibíades. He de decirles, con franqueza, que esperaba algo más espeso, aunque por momentos la lectura se hace bastante farragosa, pues Sócrates, para convencer a alguien de que su perro era blanco, daba tantas vueltas, que al final el aludido no sabía ni dónde tenía el ombligo, y mucho menos que tenía perro. Pese a todo, interesante, sobre todo si no tienen otra cosa para leer.

Por último, he leído Mauricio o las elecciones primarias, de Eduardo Mendoza. Dramón repleto de, como decían mis abuelas, “fatigas”, que se desarrolla en la Barcelona pre-olímpica. Me ha dejado un sabor de boca algo amargo. Aunque el autor toca muchos palos, no es éste el que más me gusta, más bien al contrario. Tendré que releer a Pomponio Flato para recuperarme.

Lo más curioso del libro, es algo que se viene repitiendo todos los años. Poco antes de irme de vacaciones, en las lecturas que tengo entre manos aparecen referencias a los lugares que voy a visitar. En éste, una de las protagonistas viaja a Ginebra en varias ocasiones. En Ginebra nos alojaremos un par de días y será su aeropuerto nuestro punto de llegada y regreso en Suiza. También en los de Sherlock Holmes, que he leído recientemente, aparece el país alpino y, concretamente, en un lugar muy cercano al que estaremos alojados, Mr. Conan Doyle intentó hacer desaparecer al detective nacido de su pluma. Se trata de la catarata de Reichenbach, entre Meiringen y Rosenlaui, a escasos kilómetros en línea recta de Interlaken, y a donde probablemente nos acerquemos a echar un vistazo. Ya les contaré.

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