miércoles, 3 de noviembre de 2010

Calendario 2010 - Noviembre


Cuando lean esto, espero que se haya evaporado el maleficio que me viene sobrevolando desde finales de septiembre. Dificultados y contratiempos se han ido sucediendo, uno tras otro, desde entonces. El viernes 1 de octubre, después de una semana con algún disgusto que otro, desperté de madrugada con un fuerte dolor en la boca del estómago, que se fue haciendo cada vez más agudo, hasta que se extendió por todo el tórax, incluyendo la espalda. Les mentiría si les dijera que no me asusté. Aunque estaba tranquilo, hubo un momento en que pensé que era algo serio. Poco a poco, el dolor fue decreciendo hasta volver a ser un nudo en el estómago, una molestia aún a tener en cuenta, pero nada que ver con lo que acababa de pasar. Quedé en cama todo el día, a base de sustancia de arroz y cosas así. No les aburriré con más detalles, pero la fiesta acabó, después de una visita al servicio de Urgencias del Hospital, con una semana de dieta rigurosísima (ni aceite de oliva podía tomar) y una mala leche “que-pa-qué”. Nada de almuerzos con bocatas de tortilla, ni de jamón con tomate, ni de calamares, sólo peras y manzanas, que son muy sanas. Y para merendar, lo mismo. Cuando ya creía que me iban a salir antenitas, mi médico de cabecera, una señora que sospecho pertenece a la liga anti-vicio (la llamo "la talibana" por lo extremista que es),  se portó inusualmente bien y me levantó todas las prohibiciones, recomendándome, eso sí, moderación, y un mes de protector estomacal. Al día siguiente, 9 de octubre, madrugué, pues había quedado con unos amigos para hacer fotos del amanecer en el campo, para el concurso del que ya les hablé en el post anterior. Tras un duro trabajo fotográfico, llegó la hora del almuerzo, y con ella un hermoso bocadillo de jamón y una mahou, que llevaba más de una semana sin probar. Me cayó todo estupendamente, y volví muy contento a mi casa, prometiéndomelas muy felices, pero aún no llevaba 10 minutos en ella, cuando el señor de la pizzería de los bajos del edificio, pensó que era el momento de alegrar las vidas de los vecinos con un incendio (del cual ya les hablé también aquí). Han sido más de dos semanas de pelea con los seguros, fontaneros, electricistas, etc. hasta que hemos podido volver a casa, teniendo que estar en ese periodo molestando a mi suegra, sin ordenador, sin Internet y sin alegría. Ah, se me había olvidado contarles sobre la avería del monitor, al que le tengo mucho cariño y que ha estado “de baja” prácticamente un mes. Por suerte, lo he podido recuperar (por el módico precio de 60 eurillos). Y me he dejado cosas en el tintero, algunas a propósito, pero créanme si les digo que me alegré el pasado lunes cuando pasé la hoja del calendario.

Y ya que hablamos de calendario, les dejo con la foto correspondiente al mes de noviembre. En ella verán una bonita plaza de Nantes, cuyo nombre no consigo recordar ahora, pero que supongo que tampoco será cosa que les quite el sueño, ¿verdad? Sigan atentos, que aún tengo muuuchas cosas que contarles.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Te suena la Place Royale?
Besos fraternales.

Pejiguera dijo...

Pues sí que será, sí, pero no me acuerdo. Besos desde el poble, hermana.